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Los paisajes han creado la mitad mejor de mi alma“. Ortega y Gasset, Filósofo y Ensayista.

Pequeño pero con carácter. Gracias a su singularidad y a la perfecta conservación de su Arquitectura Tradicional y entorno, a inicios de 2017 fue admitido en la Asociación de Pueblos más bonitos de España, su entrada en este elitista grupo estaba más que justificada.

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Su origen es tan antiguo como el de Sóller, municipio vecino al que estuvo ligado hasta 1812 en que se constituyó como pueblo independiente. Sus partes más añejas con estrechas callejuelas formaron parte de la alquería musulmana Al-Gibal —Las Montañas— hasta la toma de Mallorca por don Jaime-I El Conquistador, Rey de Aragón. Tras el Repartiment de la Isla entre Jaime-I y sus caballeros, pasó a ser una propiedad de realengo, es decir, del mismo Rey.

Conjunto de bello urbanismo serrano adaptado al agreste terreno en el que se sitúa, sus edificios mantienen el tipo constructivo habitual de la Serra de Tramuntana: fachadas de piedra de ripio y cubiertas de teja cerámica, elementos que se integran de manera armónica en su entorno, todo un ejemplo de las razones por las que la Serra está calificada como Patrimonio de la Humanidad.

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En el centro de la población se halla la Torre de Can Arbona, del siglo XVII, erigida para defenderse de las frecuentes incursiones de piratas venidos de las Costas de Berbería (Argel) en busca de mujeres y niños para esclavizarlos y venderlos como botín, fortificación que hoy día forma parte de la Casa Consistorial.

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La belleza no está exenta de inconvenientes, pues de manera natural atrae a numerosos visitantes que presionan sobre sus estrechas calles y ocupan los limitados espacios de estacionamiento disponibles. Por dicho motivo, siempre que pueda hacerse, es un buen plan acercarse a Fornalutx fuera de temporada y, si además se tiene la fortuna de contar con uno de esos luminosos días que nos regala el invierno isleño, el acierto será doble.

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Al atardecer, el sol descendente ilumina el valle creando bonitos juegos de luz con sombras alargadas y contrastes ideales para fotografiar el paisaje, ocasión que aproveché para hacer el pequeño reportaje que acompaña a este texto y que con gusto comparto.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

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A la mar me voy, mis hechos dirán quién soy”, Refrán popular.

De origen humilde, modales toscos, prácticamente analfabeto, medio sordo y poco agraciado físicamente, Antoni Barceló y Pont de la Terra llegó a ser Teniente General de la Real Armada y en el Museo Naval de Madrid se conmemora su figura en la Sala dedicada al siglo XVIII, junto a la de otros grandes marinos españoles de la Ilustración, como Blas de Lezo, Jorge Juan, el Marqués de la Ensenada, Cosme Churruca, Alcalá Galiano o Alejandro Malaspina. Con este artículo, me gustaría honrar su figura tan asombrosa, como poco conocida.

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Don Antonio Barceló y Pont de la Terra, Teniente General de la Real Armada, óleo anónimo, Museo Naval de Madrid.

Nació en la casa familiar del Carrer del Ví (calle del Vino), del Barrio del Puig de Sant Pere de Palma, casi despuntando el alba del 1 de Enero de 1717, siendo bautizado al día siguiente en la Parroquia de la Santa Creu. Su padre Onofre Barceló era ya un veterano patrón mercante de 40 años, que casó en segundas nupcias con Francisca Pont de la Terra cuando ésta tan sólo contaba con sólo quince años —algo corriente en aquella época—; con ella tuvo cinco hijos varones pues, de su anterior esposa Magdalena Capó no tuvo descendientes. Su familia era menesterosa y de lo único que podían presumir —asunto aún importante en su época—, era de ser cristianos viejos sin antecedentes de herejía, condena del Santo Oficio o sospechosos de fe, si bien, tampoco les faltaban recursos gracias al buen oficio marinero de don Onofre.

La vida en Mallorca en el siglo XVIII no era sencilla, pues su economía agrícola —principal fuente de subsistencia— se hallaba al albur de las mejores o peores cosechas según los caprichos meteorológicos. En la costa, los marineros y pescadores tampoco lo tenían fácil, pues el Mediterráneo se hallaba infestado de piratas berberiscos que depredaban buques y costas, saltando a tierra para robar y arrasar lo que podían, pero sobre todo para secuestrar mujeres jóvenes, bien para su venta en los mercados de Oriente como concubinas para los serrallos turcos, bien para cobrar elevados rescates por ellas, lo que les fuera más rentable. El destino de los hombres era más sombrío salvo que el cautivo fuera un personaje con posibles por el que cobrar una buena redención, pues con suerte, sería degollado y sin ella, pasaría el resto de su vida —nunca más de cinco años— encadenado al banco de una galeota sufriendo indecibles calamidades al remo, hasta fenecer de consunción.

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Galeota argelina navegando en empopada presta a atacar a una presa. Óleo de A. Cortellini, Museo Naval de Madrid.

Desde muy temprana edad Antoni Barceló trabajó como grumete en el jabeque de su padre, que tenía la concesión del Correo Real de Palma a Barcelona y con el que, cuando la ocasión lo requería, ejercía el corso enfrentándose a los merodeadores argelinos que, suministrándose bajo mano en la Menorca inglesa o en Gibraltar, depredaban nuestras costas mediterráneas. En el siglo XVIII el Imperio Español se desmoronaba, aunque aún éramos una potencia formidable e Inglaterra, que luchaba por obtener la supremacía naval, empleaba cualquier medio para conseguirlo, saltándose a su conveniencia todos los acuerdos de paz suscritos entre nuestras naciones.

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Captura del navío británico de tres puentes Stanhope por la fragata de don Blas de Lezo, que en el cuadro ha desarbolado los masteleros de trinquete del enemigo y se prepara para dar una pasada por popa al inglés, con el fin de descargar el fuego de su batería de estribor sobre la parte menos protegida del barco enemigo. Museo Naval, óleo sobre lienzo de Ángel Cortellini.

Debo aclarar en este punto que no es lo mismo un corsario que un pirata, los primeros eran armadores de mercantes artillados que recibían armamento, tropas y bastimentos para ejercer misiones temporales al servicio de la Corona bajo una Patente de Corso emitida por S.M. el Rey. La patente de corso pagaba el armamento, la soldada de la infantería embarcada y una pequeña renta al armador que, a su vez, redondeaba sus ingresos con las presas enemigas que conseguía. En cuanto a los piratas o Hermanos de la Costa, se trataba de simples bandoleros oportunistas que buscaban apoderarse de cualquier embarcación, de su contenido o de sus tripulantes, siempre que de ellos pudieran obtener un rendimiento económico por el pago de sus rescates.

Con sólo 18 años Barceló ya era el Patrón del jabeque correo de Barcelona heredado de su padre. El Gobierno local le encargó ejercer de correo con la Península cada quince días, así como ser el navío que realizara el relevo de las guarniciones militares de las Baleares, manteniéndose disponible para lo que se le ordenara, fijándosele a cambio una contraprestación de 100 pesos de plata pagaderos por la Real Tesorería de Mallorca. Pronto comenzó a distinguirse de manera sobresaliente por sus capacidades navales. El 15 de Julio de 1753 llegó a Palma en una lancha de remos la tripulación y el patrón de un jabeque mercante desarmado que transportaba una carga de hierro y que había sido atacado por dos bajeles argelinos a tres leguas de Palma. Las autoridades dieron la orden de salida inmediata de los patrones Barceló y Capó con sus respectivos jabeques, cada uno con 83 marineros y 33 granaderos con sus Oficiales del Regimiento de Palma, concediendo el mando de ambos barcos al joven, pero ya experto Patrón Barceló. Avistados los piratas, se les dio caza y se entabló el combate hasta llegar al abordaje, con el resultado de la captura del arráez o capitán argelino, de los tripulantes berberiscos que sobrevivieron a la lucha y de sus embarcaciones.

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El jabeque del Capitán Barceló ataca a dos jabeques berberiscos, óleo de A. Cortellini (vista parcial) Museo Naval de Madrid.

La brillante acción supuso la promoción de Barceló a Teniente de Navío Graduado, es decir, con los honores del Empleo Militar, pero sin sueldo de la Armada. La recompensa que obtuvo de las presas argelinas permitió a Barceló vender su jabeque por 4.400 pesos y comprar otro mayor, con una tripulación de ochenta marineros y veinticinco granaderos embarcados con su Oficial. Siguió desempeñando su labor de correo, combinada con otras muchas operaciones que se le encomendaban y pronto su valentía multiplicó sus victorias.

En Junio de 1736, Barceló arribó a Palma transportando la usual carga de mercancías y 128 pasajeros, llevando a remolque una galeota argelina. Resultó que a la altura de la desembocadura del Llobregat fue atacado por dos naves enemigas a las que hizo frente, logrando con su defensa hacer huir a una de las embarcaciones, para después enfrentarse a la otra con su artillería, fusilería y frascos de fuego. El combate fue largo y encarnizado, pues las galeotas eran propiedad nada menos que del Dey de Argel; al final fueron muertos 57 piratas, de los que 24 eran turcos (conocidos por su ferocidad); se hicieron 18 prisioneros, de los que sólo cinco quedaron ilesos, que pasarían a cumplir pena de trabajos forzados en las Maestranzas Navales. Por la parte española sólo hubo seis heridos, uno de ellos don Juan Nicolau, Segundo de Barceló, Oficial que encabezó el piquete de abordaje. En este combate destacó una mujer heroica, pasajera en el jabeque de Barceló que, en lugar de refugiarse bajo la cubierta, se expuso valientemente llevando a los combatientes pólvora, munición y frascos de fuego, arriesgando su vida bajo las descargas enemigas. De ella no se conoce su nombre, tan sólo se sabe que era hija de un boticario llamado Oliver y que estaba casada con un tal Juan de la Sal. También es hecho reseñable que tras el combate, Barceló decidiera regresar a Barcelona en lugar de proseguir hacia Palma, para que se atendiera a los heridos, lo que habla de su gran humanidad.

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Combate entre un galeón español y dos galeras turcas, óleo de Juan de la Corte, Museo Naval de Madrid.

Aquella nueva victoria le valió el empleo de Teniente de Navío en propiedad, ingresando de esta forma en el Cuerpo de Oficiales de la Real Armada, con derecho a sueldo y al uso del uniforme militar, gran honor para un hombre iletrado y de baja cuna, en un tiempo en el que para ser Oficial Naval, aparte de arrojo y sólida formación científica, se requería ser de familia noble.

En 1737 Barceló se casó con Francesca Bonaventura Jaume, de quien tuvo seis descendientes de los que Antoni el primogénito, seguiría los pasos de su padre llegando a Brigadier; Joan y Onofre, fueron canónigos; Francisca y Antonia, profesaron como monjas en el Convento de las Madres Agustinas del Amparo de Palma; y la menor fue Catalina, de la que no he conseguido información sobre su vida.

No todas las órdenes que recibía Barceló eran de su agrado, pues aún a su seguro pesar, por requerimiento de las autoridades Palmesanas hubo de ser parte en el trágico caso de los Romeo y Julieta Mallorquines, tan magníficamente relatado en el capítulo titulado Els Olors, un amor imposible del programa de IB3 TV Un lloc amb Història, cuyos protagonistas fueron doña Isabel Fonts dels Olors i Penyafort, hija de los propietarios de la possessió de igual nombre y don Manuel Bustillos, Capitán del Regimiento de Dragones de Orán y hombre casado. La pareja se enamoró perdidamente y fueron piedra de escándalo en la Mallorca dieciochesca. Los padres de doña Isabel hicieron lo que en aquellos tiempos se estilaba: forzar el ingreso de su hija en un Convento de Clausura y el intrépido Capitán, tomó un imprudente camino propio de novelas de capa y espada: con la ayuda de personas afectas, organizó la fuga de su amada del Convento de la Misericordia de Palma, de noche, vestida de hombre y descolgándose por una cuerda, para después huir al puerto y embarcarse al amanecer en el ganguil francés Sainte Marie de la Garde, que previamente había apalabrado.

Descubierta la fuga y ante tan inmoral comportamiento, la reacción de las autoridades fue presta y ordenaron a Barceló la captura de los fugitivos, logrando detenerlos a treinta millas al SE de Cartagena, apenas rozando el éxito en su aventura. Trájolos de vuelta a Palma para que enfrentaran su trágico destino: el Capitán Bustillos fue sometido a Consejo de Guerra sumarísimo y condenado a muerte por decapitación; la suerte de la infortunada Isabel no fue mejor, pues quedó confinada de por vida en la clausura de su convento en régimen de aislamiento absoluto en su celda, pudiendo ser sólo visitada por sus padres, sin que se le permitiera hablar o tratar con nadie más. Por si fuera poca la pena impuesta, también fue sometida al terrible castigo de pasar dos días a la semana a pan, agua y disciplinas (latigazos); aún así, doña Isabel sobrevivió cuarenta años a su amado Capitán, hasta que un 4 de Mayo, día en el que se cumplía el aniversario de la muerte de su amado, presa de melancolía y de desesperación se suicidó ahorcándose en su celda. Terrible final para tan romántica historia de amor.

Barceló, que como todo buen marino era un hombre religioso, también debió de cumplir con otras órdenes especialmente penosas para su espíritu, como fue la de transportar hasta Bonifacio (Córcega) a los Jesuitas expulsados de España por órdenes de S.M. el Rey Carlos-III, debido a su implicación en el Motín de Esquilache.

En 1748 se desató una terrible hambruna en Palma y en el resto de Mallorca, varios años de sequías y malas cosechas habían causado que la población no tuviera con qué alimentarse, motivo por el que las Autoridades racionaron el poco trigo disponible, lo que provocó una gran mortandad entre las personas débiles o enfermas y, a la vez, robos violentos y motines del pueblo hambriento. Ante la desesperada situación, don Juan de Castro, a la sazón Capitán General de Baleares, ordenó a Barceló su rauda partida a Barcelona con el fin de cargar todos los bastimentos de boca que pudiera conseguir. Barceló cumplió su misión en un tiempo récord, regresando con su jabeque cargado a su máxima capacidad, de tal modo que ni siquiera embarcó agua para el regreso, con el fin de que sus hombres efectuaran la travesía con la mayor celeridad y así poder transportar el máximo de alimentos. Puede imaginarse el contento de los habitantes de Palma y del resto de la isla, cuando gracias a este viaje de Barceló se alivió la hambruna y se levantó el racionamiento, lo que le convirtió en todo un ídolo de los mallorquines, que en parte ya lo era.

Su actividad naval continuó incansable, lo mismo que sus victorias y ascensos en el escalafón de la Armada Real, hasta el punto de ser llamado a la Corte de Madrid, para recibir a título personal la felicitación de S.M. el Rey Carlos-III y una condecoración. Al mando ya de una flotilla de jabeques, participó en numerosas operaciones: el bloqueo de Gibraltar, los ataques y toma de Orán (Argelia), sus acciones de castigo contra las flotas berberiscas . . . algo que hacía con entusiasmo cuando otros en sus circunstancias y edad, se hubieran ya retirado para disfrutar de la fortuna alcanzada con sus presas.

Pero Barceló era un extraordinario personaje, su capacidad táctica era sobresaliente y logró convencer al Rey de que el jabeque era una embarcación ideal para las operaciones navales en el Mediterráneo, por lo que ordenó la construcción de cien unidades, de las que cincuenta de ellas logró Barceló que se adjudicaran a los astilleros de Palma, participando en su diseño. Cuando por la escasez del Tesoro los fondos se agotaron y se detuvo la construcción de jabeques, Barceló aportó 2.000 pesos de oro de su propio bolsillo para que los carpinteros de ribera mantuvieran su trabajo y así terminarlos.

A pesar de la gran valía del ya Capitán de Navío Barceló, debido a sus rudas formas de marinero y a su escasa instrucción científica, sufría el trato displicente de sus pares de origen noble, dónde además seguro que habría cierta dosis de envidia por sus logros en combate y por los honores reales que recibía pese a su origen plebeyo. Por contra, sus tripulaciones y conciudadanos lo adoraban.

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Sextante español del siglo XVIII.

Su gran ingenio y capacidad táctica le llevó a idear una nueva y poderosa arma naval con la que suplió la inferioridad artillera de la Real Armada: la lancha cañonera de remos y vela que, cuando la propuso, fue tachada de inviable por sus compañeros de armas. Las lanchas artillaban una pieza de a 24 libras y todos creyeron —menos Barceló—, que el elevado peso y el retroceso del potente cañón provocaría su hundimiento. No arredrándose ante ello, otra vez pagó de su bolsa las dos primeras lanchas como prueba. Téngase en cuenta que en el siglo XVIII, los pesados cañones de a 24 libras sólo se montaban en grandes navíos de línea de tres o más puentes. La primera vez que los oficiales de la Royal Navy vieron esas lanchas también tuvieron un ataque de risa, risa que se transformó en mueca de espanto —según reconoció el propio Capitán de Navío Sayer—, cuando comprobaron en carne propia su terrible efectividad. Las lanchas eran pequeñas, maniobreras y muy veloces, atacaban de noche buscando las popas de las fragatas inglesas (menos protegidas que los costados), de tal forma que al recibir un cañonazo, la bala barría sus cubiertas de popa a proa, causando grandes destrozos. Tras el disparo de su única pieza, las cañoneras cambiaban de posición para recargar, lo que les permitía eludir el fuego de contrabatería del inglés, que disparaba a ciegas hacia donde había visto los destellos de los cañonazos, incapaces de acertar, de noche y entre el oleaje, a un blanco tan móvil y diminuto.

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Lancha cañonera de Barceló, en la que no se representa su verga, ni su vela. Museo Naval de Madrid.

Siguió Barceló patrullando nuestros mares en continua lucha, ora contra el inglés, ora contra los temibles berberiscos, alcanzando en 1762 otro sonado éxito, logrado a costa  de recibir una herida que pudo causarle la muerte. En dura batalla contra tres jabeques argelinos, a los que derrotó e hizo 160 prisioneros, entre otros a su tristemente célebre Capitán Selim; Barceló, siempre dirigiendo el combate desde los puestos de mayor riesgo y fatiga, tal como establecen las Ordenanzas, recibió un disparo de mosquete desde una cofa, que le atravesó la cara por dos lugares deformándosela y cuya bala se alojó en su espalda; por escasos centímetros el proyectil no interesó órgano vital alguno, pero Barceló quedó muy malherido y aún así, no permitió que se le retirara del combate hasta que terminara.

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El Capitán Barceló dirige la acción blandiendo el sable y tocado con su bicornio naval desde su Puesto de Mando en el alcázar de su jabeque. Óleo de A. Cortellini (fragmento), Museo Naval de Madrid.

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Piratas berberiscos hacen fuego desde la toldilla de su jabeque. Museo Naval de Madrid, pintura al óleo de A. Cortellini (fragmento).

Recuperado de su grave herida, prosiguió incansable su actividad, recibiendo en Enero de 1775 el ascenso a Brigadier (Contralmirante hoy en día), aunque su subida al rango de los Oficiales Generales de la Armada comenzó a acarrearle problemas de índole político. Aún así, recibió el mando de varias escuadras, participando en el socorro a la ciudad de Melilla y en las infructuosas intentonas de asalto a Argel, donde se le entregó el mando de las operaciones navales, pero no de las terrestres, para las que fue designado el mediocre General O´Reilly, intervención que se saldó con un gran fracaso y numerosas bajas propias en el primer ataque; en el segundo, retirado ya O´Reilly del mando y tras ardua lucha, gracias a Barceló, se logró forzar un acuerdo de paz con Argel y Túnez, que fue de corta vida.

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Todas la guerras son terribles y en este fragmento del óleo de Antonio de Brugada que representa el combate del Cabo de San Vicente entre las escuadras española e inglesa, se aprecia en toda su crudeza la lucha entre los tripulantes de dos lanchas de recogida de naúfragos, que se acometen y acuchillan con pistolas, chuzos, hachas de abordaje, remos y todo objeto contundente que hallan a mano. Museo Naval de Madrid.

Por sus acciones tras los bloqueos a Gibraltar, S.M. el Rey Carlos-III le concedió la efectividad, sueldo y honores del Grado de Teniente General de la Real Armada (Almirante) que ya ostentaba y, además, lo condecoró con la Orden de Carlos-III, la distinción militar más elevada de la época, a muy pocos otorgada. Para aquel entonces, Barceló contaba ya con 73 años de edad. De aquellos tiempos son unas típicas coplillas gaditanas que hablan de su popularidad y que rezaban así:

Si el Rey de España tuviera / cuatro como Barceló / Gibraltar sería español / que de los ingleses no.

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Lanchas cañoneras de la Armada participan en el bloqueo y bombardeo de Gibraltar. Museo Naval de Madrid.

A pesar de su avanzada edad, Barceló recibió el mando de una escuadra con instrucciones de lograr el levantamiento del cerco de Ceuta por parte de los Marroquíes, también se le ordenó el bombardeo de Tánger como represalia. A su llegada, las operaciones militares habían concluido y se anunció la llegada a Madrid de unos enviados del Sultán con el deseo de negociar la paz. Receloso Barceló de las intenciones de los musulmanes, a los que tan bien conocía, decidió quedarse en Ceuta revisando y reforzando sus defensas por si el acuerdo de paz no se formalizaba, cumpliéndose al poco su premonición.

La guerra volvió a declararse y a causa de las intrigas políticas, no recibió Barceló el mando de la Escuadra y éste, molesto por la injusta discriminación que una vez más se le hacía, se quejó ante el Rey, que ordenó que se le retornara el mando. Aquel invierno fue muy duro, con continuos temporales de Levante que obligaron a la escuadra a mantenerse en sus puertos y aparte de ello, el Sultán de Marruecos murió en lucha fraticida contra su hermano. La falta de operaciones motivó la disolución de la escuadra, pero como el problema con Marruecos seguía sin ser resuelto, al poco volvería la guerra y otra vez más, las intrigas en el seno de la Real Armada apartarían a Barceló de su más que ganado derecho a mandar la Escuadra del Estrecho. Esta vez Barceló, profundamente dolorido por esta última injusticia, decidió retirarse a su querida Palma donde, tras una vida plena en el servicio a España, rindió su alma al Señor el 30 de Enero de 1797, a la edad de 80 años.

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Combate del navío Glorioso contra el navío inglés Dartmouth, óleo de A. Cortellini, Museo Naval de Madrid.

En cumplimiento de su última voluntad y acompañado por el duelo de sus conciudadanos, Antonio Barceló fue enterrado en la Capilla de San Antonio de la Iglesia de la Santa Creu, la del antiguo barrio marinero de Palma, donde aún descansa. En su lápida se lee:

Teniente General y heroico marino. Hijo el más ilustre de Mallorca en su siglo. Luchó tenaz y victoriosamente contra los piratas africanos y demás enemigos de España. Respetado por todos, dominó con su pericia y hazañas nuestro mar. Piadoso feligrés y espléndido protector de esta parroquia, costeó el retablo del Altar Mayor y el de esta capilla donde yace sepultado.

No fue hasta el año 1971 en que el pueblo de Palma decidió ¡al fin! conmemorar al valiente Barceló con una media estatua de bronce sobre una peana de piedra, con la inscripción: Al Patrón don Antonio Barceló, Teniente General de la Real Armada, 1717-1797. El monumento se encuentra hoy en el Paseo Marítimo, frente a la entrada al Club de Mar, aunque inicialmente estuvo ubicado en el Muelle de Poniente.

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Monumento a Antonio Barceló, frente a la entrada del Club de Mar de Palma. Fuente: Wikimedia Commons.

Cuántos en nuestra Historia han sido como Barceló, que tras haberlo dado todo por su patria, se han visto relegados al olvido. Por ello, os pido que cuando paséis por el Club de Mar, miréis con agradecimiento a la efigie de este ilustre hijo de Palma, pensando que Mallorca existe como es hoy gracias a hombres generosos y nobles de corazón como nuestro Capitá Toni. El próximo 1 de Enero de 2017 se cumplirá el tricentenario de su nacimiento y, estoy tristemente convencido de que, con la salvedad de nuestra Armada, pocos homenajes recibirá y una vez más, los politiqueos y nuestra ingrata memoria, harán que el aniversario pase casi desapercibido.

Actualización de Septiembre de 2017: El 18 de este mes se inauguró una exposición en la Iglesia de la Santa Creu de Palma como homenaje a la figura del Capitá Toni, miembro de la Parroquia desde su bautismo hasta su muerte, pues está enterrado bajo el altar de la Capilla del Sagrado Corazón y San Antoni Abad de dicha Iglesia. La exposición recoge algunos efectos personales donados por los descendientes de don Antonio Barceló y glosa en paneles parte de su vida como parroquiano y benefactor de la Iglesia del barrio en el que nació. Esta exposición estará abierta hasta el 30 de Septiembre. En el mes de Octubre de 2017, el Museo de Mallorca abrirá otra exposición temporal dedicada a tan insigne mallorquín.

Galería de imágenes (pulsad sobre cualquier foto para ver la serie):

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Si alguno deseara profundizar en el personaje, le recomiendo leer el libro Antonio Barceló, mucho más que un gran corsario, del Historiador Naval don Agustín Rodríguez González, Editorial Edaf, ISBN: 978-84-414-3701-2, ganador del XIV Premio Algaba (2016).

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Créditos: Fotografías tomadas por el autor en el Museo Naval de Madrid, salvo especificación en contrario; artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

Un amigo me preguntaba por qué no construíamos ahora catedrales como las góticas y le dije: “Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”. Heinrich Heine, poeta alemán.

Desde que la Seo anunció la posibilidad de visitar las cubiertas del monumento, tuve el deseo de subir a ellas. Pensaba que desde allá arriba habría buenas vistas del skyline de Palma y, además, el poder estar cerca de los arbotantes, las vidrieras, los pináculos, las gárgolas y del resto de elementos constructivos que decoran la parte superior de la catedral, no es algo que pueda hacerse todos los días.

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La Seo preside majestuosa las noches palmesanas

Como una de mis intenciones era la de tomar fotos desde un lugar infrecuente, tanto de Palma, como de la propia Seo, dejé pasar el tiempo y con él, las masas de visitantes del periodo estival.

En los amaneceres de Otoño el sol permanece más tiempo a poca altura sobre el horizonte y su luz rasante origina largas sombras y tonos cálidos, que son ideales para fotografiar paisajes. En los últimos días de Octubre, amanece sobre las 08:15 h y la primera entrada a las cubiertas es a las 09:00 h, momento perfecto pues para hacer la visita con la luz buscada. Las entradas hay que sacarlas por internet en la página web que la Seo tiene habilitada a tal fin y cuestan 12,00 € para el público en general; las gratuitas para residentes volaron en la primera semana de Julio, al poco de abrirse la inscripción. Cuando me apunté para una de las últimas visitas de la temporada, fui el único peticionario.

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Entre los arbotantes se producen llamativos claroscuros de fuertes contrastes

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El azul del cielo resalta los trabajos de lacería que decoran las aristas de este pináculo y del arbotante contiguo

El día designado, típico otoñal, con un luminoso cielo azul, viento en calma y apenas nubes, me presenté a las 08:45 h y allí me esperaba Sebastián, Historiador del Arte y guía para la visita. Por sorprendente que resulte, nadie más compareció a esa hora y me sentí un privilegiado, pues el recorrido se convirtió en un acto privado. 

Las imágenes que os muestro, son el resultado de aquella gratificante experiencia en la sola compañía de Sebastián, mientras éste desgranaba su interesante narración sobre los muchos avatares que, a lo largo de siete siglos, acontecieron en la sin par Seo de Palma.

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Cada vidriera posee un panel que cuenta a qué esta dedicada, así como su representación como si se viera desde el interior de la nave catedralicia

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Para soportar el movimiento de la campana mayor de la catedral, de 4,2 toneladas de peso, en el interior del campanario se colocó una potente estructura de madera de pino, más flexible que la rígida de mampostería

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La torre del campanario sirvió de refugio a los palmesanos durante conflictos como la Guerra de las Germanías o los ataques piratas. A veces, el aburrimiento de las largas estancias hacía que algún artista callejero de la época dibujara sus graffitis, como éste que representa una coca aragonesa, embarcación muy común en nuestro Mar Mediterráneo durante el siglo XV

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Gárgolas representando animales fantásticos decoran las esquinas de este pináculo en el que también se cegaron algunas de sus ventanas para incrementar la resistencia de su frágil estructura

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Los contrafuertes de la fachada Sur se decoraron con sencillos pináculos coronados por una esfera que algunos denominan “mundo”

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Los arbotantes servían para transmitir los empujes del claristorio —parte elevada de la nave central donde se coloca el segundo orden de vidrieras— a los contrafuertes, lo que permitió que las catedrales góticas ganaran altura e iluminación interior con respecto a sus precedentes románicas

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De todas las vidrieras, la más importante es la del rosetón Este que, con sus 12 m de diámetro y 113 m2 de superficie, es el de mayor tamaño del gótico europeo

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El “skyline” de Palma visto desde las cubiertas de la Seo es bellísimo. En la imagen se aprecia parte del centro histórico, del que sobresalen los campanarios de las iglesias de Sta. Eulalia, San Francisco y Monte Sion

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Hacia el Este se ve la Iglesia del Convento de Sta. Clara, el edificio Gesa y la playa de Can Pere Antoni

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Parc de la Mar y bocana del Puerto de Palma en un día de atmósfera limpia y luminosidad extraordinaria

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Hacia el Oeste de alza la poderosa estructura del Palacio de la Almudaina con su Torre del Ángel, dedicada al Arcángel Gabriel, antiguo Patrón de Palma. Al fondo se ve el Puerto y sobre su mogote, dominando la escena por el Sur, el Castillo de Bellver

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Jardines de la Almudaina, Torre del Caps y edifico de la Fundación Bartolomé March junto a la Plaza de la Reina

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Tímpano triangular con un óculo inscrito decorado con bajorrelieves y trabajos de tracería, coronado por una imagen de la Inmaculada Concepción como remate de la portada que da a La Almudaina

Por último, os dejo en forma de galería la colección completa de las fotografías que tomé durante mi visita. Pulsad sobre cualquiera para ver las fotos a mayor tamaño:

Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

 

La educación es el movimiento de la oscuridad a la luz”. Allan Bloom, Filósofo.

Hace unos días me acerqué —una vez más— a la Seo, edificio potente donde los haya, tanto en su arquitectura, como en en su riqueza artística. Al igual que en otras ocasiones, cámara en mano pensaba tomar imágenes de los singulares juegos de luces, colores y sombras que se proyectan en el interior de la nave catedralicia, cuando el sol atraviesa sus amplios vitrales. Quería también fotografiar las reacciones de los visitantes ante su grandeza, pues cualquiera que siga este blog se habrá dado cuenta de que hacer fotos costumbristas me atrae sobremanera.

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Me acercaba distraído a la Capilla del Santísimo, la que fue reformada en 2006 por Miquel Barceló, cuando comencé a escuchar el canto de unos niños en las proximidades del Altar Mayor. Eran alemanes, de un colegio que visitaba la Catedral y que, de manera espontánea, formaron un semicírculo frente al profesor cara a la nave principal y, dirigidos por su maestro, entonaron la maravillosa cantata 147 de Johan Sebastian Bach.

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El coro de niños cantaba como los propios ángeles y siendo consciente de lo excepcional del momento, tomé la fotografía que veis arriba, apagué la cámara, me senté en un banco próximo, cerré los ojos y, transportado por la música de Bach, durante unos minutos vi la luz.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

 

 

El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio”. Rabindranath Tagore, filósofo indio.

Mucho se habla en los mentideros del exceso de visitantes en Mallorca y en el resto de las Islas Baleares. No les falta razón, llevamos al menos cuatro años batiendo récords en la recepción de viajeros y la llegada de tanto turista, hace inevitable las incomodidades a cambio del beneficio económico que se producen.

Encontrar un lugar tranquilo parece una misión imposible y sólo yendo contra la tendencia se puede hallar algo de paz entre tanta vorágine. Por eso, en verano me gusta ir a Valldemossa a última hora de la tarde, cuando cae el sol y sus calles se han vaciado de visitantes. Entonces, el calor aprieta menos, la brisa —cuando la hay— es más fresca y se puede disfrutar de atardeceres en los que el sol crea sombras profundas que resaltan las texturas pétreas de las fachadas de los edificios. Además, en los límites del pueblo, se puede contemplar cómo las escarpadas laderas de la Sierra de Tramontana ganan relieve bajo la luz del ocaso.

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La luz rasante del atardecer crea estéticos claroscuros en las fachadas

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Con la caída del sol la calma regresa a las empinadas calles del pueblo

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Las macetas de flores añaden un sencillo encanto a las fachadas tradicionales

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Carrer de Catalina Homar, recordando a la conocida amante mallorquina del Archiduque Luis Salvador

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Tras la vorágine turística, vuelven a cobrar sentido las actividades atemporales, como la de esta señora bordando al fresco de las brisas pasantes por su zaguán

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Los animales domésticos también disfrutan de la calma y se solean antes del ocaso

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Nadie en los antiguos lavaderos públicos

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Todos los jardines guardan algún misterio ¿qué se ocultará tras la arboleda?

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Me gusta la luz cálida de los atardeceres y cómo realza los colores, es muy fotográfica

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Los últimos rayos solares bañan la fachada trasera de La Cartuja ¡cuanto más bella hubiera sido si el presupuesto hubiera permitido completar el segundo campanario!

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Vista de La Cartuja de Valldemossa con el fondo de la Sierra de Tramontana desde las afueras del pueblo

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Últimas luces sobre el valle en el que se enclava Valldemossa

Octubre llegará y con las calmas meteorológicas que suceden al verano, también vendrá la bajada del número de visitantes y el cierre gradual de muchos hoteles y restaurantes de la isla. Entonces las conversaciones virarán a la tan deseada “desestacionalización” y al necesario ajuste en el perfil de nuestros visitantes para ver cómo conseguirla. Mallorca recuperará sus ritmos tranquilos salpicados de tradiciones y ferias otoñales, que son reminiscencia de una vida a escala más humana.

Y la Villa valldemossina siempre acogedora en el corazón de la Serra, seguirá entregando a quien la busca parte de su esencia, formada de belleza, contemplación y sosiego.

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Esfinge: Monstruo fabuloso, generalmente con cabeza, cuello y pecho humanos, cuerpo y pies de león. Del diccionario de la R.A.E.

En compañía de un buen amigo nos acercamos a Artà, ese precioso pueblo del Levante Mallorquín que según los palmesanos, se encuentra próximo al más allá. Elegimos mal día, era domingo y menos el mercadillo callejero alrededor de la Plaza del Agua, todo estaba cerrado. Planeábamos visitar el Museo Regional y la zona arqueológica de Ses Païsses de Artà, debimos consultar la web antes de salir, pero sólo lo hicimos in situ para descubrir que los días de cierre semanales son los domingos y los lunes ¡qué mala suerte!

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El domingo es día de mercadillo callejero en Artá

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Un viejo rickshaw anuncia un restaurante local

Llegando al pueblo encontramos varios grupos de cicloturistas nórdicos que, con su deportiva afición y sostenible forma de moverse, ayudan a que la famosa desestacionalización turística cada día sea más estrecha.

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Los grupos de cicloturistas nórdicos que recorren el Llevant mallorquín tienen en Artá una de sus paradas de revituallamiento

Decidimos recorrer el casco urbano —no había otra opción—. A pesar de ser muy antiguo, tiene una traza bastante regular, casi ortogonal. Enseguida notamos que su su carácter tradicional, así como el de muchos de sus edificios se encuentra bien preservado, debido sin duda a su lejanía de otros centros mallorquines de turismo al por mayor.

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Bonita ventana de traza renacentista, con elaborada labra en sus jambas, dintel y vierteaguas

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La sencillez de una ventana tradicional también posee su punto de belleza. Me gusta el juego de luces y sombras que la luz rasante de primera hora produce en el muro

Sobre un mogote de 182 m de altura y dominando el pueblo, se encuentra la Almudaina o Castillo de Artá, antaño alcazaba musulmana, tomada sin gran resistencia enemiga por las tropas aragonesas del Rey Jaime-I El Conquistador, allá por 1230.

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La alcazaba, almudaina o Castillo de Artá se alza imponente con sus muros de cal y canto de un metro de espesor

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Bonita escalera de subida al Santuario de la Virgen de Sant Salvador, Patrona de Artá situada en el interior del Castillo. Como puede apreciarse en primer término a la derecha, se encuentra flanqueada por las estaciones de un Vía Crucis

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Puerta principal del castillo, muy transformada con respecto a lo que era su configuración original

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Murallas del Castillo vistas desde su interior

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Desde los adarves de la antigua fortaleza se contemplan bonitos panoramas del Llevant mallorquín. Al fondo de esta imagen, tras la torre, se puede ver el mar que baña la ensenada de Capdepera

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El interior del Castillo contiene el Santuario de Sant Salvador y conforma un espacio de espiritualidad tranquilo y agradable

El recinto amurallado tiene una extensión de unos 2.500 m2 y en su interior hubo una mezquita. Tras la conquista fue transformada en iglesia, siguiendo la habitual costumbre en la Edad Media, práctica que los musulmanes también realizaron, al erigir sus lugares de culto donde antes se hallaban templos romanos o iglesias visigodas. La Iglesia hoy día se llama de Sant Salvador y en su interior se custodia la talla románica del siglo XII de la Virgen de Sant Salvador, Patrona de Artá.

Durante los siglos XVI a XVIII la fortaleza continuó empleándose como defensa contra los piratas de Berbería, hasta que los jabeques armados de Antonio Barceló, gran marino mallorquín al servicio de la Real Armada, terminaron de forma definitiva con sus despiadados ataques.

La iglesia original databa pues del siglo XIII, pero en la década de 1820 se empleó como hospital para los afectados por la epidemia de peste bubónica que asoló el pueblo. Tras remitir, los artanencs decidieron quemarla para evitar la repetición de la plaga y a continuación erigieron otra, la que hoy contiene el Santuario de la Virgen.

Muy cerca de la anterior se encuentra la Iglesia Parroquial o de la Transfiguración del Señor, también del siglo XIII en origen, pero del siglo XVI y estilo neogótico la actual, debido a que su momento hubo de ser ampliada por haberse quedado pequeña la primera.

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Iglesia Parroquial de Artá, también llamada de la Transfiguración del Señor

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Portada principal de la Iglesia de la Transfiguración del Señor, de estilo neogótico

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Trasera de la Iglesia mostrando el campanario y la casa parroquial de características arquitectónicas netamente mallorquinas

En la parte trasera de su lateral sur, al otro lado de la calle, se encuentra una casa baja en un recinto cerrado por un muro de contención que llamó nuestra atención, porque en la parte superior del cerramiento de su jardín presenta unos inusuales remates antropomórficos de jardineras de cerámica, con verodes plantados en cada una.

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Balcón de la “Casa de las Esfinges”

Las jardineras tienen forma de cabeza y enseguida me recordaron a aquellas antiguas huchas del Domund que tiempo ha se estilaban, representando la cabeza de negritos, de chinitos o de indios y que hoy, serían algo más que políticamente incorrectas. Las de este jardín son de claro estilo orientalista, de las denominadas a la turca que se pusieron de moda a finales del siglo XIX. Estas testas cerámicas nos miran hieráticas como esfinges a través de sus ojos vidriados y no diría yo que, si caminando de noche te encontraras de manera inopinada frente a una, no te llevaras un buen susto.

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Jardinera de cerámica decimonónica, con cara de esfinge y ojos casi de Heidi

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Bigotazo “a la turca”

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En las huchas del Domund nunca faltaba la cabeza del negrito. En este caso luce un curioso mostacho a la turca y labios pintados en amarillo a juego con su tocado

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Un verode da el toque vegetal al sofisticado aderezo capilar de esta otra esfinge

No logré averiguar más sobre la casa, ni tampoco sobre los remates de su muro. Por fuera su aspecto es el un antiguo edificio residencial del pueblo, pero si alguno de mis amables lectores conociera más sobre la razón de tan singular decoración, me gustaría que lo compartiera con todos nosotros a través de los comentarios de esta entrada.

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Isla yo soy del reposo / en medio el mar de la vida, / y el marinero allí olvida / la tormenta que pasó; / allí convidan al sueño / aguas puras sin murmullo, / allí se duerme al arrullo / de una brisa sin rumor”. José de Espronceda, Poeta, Periodista y Militar del Romanticismo.

Fundado poco después de la conquista de la Isla por el Rey Aragonés don Jaime-I, en 1268 ya contó con su primera capilla y, en 1273, el lugar donde un pastor halló una imagen de la Virgen contaba con una notable afluencia de peregrinos. Dice la tradición que la talla descubierta fue llevada a Sant Pere de Escorca, pero al poco desapareció y, de nuevo, fue hallada en el peñasco en el que el pastor la encontró.

LLUC-06Desde ese momento, el crecimiento del Monasterio fue imparable. En 1456 se fundó la Colegiata; de 1622 data la Iglesia actual de estilo Renacentista que, en 1707, recibió el título de Capilla Real y más tarde, en 1962, el de Basílica Menor. Desde 1891 los Misioneros del Sagrado Corazón regentan el Santuario, que junto a la Seo de Palma, conforman los dos lugares donde se destila la esencia religiosa y cultural de los mallorquines. No es pues de extrañar, que cada año sea visitado por más de un millón de personas.

LLUC-07Como todos los Monasterios, el de Lluc está situado en un lugar privilegiado de la isla, en plena Sierra de Tramontana. Su nombre deriva de la palabra latina lucus, que podría traducirse por foresta sagrada. Rodeado de bosques de encinas y peñascos, los alrededores  del Monasterio transmiten la serenidad necesaria para poder encontrarse con uno mismo, si eres de esa clase de personas que a veces gustan de mirar a su interior, escuchar y recibir . . .

LLUC-10LLUC-09LLUC-13En todas las religiones del mundo, el hecho de peregrinar supone una búsqueda de la iluminación y en Mallorca, muchos caminos conducen al Monasterio de Lluc, todos ellos son empinados, como una metáfora de la vida. La dureza del recorrido por las antiguas trochas de piedra, se compensa con su paso por los maravillosos espacios de la Sierra. Al cruzarlos no viajaremos casi nunca solos, pues es frecuente encontrarse con otros senderistas o cicloturistas, cada cual guiado por su razón para ascender a Lluc.

LLUC-12Hay quien peregrina por el hecho religioso, otros por lo que supone de reto deportivo, muchos tan sólo hacen turismo a pie —forma inmejorable de conocer la isla— y, no pocos, porque presienten que en el Monasterio, la fuerza espiritual o las energías telúricas se reciben con mayor intensidad cuando, tras la larga caminata, se atraviesa el pórtico de entrada a la antigua Plaça dels Oms, hoy llamada Plaça des Pelegrins.

LLUC-11LLUC-08El final de la subida a Lluc se encuentra en el Pujol des Misteris o Puig de los Misterios, elevación rocosa donde una cruz de acero y una pequeña capilla marcan el lugar en el que el pastor encontró la imagen de la Virgen. En los laterales del recorrido encontraremos los bajorrelieves de los Misterios del Rosario, fundidos en bronce por el escultor modernista Josep Llimona en 1913.

LLUC-03LLUC-04Al caer la tarde, sentado en lo alto de un risco próximo a la cruz, sin una sola alma en los alrededores y acariciado por una suave brisa, disfruté en silencio de una de las más plácidas puestas de sol que Mallorca me ha regalado. Dejaba simplemente pasar el tiempo mientras feliz, veía cómo la luz se retiraba por el collado que da al Clot d´Albarca y el firmamento se teñía de naranjas, rojos y púrpura que, lentamente, daban paso a una tranquila noche de plenitud y misterio.

LLUC-05LLUC-01LLUC-02(Fin de la Primera parte).

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“En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira” Ramón de Campoamor, Poeta.

El soplado del vidrio es un arte que en Mallorca se remonta al siglo I (d.C). ya que fue difundido por los romanos en todas las orillas del Mediterráneo y desde entonces, poco ha cambiado su manufactura, ya que continúa siendo el método más común para elaborar vidrio decorativo y artístico.

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La técnica se consigue introduciendo un tubo hueco de acero, la canya, en el horno que contiene arena fundida a una temperatura mínima de 1.600º C, que puede estar teñida o no, en diversos colores. Tras extraer la pasta vítrea al rojo vivo, se sopla por el extremo opuesto a puro pulmón hasta lograr el hinchado del vidrio fundido y después, la masa viscosa se manipula mediante giros y balanceos que dan al nuevo objeto la forma que se desea, con la ayuda de tablas y pinzas de madera, así como de una tijera denominada tallant con la que se corta el material sobrante.

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Es asombrosa la habilidad de los maestros vidrieros para obtener con rapidez formas extraordinarias de copas, jarrones, lámparas y toda suerte de objetos decorativos en el escaso tiempo con el que cuentan antes de que la masa de vidrio se enfríe y, no pocas veces, el proceso requiere de un recalentamiento de la pieza con la que se está trabajando para continuar dándole forma y añadir accesorios, como los brazos de las jarras.

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Una vez terminada, la pieza se introduce en el llamado horno de enfriamiento, con el fin de impedir que el vidrio se fisure al ir perdiendo temperatura de manera brusca, en un proceso que sería equivalente al del templado del acero.

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Gracias al evento #MallorcaFeelings 2.015, pude visitar Menestralia Maestros del Vidrio, fábrica fundada en 1.965 y fieles exponentes de la tradición vidriera mallorquina. Jordi, su propietario y Margalida, su artesana creativa, nos mostraron cómo es una vidriería tradicional que ha sabido renunciar a la industrialización, para mantener sus hornos encendidos y conservar el arte y la magia de este oficio milenario.

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Pero el perdurar en este oficio sólo lo han logrado a costa de pagar un duro peaje pues, como nos contaba Jordi con pena, la fábrica llegó a tener cerca de ochenta operarios y, tras la crisis económica, tan sólo quedan tres. La adaptación a los tiempos y su preocupación medioambiental les llevó también a optimizar su sistema de producción, reciclando absolutamente todo el vidrio que se descarta como subproducto del proceso de fabricación, bien volviendo a fundirlo para producir nuevas piezas, o bien como elementos para fabricar objetos decorativos que surgen de la capacidad creativa de Margalida como diseñadora.

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Terminamos la visita brindando con buen vino de Binissalem en copas artesanales —de vidrio, por supuesto—, expresando nuestros deseos de que el futuro mejore, con el fin de que durante mucho tiempo más se pueda preservar el ancestral arte de los sopladores de vidrio de Mallorca y así evitar la pérdida de un arte implantado en la isla desde su romanización y que gracias a la pasión de personas como Margalida y Jordi, sigue presente entre nosotros.

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¿Quieres saber algo más sobre el vidrio soplado? en este video podrás apreciar mejor su manufactura y técnica:

Pero si desearas ser testigo del proceso, puedes hacerlo en la propia fábrica:

Menestralia

Carretera de Palma-Alcudia, Km 36, 07310 – Campanet

Illes Balears, España

Tel +34 971 877 104

http://www.menestralia.es/

info@menestralia.es

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Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike, salvo la que representa el brindis con vino que es de Alejandro Crespi. Para ver las fotos a mayor tamaño, pulsad sobre ellas.

Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás”. Gabriel Marcel, dramaturgo y filósofo.

El pasado 1 de Noviembre se celebró en toda España el Día de Todos los Santos, fiesta de carácter religioso rodeada de costumbres que se practican desde hace siglos y varían según localidades. En esta fecha la tradición es acudir a los cementerios en recuerdo de los seres queridos que nos precedieron. Cada uno actúa según sus creencias, siendo lo habitual limpiar las sepulturas y engalanarlas con flores, para después rezar y hacer semblanzas de los que nunca más nos acompañarán.

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La Iglesia instauró esta fiesta para recordar a los cerca de 4.000 mártires cristianos que fueron víctimas de la Persecución del Emperador Diocleciano, a principios del siglo IV. Roma era, en general, tolerante con las religiones de los pueblos que pertenecían a su imperio; sin embargo, consideraron a los cristianos como miembros de una sociedad hermética cuyas creencias hacían peligrar al poder dominante y por dicha causa, hubo sangrientas persecuciones hasta que, con el transcurso del tiempo, los propios emperadores romanos se hicieron cristianos; tal era la fuerza de la nueva religión.

Fueron tantos los muertos de la persecución diocleciana que la Iglesia señaló un día común para honrar a todos ellos, aunque no fue hasta el siglo VIII (d.C.) que el Papa Gregorio-III la fijó el 1 de Noviembre y así ha continuado hasta hoy.

En Mallorca, tierra de arraigadas costumbres y tradiciones, esta fecha tiene un significado especial entre las familias que acuden en masa a rendir homenaje a sus difuntos y convierten los cementerios una explosión de vida y color, de la que las flores son su más clara representación. Junto con el de Deiá y el de Establiments, el Cementerio de Sóller es, según mi parecer, uno de los más bonitos de la isla y, tal como podemos apreciar en las fotografías que acompañan a esta entrada. Cada primero de Noviembre, los sollerics recuerdan a los seres queridos que perdieron convirtiendo su camposanto en un florido jardín, lo cual les honra.

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Este cementerio solleric tiene además, una curiosidad que merece la pena ser conocida. Antes de traspasar su entrada, en el lado derecho, hay un acotado cerrado con tumbas, algunas con cruces, otras sin ellas, pero todas sin flores, lo que debe llevarnos a la reflexión.

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En esta parcela situada extramuros del cementerio yacen los restos de aquellos que no tenían el derecho de “ser enterrados en sagrado” bien por haber sido el suicidio la causa de su muerte, bien por pertenecer a otros credos diferentes al nuestro y no tener otro lugar donde ser sepultados. Probablemente se trate de enterramientos antiguos de los que ya ni se acuerden los descendientes de los finados —si es que alguno existe aún—, pero todos comparten la tierra mallorquina donde terminaron sus días y, con independencia de la causa de sus muertes o de la religión que profesaren, merecerían también que unas manos caritativas depositaran unas modestas flores sobre sus lápidas.

Así se cumpliría el profundo deseo del filósofo francés Gabriel Marcel con el que encabecé esta entrada y tal vez dicho gesto lograra que nuestro mundo sea un poco mejor.

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Cementerio de Sóller, Carrer de Pau Noguera, Sóller

Mallorca, Islas Baleares, España.

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Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike. Para ver las imágenes a mayor tamaño, pulsad sobre ellas.

In character, in manner, in style, in all things, the supreme excellence is simplicity”. Henry Wadsworth Longfellow

La frase del poeta norteamericano me dio la clave que me intrigaba desde que supe que iba a tener la fortuna de ser huésped de Ignasi Colí, alma de la Associació Gastronómica Ca n´ Ignasi, en Inca. El hecho de que la cocina de Ignasi abriera y cerrara un artículo de tres páginas sobre la gastronomía de Mallorca en el New York Times, escrito nada menos que por Lisa Abend, su prestigiosa —y estricta— crítica gastronómica, tenía que deberse a algún poderoso motivo.

Can Ignasi-1 BuhosLos búhos, animales de la suerte se encuentran por todos lados en Ca n´Ignasi

El de Ignasi no es un restaurante al uso, su entrada está marcada por un discreto letrero; no esperes aquí legiones de uniformados camareros moviéndose serviciales entre las mesas; su sala, decorada con corrección y sencillez, es del tamaño de un garaje amplio y cuenta con una única mesa, donde el propio Ignasi da servicio a grupos de entre seis y doce comensales, mientras guisa —a la vista de todos— en la cocina habilitada en un lateral de la sala.

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Al entrar en su local Ignasi te recibe con una sonrisa y deposita una cerveza en tu mano. En el extremo de la mesa más próximo a la entrada dos libros: uno, Los aprendices de hechicero, de la propia Lisa Abend, subtitulado los secretos e historias más personales de El Bulli, el que fue el mítico restaurante del gran Ferrán Adriá y, el otro, el que es su verdadera declaración de intenciones, Memòria de la cuina mallorquina, receptes antigues de tots els pobles, de Antoni Tugores.

Ignasi ColiEl propio Ignasi Colí te recibe y te explica con detalle el menú preparado

Y esas, las recetas tradicionales mallorquinas, son el reino en el que Ignasi se mueve con soltura. Fórmulas sencillas, de toda la vida, de las que cocinaban nuestras abuelas y madres, mezclando sabiamente los productos disponibles de la tierra o del mar, carne de liebre, cabrito, cordero, pescados, verduras y hierbas . . . Cocina en la que priman los guisos —no esperéis aquí deconstrucciones, ni tratamientos criogénicos con nitrógeno líquido— pues en los fogones de Ignasi las cazuelas de barro reinan en gloria y majestad, desprendiendo los aromas inconfundibles de los platos que sólo pueden hacerse a fuego lento.

Cazuela

Ignasi nos deleitó con todo un viaje por la cocina de antaño, mostrándonos que ¡menos mal! aún hay quien sabe cuidar de esas raíces que, gracias a unos pocos como él, no terminan de extinguirse en nuestro mundo acelerado y efímero.

cocarroix & panades 2 plato con arrozDSC06151Albondigas de sepiaPostreCocarroix y panades de sepia y llampuga; arroz seco de tomate, orégano y salvia; conejo con ensaimada, hierbas especiadas, canela y nuez moscada; albóndigas con sepia y salsa de sobrasada picante con anís y, de postre, Cardenal de Lloseta, compusieron el delicioso menú que Ignasi nos preparó.

Mientras cocina y sirve los platos, expone con amenidad los ingredientes y aderezos, sus orígenes, la zona de la isla de la cual provienen, en qué época se preparaban y cómo se servían. Pocas personas he conocido que transmitan de manera tan llana el amor por lo que hacen y la pasión que lo impulsa, no es pues de extrañar que su cocina emocionara a alguien tan difícil de fascinar como Lisa Bend y este hecho no me sorprende, pues no conozco mejor antidepresivo, ni más alta forma de exaltar la amistad, que el poder sentarse alrededor de una mesa para compartir vino y comida.

Invitados 2

Al terminar, Ignasi también se acomodó entre nosotros y departimos hasta casi entrada la noche, sobre la vida y sobre comida. Me gustó saber que parte de su tiempo lo dedica a impartir cursos sobre diferentes especialidades culinarias, loable labor la de mostrar y difundir sus conocimientos, en lugar de esconderlos.

Clases

Al día siguiente, tuvimos la suerte de compartir de nuevo mesa en la Escuela de Hostelería de la UIB en compañía de Ignasi —aunque esta vez no cocinaba— y admirados, seguimos aprendiendo de ese sabio arte que domina con la misma naturalidad con la que respira, comprobando lo acertado del juicio que el poeta H. Wardswoth nos dejó: “En la personalidad, en las formas, en el estilo, en todo, la sencillez es la suprema excelencia”.

Esc Hosteleria UIB

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Gracias al evento #MallorcaFeelings 2015 tuve la fortuna de poder comer en la Associació Gastronómica Ca n´Ignasi, pues se encontraba en la ruta que me tocó en suerte recorrer. La edición del presente año tuvo además, como tema principal, la Mallorca productiva en Gastronomía, Arte y Cultura.

Si fueras de aquellos que les gustaría probar su cocina, debes saber que Ca n´Ignasi solo abre tras acordar fecha y menú con un grupo de entre y seis y doce personas, que se hallen dispuestas a ir a Inca para conocer (y emocionarse) con los sabores de la Cocina Mallorquina de antaño.

Associació Gastronómica Ca n´Ignasi, C/ Aigua, 29, 070300-Inca, Mallorca, tlf. (+34) 665-383-412 correo-e: gastronomia@canignasi.es  web: http://www.canignasi.es  Facebook: https://www.facebook.com/AsociacionGastronomicaCanIgnasi/

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Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike. Para ver las fotos a mayor tamaño, pulsad sobre ellas.

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