La agricultura es la madre fecunda que proporciona las materias primas que dan movimiento a las artes y al comercio. Manuel Belgrano, Abogado, político y militar argentino.

Els Calderers es una antigua casa de possessió del Plá mallorquín que ya aparece documentada en el año 1285 como propiedad de la familia que le da el nombre. La finca ha tenido diversos dueños como las familias Nicolau y Verí, aunque en la actualidad pertenece a la familia Sentemenat Morell.

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Vista parcial de la fachada de Els Calderers vista en escorzo.

Las possessions son explotaciones agrícolas y ganaderas, en las cuales la primera actividad solía tener preponderancia sobre la segunda. Las tierras de Els Calderers estuvieron dedicadas al cultivo de la viña y también al trigo, sin dejar de lado los frutales, garbanzos, algarrobas, judías, almendras, maíz y como no, el porc negre mallorquín del que tan deliciosos embutidos se obtienen. En sus tiempos de esplendor contó con 40 trabajadores fijos, más un número variable de temporeros cuyos servicios se contrataban para colaborar en la recogida de las cosechas. En la actualidad tiene una extensión de 156 hectáreas o 220 cuarteradas.

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Algarrobo o garrover y pacas de paja tras recoger trigo, estampa típica del Plá mallorquín.

La importancia de Els Calderers radica en que fue pionera en la mejora de la producción agrícola gracias a la visión de uno de sus amos(*) don Antonio Oliver y Gayá (1863-1936), ilustre hijo de Sant Joan e introductor de numerosas mejoras técnicas en los trabajos de la payesía, mediante la importación de las máquinas agrícolas que descubrió en los viajes que realizó por Europa, de las que un buen número se encuentran expuestas en los jardines.

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Exposición de maquinaria y útiles agrícolas en la cuartera o granero.

La casa y la finca de Els Calderers están muy bien conservadas y pueden ser visitadas durante todo el año, pues han sido transformadas en un interesante museo de etnografía isleña. En mi opinión la visita merece la pena y es de gran interés para todos aquellos mallorquines y foráneos que quieran conocer cómo era la vida de sus antecesores, así como los medios por los cuales subsistían —quien no sabe de dónde procede, nunca sabrá dónde ir—. La casa señorial que data del siglo XVIII es de exteriores austeros, pero de gran belleza y rica decoración interior. Se trata de un edificio solariego clásico del campo mallorquín, construido a base de piedra de marés y entramados de madera, con tres plantas de altura, sobria fachada, acceso principal a través de una puerta con arco de medio punto elevada sobre seis escalones y decorada con dos leones yacentes a cada lado de su umbral. Tiene además un recoleto patio interior ajardinado o clastra, con un pozo y un estanque en su centro.

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Gran Sala con un llamativo techo en bóveda de arista.

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Sala con retrato de Joan Manuel de Sentmenat (1688-1755) y panoplias con espadas, sables y floretes; debajo del retrato hay un cofre con objetos pertenecientes al Capitán don Antonio Barceló y Pont de la Terra “Capitá Toni” del que ya he hablado en este blog.

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Despacho del Senyor presidido por un retrato del Obispo Bernat Nadal.

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Sala de Música con decoración de estilo decimonónico.

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Comedor con servicio para dieciocho invitados.

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Dormitorio de la Señora.

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Vestidor del Senyor.

Son también remarcables la capilla dieciochesca, la bodega, las cocinas (que funcionaron hasta 1994) y la cuartera o granero en la planta alta, cuya cubierta está sostenida por esbeltos pilares ochavados e inusuales arcos asimétricos. En el exterior de la casa pueden visitarse el estanque, los jardines, las huertas de frutales, el horno de pan, los talleres de herrería y maquinaria agrícola, así como los corrales de animales autóctonos. 

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Capilla con retablo barroco de madera sobredorada con dos angelotes flanqueando una imagen de la Virgen presidiendo el altar.

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Bodega, zona de preparación de destilados espirituosos con una gran barrica de roble viejo, una estantería con porrones y otros objetos de vidrio, un bonito alambique y diversas ollas de cobre pulido.

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Granero o cuartera, con cubierta sostenida por arcos asimétricos con óculos en su tímpano, apoyados en las paredes laterales y en unos esbeltos pilares ochavados que parten en dos el vano del almacén.

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Cocina de payeses.

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Cocina de los Senyors.

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Estanque exterior junto a la zona de talleres y corrales.

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Cobertizo de carros, galeras y arreos de caballerizas.

(*) Amo: Figura clave en la organización de las possessions, su función era la de administrador-arrendatario y responsable de su producción, así como del personal que trabajaba en la finca; a cambio debía pagar una renta anual al Senyor —el verdadero dueño de la possessió—. Con la diferencia entre la renta a pagar y el beneficio obtenido por la venta de la producción, debían costearse los salarios de los payeses, la adquisición de semillas y abono, la compra de maquinaria y bestias de carga, así como su manutención y la de la infraestructura de la possessió. El resto era la paga del Amo, el cual era ayudado en sus múltiples tareas por su mujer, a la que se conocía con el nombre de Madona, otra importantísima figura cuyas habilidades eran necesarias para el buen funcionamiento de las fincas mallorquinas, puesto que de ella dependía todo lo relativo al orden doméstico y la alimentación, tanto de los senyors, como de los pageses. Con terminología actual el Amo sería el Gerente o Director General y la Madona, la Directora de Logística de la possessió.

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Despacho del Amo o Administrador de la possessió

Se llega a Els Calderers por la carretera de Palma a Manacor, tomando el desvío que se encuentra a la altura del kilómetro 37, dentro del término municipal de Sant Joan. La visita es recomendable para adultos y niños a partir de cierta edad, las entradas cuestan 7,20 € para los mayores y 3,60 € para los niños a través de la web de Click Mallorca, aunque también pueden obtenerse en el acceso a la possessió. Esta es la web oficial de la finca. El horario de verano es de 10 a 18 h y el de invierno de 10 a 17 h. En cualquier caso, el teléfono para consultas sobre horarios y días de visita es el 971-526-069.

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Señales de antaño

Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

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Creo que la forma de vida de las personas está relacionada con la arquitectura. Tadao Ando, Arquitecto.

Y en la Mallorca medieval la vida de muchos isleños dependía de la Arquitectura Militar para su protección frente a los ataques que sufrían tanto de merodeadores exteriores, como de facciones enfrentadas entre los propios pobladores. Por eso no es de extrañar que desde el tiempo de la ocupación romana haya restos de fortificaciones en el Puig de Santueri, estando ya consolidadas en 1229, cuando las tropas aragonesas del Rey Jaime-I El Conquistador ganaron la isla para la Cristiandad.

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Tras la conquista y subsiguiente reparto de los terrenos tomados a los musulmanes, el Castillo fue otorgado a Nuño Sancho, Conde de Rosselló y Cerdaña, además de tío y tutor del propio Rey. En 1241 el Conde murió sin descendencia y la fortificación volvió a Jaime-I, pasando a tener la categoría de castillo de realengo, es decir, de propiedad real.

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La historia de nuestra fortaleza fue tan agitada como la de la isla, cayendo en 1284 bajo el asedio de las tropas del Rey Alfonso-III El Franco de Aragón, que en pocos días lo arrebató a Jaime-II de Mallorca por un quítame allá esos vasallajes, disputas que se saldaron en 1295 mediante el Tratado de Anagni, de complejo acuerdo porque hubo de ser suscrito por el Papa Bonifacio VIII y los Reyes Jaime II de Aragón, Felipe IV de Francia y Carlos II de Anjou, con el propósito de finalizar los conflictos aparecidos a raíz de la conquista aragonesa del Reino de Sicilia por Pedro III de Aragón. El tratado tuvo como consecuencia que el Rey aragonés Alfonso-III devolviera las Baleares a Jaime-II, a cambio de que éste mantuviera su vasallaje.

Los siglos XIV, XV y XVI no fueron menos complicados, pues de un modo u otro, Mallorca siempre estuvo en el ojo del huracán. Ataques berberiscos, Guerra de las Germanías y un sinfín de conflictos permanentes que pasando el tiempo fueron menguando, hasta que en 1881, cumplidas con creces sus funciones militares, el castillo fue vendido a un particular y hoy día sigue siendo de titularidad privada.

Situado en la Serra de Llevant, término municipal de Felanitx, en un mogote a 423 m de altura sobre el nivel del mar y sometido a las brisas marinas, de la antigua fortificación apenas quedan algunas ruinas, cuya parte más imponente está compuesta por los restos de lienzos de muralla y cuatro torres en su frente de acceso principal. Su perímetro de unos 600 m de longitud, limita una superficie de casi 4,30 hectáreas donde se encerraban los pobladores de los predios vecinos para defenderse y resistir prolongados sitios, ya que contaban con superficies cultivables y de recogida de agua, tal como se podrá adivinar por los restos de las obras para la vida y subsistencia de la fortaleza que se pueden apreciar en el recinto interior: trazas de algibes, horno, molino de “sangre” (de tracción animal), cocina, almacenes, establos, . . .

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Gracias a la altura dominante de la cota en la que se enclava el castillo, su vuelta al horizonte goza de estupendas vistas del Noreste y Sureste mallorquín, lo que hace que en días claros y sin calimas, se puedan vislumbrar hasta las islas de Cabrera y de Menorca. Los amaneceres y puestas de sol desde este lugar han de ser maravillosos, algo de lo que hoy por hoy no se puede disfrutar, debido a los horarios de apertura de la instalación, para preservar su seguridad como lugar histórico y prevenir el potencial peligro de despeñamiento de visitantes descontrolados.

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A pesar de contar desde 1949 con la calificación de Bien de Interés Cultural y de los esfuerzos del Consell de Mallorca y de sus propietarios, el estado de conservación de los restos no es ideal y de hecho, con la salvedad del frente principal, la mayor parte de sus murallas han desaparecido o están a punto de hacerlo por el elevado nivel de deterioro que presentan y la pérdida de sus secciones resistentes. Ante su vista uno se interroga sobre si ciertas partes de muralla que aún resisten en pie serán capaces de soportar el siguiente temporal de lluvia y viento que azote la zona. Aún así, entre sus longevas paredes pueden apreciarse los restos de una bonita fábrica de mampostería espigada, la bóveda de cañón del acceso principal y las ménsulas de soporte de los antiguos matacanes que defendían el paño principal de la muralla del castillo.

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A pesar de todo, la vista a este histórico lugar merece la pena y se puede hacer con niños, según las recomendaciones de nuestros amigos de Turisme Petit. Para acceder sólo hay que dirigirse al final de es Cami des Castell, s/n, 07702 Felanitx, Islas Baleares y su horario de verano de 10:00 a 18:30 h. El coste de la visita es de cuatro Euros por adulto, siendo gratuita para niños.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

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Cada uno mira demasiado lo propio y olvida que hay cosas que son de todos y que hay que cuidar. Miguel Delibes, Dr. en Derecho, Periodista y Novelista español.

Alcudia es un cuidado pueblo amurallado situado al Norte de la Isla de Mallorca, en la pequeña península situada entre las Bahías de Pollença y de Alcudia. Su posición estratégica entre ensenadas y su proximidad al mar, lo convirtieron desde tiempos de los romanos en la llave de entrada a la isla por su septentrión y de ahí la necesidad de mantenerla fortificada, pues durante siglos estuvo sometido a continuos ataques de piratas. Gracias a la ayuda que prestó al Emperador Carlos-I de España y V de Alemania durante la Guerra de las Germanías, Alcudia mantuvo un estatus de favor frente a la Corona, que ejerció su compromiso de defensa frente a los asaltos de los merodeadores de Berbería.

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Alcudia posee una Iglesia que es de las más antiguas de la isla, pues comenzó a alzarse hacia 1302 por orden directa del Rey Jaime-II de Mallorca. Desde hace mucho deseaba conocer este monumento, pero cada vez que me acercaba a verlo, estaba cerrado; sin embargo, hace poco mi fortuna cambió y pude dedicar una larga visita al antiguo templo. La Iglesia está dedicada al Apóstol Santiago, Patrón de la ciudad de Alcudia (y de España también), aunque en el pueblo es más conocida como Iglesia de Sant Jaume.

Al acceder encontré que las personas que cuidan el recinto sagrado son miembros de una asociación de mujeres alcudienses que de forma voluntaria, la mantienen abierta en determinados días según temporadas. Por un Euro, además de visitar el Templo, tuve la ocasión de conversar largamente con varias voluntarias que además de mostrarme gran amor por su ciudad y por su patrimonio —verdadera razón de su altruismo—, me facilitaron muchos datos interesantes sobre el edificio.

La construcción actual poco tiene que ver con la original cuya bóveda se colapsó en 1870, quedando tan sólo en pie la capilla del Santo Cristo, del siglo XVI. Doce años pasaron entre el desplome de la antigua iglesia y la construcción de la que hoy puede visitarse, que se diseñó en estilo neogótico y fue concluida en 1893. Tuvieron que pasar cien años más para que en 1993, fuera consagrada de nuevo por el Obispo de Mallorca.

Las fachadas son de mampostería de marès con dos accesos; sobre el principal la entrada se enmarca en un arco ojival de amplia hornacina que contiene en su centro una imagen del Apóstol Santiago esculpida por la palmesana Remigia Caubet. En la cimera del arco un gran rosetón vidriado, obra del alcudiense Lorenzo Ferrer Martí aporta iluminación natural al interior de la nave.

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A pesar del derrumbe mencionado y de los numerosos expolios piratas sufridos por Alcudia a lo largo de los siglos, el interior del templo aún austero, conserva ricos retablos y otros valiosos elementos decorativos antiguos. Alrededor de su nave principal cuenta con capillas dedicadas a San Sebastián, a Nuestra Señora del Carmen, a San José, al Sagrado Corazón de Jesús y la Capilla Bautismal por el lado izquierdo y, por el derecho, a la Inmaculada Concepción y al Santo Cristo. Sobre la entrada llamada Portal de los Hombres, hay un magnífico órgano firmado por el Maestro Julián.

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En el interior del templo puede visitarse un pequeño pero muy interesante Museo Parroquial, que contiene una rica muestra de arte religioso formada a base de donaciones de los alcudienses a su iglesia; en ella se exponen pinturas, esculturas, ornamentos, mobiliario, vestimenta y objetos de culto. Algunas de las piezas exhibidas son muy antiguas y de gran valor, interesantes para aquellos que saben apreciar el Arte e Historia de Mallorca.

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Cuando me disponía a partir, otra de las voluntarias se me acercó movida quizá por la curiosidad ante el extraño que tantas preguntas hacía. Mantuve con ella otra entretenida conversación “de sacristía en la que me describió algunas de las antiguas tradiciones locales —no todas se mantienen— y la manera en la que, según la época del año y el tiempo religioso, se organizaban las fiestas y procesiones en las que adornaban la Iglesia y vestían a sus imágenes con diferentes ornamentos adecuados para la ocasión. También me habló de lo mucho que había cambiado —para bien— la vida de los alcudienses en los últimos sesenta años, pues cuando mi interlocutora era moza —según me contaba—, en todas las casas del pueblo, incluso en las del centro, aún se convivía con los animales de corral, situación que cambió con la llegada del turismo a la zona, cuando de forma gradual su economía de sector primario se transformó en otra de servicios que condujo al cambio de las tareas agrícolas y pesqueras, por el establecimiento de pequeños negocios hosteleros, de transporte, de distribución de bienes de consumo . . . pero eso son ya otras hierbas que dejaré para un futuro post.

Terminé la visita convencido de que las alcudienses que con tanta dedicación cuidan del patrimonio común de su ciudad, son la prueba viva de que aún hay personas generosas que no sólo se limitan a velar por lo suyo, lo que me llevó a meditar sobre el hecho de que tal vez, sea ahí donde se encuentra la esencia intangible que mantiene el verdadero carácter de los pueblos.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales. La foto de la fachada de la Iglesia fue tomada por De Defish y se publica bajo Licencia Wikimedia Commons.

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No hay que pintar lo que nosotros creemos que vemos, sino lo que vemos“. Paul Cezánne, pintor posimpresionista.

Habitado desde la Prehistoria, Deià es un precioso pueblo mallorquín conocido por encontrarse en plena Sierra de Tramontana, entorno protegido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y también, por albergar entre sus residentes a un activo grupo de artistas internacionales que aportan un toque bohemio y cultural a su devenir. Ser punto de reunión de intelectuales quizá en parte se deba a Robert Graves, influyente poeta, ensayista y escritor de origen irlandés, que en 1929 fijó su residencia en el pueblo y allí desarrolló una gran parte de su vida y obra. Su figura y sus escritos, han tenido más transcendencia en el mundo literario anglosajón que en el de las letras hispanas, pero no se puede negar que su presencia ayudó a convertir Deiá en pléyade mundial de artistas.

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Jeannine Cook es una pintora consagrada de origen tanzano y nacionalidad británico-norteamericana que vive a caballo entre Georgia (USA) y Palma de Mallorca. Su CV como artista es impresionante y la especialidad que ha escogido es una de las más difíciles del mundo pictórico: el dibujo con stilum o lápices de punta metálica, principalmente de plata, técnica muy antigua que nació en los scriptorium de los monasterios medievales y cuya dificultad radica en que no admite correcciones en los trazos.

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Jeannine es una gran admiradora de la obra de Joan Miró, uno de los grandes pintores, escultores y ceramistas del movimiento surrealista español y, como los artistas son capaces de ver lo que la gente del común no alcanzamos, en sus visitas al Museo de la Fundación Pilar y Joan Miró de Palma, halló la inspiración para su nueva obra en el veteado de los ventanales translúcidos de alabastro que iluminan algunas de sus salas de exposiciones, así como en los patrones de la superficie de sus suelos de piedra. Con sus propias palabras lo describe de esta forma:

Un aspecto muy especial de este edificio es el alabastro escogido para dar luz a las salas de exposición. Estas “ventanas” viven, son muy diversas y representan un complemento extraordinario a la obra de Miró. Durante una visita, me di cuenta que representan un tema fascinador para dibujos en mi medio favorito, la punta de plata. Gracias a la autorización de la Fundación, venía preparada con un taburete pequeño y materiales para dibujar, me ponía discretamente en un rincón de una sala del Museo, y así me sumergía en las complejidades del alabastro donde la luz reluciente del sol cambia sin parar. A veces, también, cambio de ritmo al dibujar las maravillosas baldosas de piedra en el museo”.

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Recibí una invitación de Jeannine —seguidora de este blog— para asistir a la inauguración de su nueva exposición en la Galería Sa Tafona del famoso Hotel La Residencia de Deià, exquisito lugar que en su decoración cuenta con nada menos que 35 cuadros de Miró y un gran número de esculturas del mismo autor en su jardín, un marco pues de lo más adecuado para estar “Pensando en Miró” lema que precisamente titulaba la exposición.

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Disfruté de la inauguración y de su concurrida asistencia, pero aún más me gustó conocer a Jeannine, mujer encantadora y sensible donde las haya, cuya personalidad trasluce una potente expresividad. Razones más que suficientes para recomendar visitar su exposición a todos aquellos que se interesen por las vanguardias y por la obra de los artistas residentes en Mallorca.

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Exposición Pensando en Miró, de Jeannine Cook

Galería Sa Tafona, Hotel La Residencia, Deià

Hasta el día 12 de Abril de 2017

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

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En los museos y palacios somos radicales y conservadores alternativamente”. Henry James, escritor norteamericano.

El Museo de Mallorca, de titularidad estatal y gestión transferida al Gobierno Balear, fue creado en 1961 para recoger las colecciones del antiguo Museo Provincial de Bellas Artes y de otras propiedades también del Estado que se hallaban dispersas por la isla. Su sede se encuentra en el que fuera la Casa de los Condes de Ayamans, conocida como Can Desbrull y también como Ca la Gran Cristiana, nombrada así por el firme alineamiento con los Carlistas de la que fue su última propietaria de ascendencia noble, doña Catalina Zaforteza y Togores.

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La construcción del actual edificio se inició en el siglo XVI sobre el lugar que ocupaban otros dos más antiguos de traza gótica, situados en la zona más noble del casco antiguo de Palma, muy cerca de la Seo. A lo largo de la Historia fue sometido a diversas adendas y cambios, sobre todo en el XIX por la propia Catalina Zaforteza, aunque en general conserva su traza pentagonal en planta desde tiempos del Barroco. El edificio se rehabilitó para sede del Museo de Mallorca en 1976 y aunque se consiguieron amplios y asépticos espacios expositivos, en mi opinión se hizo a costa de destruir la esencia de lo que era una bellísima residencia tradicional de la nobleza mallorquina, tal como puede apreciarse en estas imágenes del catálogo de la muestra.

El museo actual alberga colecciones de pintura, escultura, cerámica y documentación relacionadas con la Historia de Mallorca y con cierta periodicidad, es sede de exposiciones temporales. Hasta el próximo dos de Abril de 2017 albergará una muy interesante, dedicada a la mencionada Catalina Zaforteza “La Gran Cristiana” formada con base al préstamo de 160 artículos por diferentes particulares. La muestra dispone las piezas exhibidas de pintura, mobiliario, vajillas, y otros elementos decorativos en la situación original en la que se hallaban en la casa, lo que nos lleva junto a fotografías de la época a cómo se disponían los verdaderos interiores en la lujosa residencia.

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Cuadros e imaginería gótica de la colección del Museo.

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La navegación en el siglo XVIII era siempre peligrosa por los posibles ataques de piratas o las tempestades. El cuadro describe una promesa hecha en medio de un temporal.

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Las salas de exposiciones interiores son amplias y luminosas, pero han eliminado el poderoso carácter que poseía la casa de Cataliza Zaforteza.

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Catalina Zaforteza, nacida en Son Berga en 1833 y fallecida en Palma en 1912, fue una mujer de carácter, culta y muy conocida en la isla por su generosidad y alma caritativa, así como por mantener en su casa una tertulia sobre literatura y política, en la que se abogaba con pasión por la causa Carlista, de la que su hermano —José Quint Zaforteza— era el Jefe en Mallorca. Casó a los 23 años con Mariano de Villalonga y Togores, Conde de Ayamans y Diputado en las Cortes, que fue el terrateniente más poderoso de Mallorca a finales del XIX y principios del XX, la boda se celebró cuando el Conde era ya un hombre de edad avanzada; doce años después Catalina enviudó, tras haber dado a luz cinco hijos.

El fallecimiento del Conde la convirtió en heredera de un enorme patrimonio que pasó a administrar con prudencia femenina y mano firme, pero por su implicación política el Gobierno la desterró a Guadalajara, de donde huyó a Montpellier engañando a las autoridades. Tras la Tercera Guerra Carlista regresó a la Isla para encontrarse con pleitos hereditarios planteados por los familiares de su esposo fundamentados en la ausencia de descendientes varones vivos del Conde de Ayamans. La subsiguiente resolución judicial le concedió la titularidad de 25 possessionsfincas agrícolas en explotación— de las muchas que en su momento pertenecieron a su familia, que llegó a tener más de cien en propiedad. . .  

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Severo aspecto de la pose del noble en sus retrato, bastón de mando en mano.

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Libreas de criados y traje de verano de dama.

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Una de las elegantes cuberterías de plata de Ca La Gran Cristiana.

Gracias a un buen amigo, entre cuyos ancestros se halla Catalina Zaforteza, tuve la fortuna de visitar la exposición de la mano de Magdalena de Quiroga, su Comisaria, que desgranó los detalles de la vida de tan interesante mujer y de la intensa época en que le tocó vivir, así como de las muchas dificultades que han de salvarse para conseguir la cesión piezas de titularidad particular con el fin de ofrecerlas al disfrute público. De Catalina Zaforteza manifestó la Consejera de Cultura en el día de la inauguración que fue “una mujer firme, de convicciones fuertes, cumplidora de su palabra, de valores irrenunciables y capaz de defender la verdad por encima de todo. Su historia constituye una de las contribuciones más valiosas de las mujeres en la evolución de la Historia de las Islas Baleares que sin embargo, no había sido valorada hasta la fecha“. Esta muestra sobre la que fue propietaria del gran casal donde se ubica hoy día el Museo de Mallorca, viene a hacerle justicia 105 años después de su muerte.

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Exposición La Gran Cristiana, la dama, la casa. Hasta el 2 de Abril de 2017 en el Museo de Mallorca. Carrer de la Portela, 5. 07001-Palma de Mallorca. Horario: M-V de 10:00 a 18:00, S-D de 11:00-14:00, L cerrado. Tlf: 971-177-838

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“El agua fue la primera materia de la que  fueron criadas todas las cosas”. Tales de Mileto, Filósofo, Matemático y Geómetra.

Escondido en una profunda calle del corazón histórico de Palma se encuentran los restos de un antiguo edificio que, con toda probabilidad, junto al Palacio de la Almudaina, es el más veterano de los erigidos en Ciutat que aún conserva parte parte de sus estructuras islámicas. Se trata de un hammam (1) o baño árabe cuya fecha exacta de construcción es tan incierta, como desconocidos nos resultan el que fuera su propietario, o el alarife (2) que lo edificó.

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Las últimas dataciones lo sitúan a inicios del siglo XII, cuando los Almorávides aún regían los destinos de los mallorquines y el muecín de la Mezquita principal de Madinah Mayurqa llamaba cinco veces al día a los creyentes para que, buscando la alquibla (3) se postraran ante Alá.

Durante el dominio agareno, Madinah Mayurca llegó a contar con cuatro mil casas, cuarenta y ocho hornos, ciento veintiséis huertos, cincuenta y dos obradores, un número indeterminado de hammams y unas murallas defensivas que rodeaban el conjunto. En términos de importancia fue la quinta ciudad de la España islámica, tras Córdoba, Sevilla, Toledo y Almería.

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Hoy día quedan pocos restos de aquel tiempo de esplendor y una de las razones es que en 1114, la ciudad fue arrasada en un ataque punitivo, con carácter de cruzada promovido por el Papa Pascual-II con el fin de terminar con las razzias (4) de los corsarios mallorquines a las costas de los reinos cristianos del Oeste del Mediterráneo.

La cruzada puso en armas 12.000 guerreros embarcados en 300 galeras de la República de Pisa —particular sufridora de las razzias—, más otras 150 de una coalición de nobles feudales de la Provenza, Occitania, el Rosellón, Génova, Narbona, Córcega y Cerdeña, entre los que se encontraba Ramón Berenguer-III, Conde de Barcelona y como tal, súbdito del Rey de Aragón.

La Cruzada asedió, destruyó y saqueó gran parte de Madinah Mayurqa en el aciago año de 1114, tal como se describe en la crónica anónima fechada en Pisa en 1117 titulada Liber Maiorichinus Gesta triumphalia per pisanos facta de Captione Hierusalem et Civitatis Maiorucarum et aliarum civitatum, que fue escrita en latín por uno de los caballeros participantes en la expedición. El ataque no llegó a consolidar la conquista de Mallorca debido a las amenazas de asalto a los desprotegidos territorios de los Cruzados por parte de los Almorávides, lo que provocó que los nobles coaligados regresaran a sus feudos con toda celeridad.

A pesar de la destrucción referida y del transcurso del tiempo, se ha mantenido hasta nuestros días al menos una parte de lo que fue un hammam privado, pues los baños públicos se hallaban inventariados en el Llibre del Repartiment y éste no consta. Se trata de un pequeño conjunto de edificios de fábrica de ladrillo revestido y fachadas de piedra, de los cuales el principal es de planta cuadrada. En su interior se aprecian doce columnas de fuste liso, con capiteles de origen preislámico que, con toda seguridad fueron recuperados de una estructura anterior —bizantina o visigoda—, lo que no se conoce a ciencia cierta. Apoyados en las columnas, unos arcos de herradura soportan una bóveda semiesférica construida en ladrillo cuyas pechinas apenas conservan unas leves trazas de su decoración original.  La cúpula presenta cinco óculos cuyo propósito sería el de permitir una tenue iluminación natural y a la vez, dar salida al vapor del hammam, pues esta sala pertenecía a la parte caliente de los baños, el antiguo caldarium de los romanos, de los que los musulmanes copiaron el sistema. Las habitaciones anexas no tienen más valor que el haber pertenecido al conjunto y formar parte de lo que fueron los vestuarios o sala fría —el frigidarium—. En ellas apenas existen unos restos de lo que fue el hipocausto o suelo radiante calentado por el aire procedente de una caldera de leña que se hacía circular bajo su superficie, sistema también desarrollado por la ingeniería romana.

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Para los musulmanes acudir al hammam era un acto social, allí se cerraban tratos y se buscaba la conversación y la relajación mediante masajes con aceites aromáticos y la inhalación de los vapores termales; por desgracia la costumbre pasó al olvido en la sociedad cristiana y puede afirmarse que hasta los inicios del siglo XX, los hábitos higiénicos de nuestros antecesores dejaron mucho que desear para los estándares actuales.  

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Se cierra la visita accediendo a través de una puerta con arco de herradura a un recoleto jardín interior, el jardín de Can Fontirroig, un auténtico remanso de paz y silencio en el centro histórico de la antigua Palma, donde el canto de los jilgueros nos ayudará a imaginar que los escenarios narrados por Sherezade en las Mil y una noches, no estaban tan alejados de la vida en una casa señorial de la Madinah Mayurqa almorávide.

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Definiciones:

1.- Hammam: baños árabes

2.- Alarife: arquitecto o maestro de obras de la antigüedad.

3.-  Alquibla: la dirección hacia la Meca.

4.- Razzias: ataques por sorpresa contra asentamientos cristianos con el fin de obtener botín y esclavos; en ocasiones se asociaban con la yihad —la guerra santa— para justificarlos.

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Los Baños Árabes se localizan en el número 7 de la calle Can Serra y pueden visitarse de 09:30 a 19:00 h de Diciembre a Marzo y de 09:30 a 20:00 h de Abril a Noviembre. La entrada general cuesta 2,50 € y los niños hasta 10 años no pagan. La visita es de interés para aquellos aficionados a nuestra Historia, por cuanto son el único resto arquitectónico en pie que existe en Mallorca de netas trazas islámicas.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

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La poesía no quiere adeptos, quiere amantes“. Federico García Lorca, poeta y dramaturgo español.

Vanessa Pérez-Sauquillo, buena amiga, poetisa en ejercicio y autora prolífica de literatura infantil, me contó que cuando estaba clasificando la obra de su padre —de casta le viene al galgo—, se encontró con una pequeña oda que había dedicado a Mallorca cuando la visitó.

Otro más que cayó rendido ante los encantos de la isla, algo que a nadie extraña a estas alturas. Pero este otro, no es uno cualquiera, es un poeta y como tal, una persona que tiene la cualidad de expresar como nadie los sentimientos. Pensad en ello, os aseguro que ya sea amor, pasión, dolor, sufrimiento, odio, admiración, melancolía, alegría, . . . siempre encontraréis a un poeta que como nadie, habrá sido capaz de describirlo de manera profunda con bellos versos.

Hoy es el Día de Baleares, un buen momento para regalar emociones en recuerdo de todos aquellos que alguna vez se emocionaron ante la belleza mediterránea y luminosa de sus Islas y de las gentes que las pueblan.

Os dejo con el poema “Recuerdos de Mallorca” de Marcos Pérez-Sauquillo y Pérez, poeta, que ilustro con una galería fotográfica de los lugares que cita:

Avanzando en la quilla del “Ciudad de Granada”,

en peripecia insomne, galeote de tercera,

salpicado el oído de un rumor de oleadas

y empapados los ojos de brisas marineras,

llego al puerto de Palma, que en sus aguas refleja

la Catedral dorada de afiladas aristas

y sus playas de moda en donde se acangreja

la piel inmaculada de lívidos turistas.

En el paseo marítimo, fingiendo una quimera,

yace postrada en tierra, con los ojos vacíos,

la cabeza solemne, rodeada de palmeras,

de aquel nicaragüense que fue Rubén Darío.

Castillo de Bellver, fortaleza redonda,

Lonja de Mercaderes, Consulado del Mar,

Almudaina morisca, restallando en la honda

que hizo célebre el nombre de hondero balear.

De infinitas nostalgias y recuerdos arcanos

por Valldemosa afloran nocturnos escondidos,

donde una rosa diaria teclea en el piano

y silba por sus calles un amor malherido.

En Porto Cristo, el agua, ahuecando la roca,

fantasea la pirueta de los cuentos de hadas.

Como fauces abiertas en el mar desemboca

la bóveda profunda de su cueva encantada.

Trampolín de la isla, en Formentor confluyen

un mar de azul cobalto con un rumor de pinos

y en la paz de sus calas las olas restituyen

las piñas revocadas con un color marino.

Banyalbufar, cultivos escalonando el monte,

azul puerto de Andratx, con claridad de espejo,

Mirador de Ses Ànimes, oteando el horizonte

en donde la belleza no puede irse más lejos.

Marcos Pérez-Sauquillo y Pérez.

Los paisajes han creado la mitad mejor de mi alma“. Ortega y Gasset, Filósofo y Ensayista.

Pequeño pero con carácter. Gracias a su singularidad y a la perfecta conservación de su Arquitectura Tradicional y entorno, a inicios de 2017 fue admitido en la Asociación de Pueblos más bonitos de España, su entrada en este elitista grupo estaba más que justificada.

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Su origen es tan antiguo como el de Sóller, municipio vecino al que estuvo ligado hasta 1812 en que se constituyó como pueblo independiente. Sus partes más añejas con estrechas callejuelas formaron parte de la alquería musulmana Al-Gibal —Las Montañas— hasta la toma de Mallorca por don Jaime-I El Conquistador, Rey de Aragón. Tras el Repartiment de la Isla entre Jaime-I y sus caballeros, pasó a ser una propiedad de realengo, es decir, del mismo Rey.

Conjunto de bello urbanismo serrano adaptado al agreste terreno en el que se sitúa, sus edificios mantienen el tipo constructivo habitual de la Serra de Tramuntana: fachadas de piedra de ripio y cubiertas de teja cerámica, elementos que se integran de manera armónica en su entorno, todo un ejemplo de las razones por las que la Serra está calificada como Patrimonio de la Humanidad.

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En el centro de la población se halla la Torre de Can Arbona, del siglo XVII, erigida para defenderse de las frecuentes incursiones de piratas venidos de las Costas de Berbería (Argel) en busca de mujeres y niños para esclavizarlos y venderlos como botín, fortificación que hoy día forma parte de la Casa Consistorial.

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La belleza no está exenta de inconvenientes, pues de manera natural atrae a numerosos visitantes que presionan sobre sus estrechas calles y ocupan los limitados espacios de estacionamiento disponibles. Por dicho motivo, siempre que pueda hacerse, es un buen plan acercarse a Fornalutx fuera de temporada y, si además se tiene la fortuna de contar con uno de esos luminosos días que nos regala el invierno isleño, el acierto será doble.

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Al atardecer, el sol descendente ilumina el valle creando bonitos juegos de luz con sombras alargadas y contrastes ideales para fotografiar el paisaje, ocasión que aproveché para hacer el pequeño reportaje que acompaña a este texto y que con gusto comparto.

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Cada objeto tiene su belleza, pero no todos saben apreciarla. Confucio (Kung FuTse) filósofo chino.

Hacia el final de la Baja Edad Media, tiempos en los que Europa Occidental salía de los llamados años oscuros, en el Lejano Oriente la Dinastía Ming (1368-1644) se hallaba en pleno apogeo. En este periodo, la antigua China conoció un notable esplendor fundamentado en su preeminencia militar y en su poder económico, los cuales impulsaron el desarrollo y florecimiento de su sociedad. Este ciclo tan rico para las Artes, como tan poco conocido en España, se nos presenta en Caixa Forum Palma, en la exposición  Ming, el Imperio Dorado“.  

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Tropas imperiales desplazándose por una vía fluvial y por tierra.

Da Ming significa en chino Gran Resplandor, durante 276 años dieciséis emperadores de la familia Zhu gobernaron a 175 millones de súbditos, tras lograr derrotar a los Yuan, dinastía precedente que fue fundada por los mongoles. En sus primeros tiempos, periodo Hongwu o Marcial, consolidaron las fronteras del Imperio con su capacidad militar con el fin de desarrollar el comercio y lograr vías de comunicación seguras que establecieran relaciones entre todos los rincones del territorio, lo que llevó al crecimiento de sus ciudades e incremento de su población gracias a la seguridad económica. La estabilidad imperial se fundamentó en los valores de la cultura china tradicional: la familia y la jerarquía; gracias a este salto social se creó el caldo de cultivo en el que la Filosofía, las Artes y la Economía germinaron de manera extraordinaria, lo que de forma paradójica condujo al final de los Ming, como más adelante se verá.

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Las tres perfecciones, durante Dinastía Ming los verdaderos artistas debían dominar la poesía, la caligrafía y la pintura.

Como se ha dicho, la Sociedad Ming se basaba en las clases y jerarquías, a saber Militares, Funcionarios, Comerciantes, Artesanos y Campesinos. Los gustos, aficiones e intereses de los altos funcionarios se consideraban que eran el paradigma del refinamiento chino en este periodo.

Los Ming ejercieron el gobierno de sus territorios mediante un sistema centralizado en cuya cúpula se hallaba el emperador y su familia. La administración militar se entregó a los Generales más capacitados del Ejército Imperial y la civil, fue desempeñada por un cuerpo de hábiles Administradores Regionales o Mandarines, cuya elección dependía de aprobar una suerte de difícil oposición llamada jinshi, que servía para seleccionar sólo a los mejores entre sus élites.

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Retrato de alto funcionario del periodo Wanli. Habitualmente la pintura y la caligrafía estaban al mismo nivel y eran realizadas por el mismo artista, en el presente caso, se ensalzan las virtudes del Administrador.

El papel de la mujer en la sociedad Ming se consideraba de gran importancia dentro de la familia, como pilar alrededor del cual giraba la vida doméstica, reconociéndose como virtudes tradicionales su discreción, castidad y . . . subordinación al varón. Su vida debía regirse por la regla confucionista de Las Tres Obediencias, estricta convención moral según la cual, la mujer debía vivir obedeciendo a su padre hasta el momento del matrimonio, después a su marido y por último a su hijo; además, el concubinato era también un uso corriente. Esta situación de tan difícil aceptación para una mente occidental de hoy día, es la que narró el gran director chino Zang Yimou, en su maravillosa película La Linterna Roja, disponible íntegra en You Tube, en versión original china con subtítulos en español.

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Mujeres ociosas de clase alta de una antigua dinastía. Fragmento de pintura en rollo horizontal de papel de arroz sin firmar, comienzos del periodo Quing

El lujo de la vida de las clases pudientes elevó a las Artes a cotas de excelencia en los campos de la cerámica, la pintura, el brocado, los objetos decorativos, la caligrafía, la pintura, la música, el mobiliario, la construcción, la cartografía, . . .   

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La pintura paisajista y la caligrafía alcanzaron cotas desconocidas durante el reinado de los Ming.

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Útiles de caligrafía, se consideraba de la misma importancia saber crear con la pintura el ambiente adecuado, como adornarla con poemas y descripciones que liberaran los sentidos.

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Patos mandarines con lotos (fragmento), de Zhou Zhimian, finales del periodo Ming.

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Mapa del sinfín de países del Mundo, versión dibujada a mano del mapa del jesuita italiano Matteo Ricci de 1602 que contiene el compendio de conocimientos geográficos de los europeos y chinos de la época, ordenado confeccionar por el Emperador Wanli hacia el final de la Dinastía Ming.

El Emperador era conocido con el sobrenombre de Hijo del Cielo, auténtico demiurgo intermediario entre la divinidad y los hombres, por dicha causa, su figura se hallaba sometida a numerosos rituales de reafirmación de su poder, que se celebraban en diferentes templos y estaciones del año, en los que se invocaba al Cielo, a la Tierra, al Sol, a la Luna y a los Ancestros. Los inciensarios empleados en los sahumerios asociados a estas prácticas eran de gran riqueza, pudiendo contemplarse varias piezas en la exposición.

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Inciensiario de cobre dorado y esmaltado, decorado con el carácter chino “shou”, longevidad.

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Inciensiario de cobre dorado y esmaltado en forma de Ding, comienzos de la Dinastía Ming, su posesión señalaba el alto estatus del propietario.

A pesar del celo con el que los Ming protegían las fronteras del imperio, su expansión comercial dio a conocer al mundo la riqueza de sus sedas y productos decorativos, que pronto llegaron a ser apreciados como cotizados productos de lujo en Japón y en Europa, traídos de la mano de los navegantes portugueses por la ruta del Este (o de las especias) y de sus pares españoles, por la del Oeste, gracias al descubrimiento por Magallanes del estrecho que en la Patagonia lleva su nombre y que abrió a nuestros compatriotas la ruta austral hacia el Océano Pacífico. El contacto entre culturas tan diferentes, consideradas bárbaras por los chinos, así como la avidez de sus comerciantes y funcionarios por la plata japonesa y europea, debida a las enormes riquezas que les proporcionaba y, la presión político-comercial ejercida por los Adelantados europeos, fue el desencadenante de la corrupción y declive del Imperio, pero esa es ya otra Historia . . . Si desearais profundizar en ella de forma entretenida, os recomiendo la lectura de la novela La Caja China, de Jesús Maeso de la Torre, Editorial S.A. Ediciones B, ISBN 9788466656771.

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La cerámica y su decoración alcanzó cotas de elevado refinamiento durante la Dinastía Ming.

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Jarrones y tibores de cerámica blanca decorada con dibujos azules son los que nos resultan más conocidos, pues formaban parte de las preciadas mercancías que se trasladaban a España en nuestros Galeones de Manila.

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La Ciudad de Piedra después de la Nieve, panel de seda bordada al estilo Gu que representa la antigua ciudad fortificada que originó Nankín. Final del periodo Ming.

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Ming, El Imperio Dorado, en Caixa Forum Palma, Pza. Weyler, 3, (edificio del antiguo Gran Hotel), Palma de Mallorca. Hasta el 19 de Febrero de 2017, en horario de 10 a 20 h de lunes a sábado y de 11 a 14 h domingos y festivos. Precio de la entrada general 4 €, clientes y accionistas de La Caixa acceso gratuito.

La muestra incluye más de cien objetos de las colecciones del Museo de Nanjing, China, como singulares cerámicas Ming, pinturas de algunos de los artistas más prestigiosos de la época, joyas y esmaltes, textiles y porcelanas que nunca antes han sido vistas en España. Según afirmaciones de Lumin Huang, Director Adjunto del Museo de Nanjing, “son tesoros excepcionales del Patrimonio Chino y muchos de ellos no habían salido del país antes de esta exposición“.

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Caixa Forum Palma situado en el edificio que fue del antiguo Gran Hotel de Ciutat

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A la mar me voy, mis hechos dirán quién soy”, Refrán popular.

De origen humilde, modales toscos, prácticamente analfabeto, medio sordo y poco agraciado físicamente, Antoni Barceló y Pont de la Terra llegó a ser Teniente General de la Real Armada y en el Museo Naval de Madrid, se conmemora su figura en la Sala dedicada al siglo XVIII, junto a la de otros grandes marinos españoles de la Ilustración, como Blas de Lezo, Jorge Juan, el Marqués de la Ensenada, Cosme Churruca, Alcalá Galiano o Alejandro Malaspina. Con este artículo, me gustaría honrar su figura tan asombrosa, como poco conocida.

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Don Antonio Barceló y Pont de la Terra, Teniente General de la Real Armada, óleo anónimo, Museo Naval de Madrid.

Nació en la casa familiar del Carrer del Ví (calle del Vino), del Barrio del Puig de Sant Pere de Palma, casi despuntando el alba del 1 de Enero de 1717, siendo bautizado al día siguiente en la Parroquia de la Santa Creu. Su padre Onofre Barceló era ya un veterano patrón mercante de 40 años, que casó en segundas nupcias con Francisca Pont de la Terra, cuando ésta tan sólo contaba con quince años —algo corriente en aquella época—; con ella tuvo cinco hijos varones pues, de su anterior esposa, Magdalena Capó no tuvo descendientes. Su familia era menesterosa y de lo único que podían presumir —asunto aún importante en su época—, era de ser cristianos viejos sin antecedentes de herejía, condena del Santo Oficio o sospechosos de fé, si bien, tampoco les faltaban recursos gracias al buen oficio de don Onofre.

La vida en Mallorca en el siglo XVIII no era sencilla, pues su economía agrícola —principal fuente de subsistencia— se hallaba al albur de las mejores o peores cosechas según los caprichos meteorológicos. En la costa, los marineros y pescadores tampoco lo tenían fácil, pues el Mediterráneo se hallaba infestado de piratas berberiscos que depredaban los buques y que también, saltaban a tierra para robar y arrasar lo que podían y secuestrar personas, sobre todo mujeres jóvenes, bien para su venta en los mercados de Oriente como concubinas destinadas a los harenes turcos, bien para cobrar elevados rescates por ellas, lo que les fuera más rentable. El destino de los hombres era más sombrío salvo que el cautivo fuera un personaje con posibles por el que cobrar una buena redención, pues con suerte, sería degollado y sin ella, pasaría el resto de su vida —nunca más de cinco años— encadenado al banco de una galeota pasando indecibles calamidades al remo, hasta fenecer de consunción.

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Galeota argelina navegando en empopada presta a atacar a una presa. Óleo de A. Cortellini, Museo Naval de Madrid

Desde muy temprana edad Antoni Barceló trabajó como grumete en el jabeque de su padre, que tenía la concesión del Correo Real de Palma a Barcelona y con el que, cuando la ocasión lo requería, ejercía el corso enfrentándose a los merodeadores argelinos que, suministrándose bajo mano en la Menorca inglesa o en Gibraltar, depredaban nuestras costas mediterráneas. En el siglo XVIII el Imperio Español se desmoronaba, aunque aún éramos una potencia formidable e Inglaterra, que luchaba por obtener la supremacía naval, empleaba cualquier medio para conseguirlo, saltándose a su conveniencia todos los acuerdos de paz suscritos entre nuestras naciones.

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Captura del navío de tres puentes británico Stanhope por la fragata de don Blas de Lezo, que en el cuadro ha desarbolado los masteleros de trinquete del enemigo y se prepara para dar una pasada por popa al inglés, con el fin de descargar sobre él toda la artillería de su amura de estribor. Museo Naval, óleo sobre lienzo de Ángel Cortellini

Debo aclarar en este punto que no es lo mismo un corsario que un pirata, los primeros eran armadores de mercantes artillados que recibían armamento, tropas y bastimentos para ejercer misiones temporales al servicio de la Corona bajo una Patente de Corso emitida por S.M. el Rey. La patente de corso pagaba el armamento, la soldada de la infantería embarcada y una pequeña renta al armador que, a su vez, redondeaba sus ingresos con las presas enemigas que conseguía. En cuanto a los piratas o Hermanos de la Costa, se trataba de simples bandoleros oportunistas que buscaban apoderarse de cualquier embarcación, de su contenido o de sus tripulantes, siempre que de ellos pudieran obtener un rendimiento económico por el pago de sus rescates.

Con sólo 18 años Barceló ya era el Patrón del jabeque correo de Barcelona heredado de su padre. El Gobierno local le encargó ejercer de correo con la Península cada quince días, así como ser el bajel que realizara el relevo de las guarniciones militares de las Baleares, manteniéndose disponible para lo que se le ordenara, fijándosele a cambio una contraprestación de 100 pesos de plata pagaderos por la Real Tesorería de Mallorca. Pronto comenzó a distinguirse de manera sobresaliente por sus capacidades navales. El 15 de Julio de 1753 llegó a Palma en una lancha de remos la tripulación y el patrón de un jabeque mercante desarmado que transportaba una carga de hierro y que había sido atacado por dos bajeles argelinos a tres leguas de Palma. Las autoridades dieron orden inmediata de salida de los patrones Barceló y Capó con sus respectivos jabeques, cada uno con 83 marineros y 33 granaderos con sus Oficiales del Regimiento de Palma, concediendo el mando de ambos buques al joven, pero ya experto patrón Barceló. Avistados los piratas, se les dio caza y se entabló el combate hasta llegar al abordaje, con el resultado de la captura del arráez o capitán argelino, de los tripulantes berberiscos que sobrevivieron a la lucha y de sus embarcaciones.

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El jabeque del Capitán Barceló ataca a dos jabeques berberiscos, óleo de A. Cortellini (vista parcial) Museo Naval de Madrid

La brillante acción supuso la promoción de Barceló a Teniente de Navío Graduado, es decir, con los honores del Empleo Militar, pero sin sueldo de la Armada. La recompensa que obtuvo de las presas argelinas permitió a Barceló vender su jabeque por 4.400 pesos y comprar otro mayor, con una tripulación de ochenta marineros y veinticinco granaderos embarcados con su Oficial. Siguió desempeñando su labor de correo, combinada con otras muchas operaciones que se le encomendaban y pronto su valentía multiplicó sus victorias.

En Junio de 1736, Barceló arribó a Palma transportando la usual carga de mercancías y 128 pasajeros, llevando a remolque una galeota argelina. Resultó que a la altura de la desembocadura del Llobregat fue atacado por dos galeotas enemigas a las que hizo frente, logrando con su defensa hacer huir a una de las embarcaciones, para enfrentarse a la otra con sus fuegos de artillería, fusilería y frascos de fuego. El combate fue largo y encarnizado, pues las galeotas eran propiedad nada menos que del Dey de Argel; al final fueron muertos 57 piratas, de los que 24 eran turcos (conocidos por su ferocidad); se hicieron 18 prisioneros, de los que sólo cinco quedaron ilesos, que pasarían a cumplir pena de trabajos forzados en las Maestranzas Navales. Por la parte española sólo hubo seis heridos, uno de ellos don Juan Nicolau, Segundo de Barceló, Oficial que encabezó el piquete de abordaje. En este combate destacó una mujer heroica, pasajera en el jabeque de Barceló que, en lugar de refugiarse bajo la cubierta, se expuso valientemente llevando a los combatientes pólvora, munición y frascos de fuego, arriesgando su vida bajo las descargas enemigas. De ella no se conoce su nombre, tan sólo se sabe que era hija de un boticario llamado Oliver y que estaba casada con un tal Juan de la Sal. También es hecho reseñable que tras el combate, Barceló decidiera regresar a Barcelona en lugar de proseguir hacia Palma, para que se atendiera a los heridos, lo que habla de su gran humanidad.

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Combate entre un galeón español y dos galeras turcas, óleo de Juan de la Corte, Museo Naval de Madrid

Aquella nueva victoria le valió el empleo de Teniente de Navío en propiedad, ingresando de esta forma en el Cuerpo de Oficiales de la Real Armada, con derecho a sueldo y al uso del uniforme militar, gran honor para un hombre iletrado y de baja cuna, en un tiempo en el que para ser oficial naval, aparte de arrojo y sólida formación científica, se requería ser de familia noble.

En 1737 Barceló se casó con Francesca Bonaventura Jaume, de quien tuvo seis descendientes de los que Antoni el primogénito, seguiría los pasos de su padre llegando a Brigadier; Joan y Onofre, fueron canónigos; Francisca y Antonia, profesaron como monjas en el Convento de las Madres Agustinas del Amparo de Palma; y la menor fue Catalina, de la que no he conseguido información sobre su vida.

No todas las órdenes que recibía Barceló eran de su agrado, pues aún a su seguro pesar, por requerimiento de las autoridades Palmesanas hubo de ser parte en el trágico caso de los Romeo y Julieta Mallorquines, tan magníficamente relatado en el capítulo titulado Els Olors, un amor imposible del programa de IB3 TV Un lloc amb Història, cuyos protagonistas fueron doña Isabel Fonts dels Olors i Penyafort, hija de los propietarios de la possessió de igual nombre y don Manuel Bustillos, Capitán del Regimiento de Dragones de Orán y hombre casado, que cayeron perdidamente enamorados, siendo piedra de escándalo en la Mallorca dieciochesca. Los padres de doña Isabel hicieron lo que en aquellos tiempos se estilaba: forzar el ingreso de su hija en un Convento de Clausura y el intrépido Capitán, tomó un imprudente camino propio de novelas de capa y espada: con la ayuda de personas afectas, organizó la fuga de su amada del Convento de la Misericordia de Palma, de noche, vestida de hombre y descolgándose por una cuerda, para después huir al puerto y embarcarse al amanecer en el ganguil francés Sainte Marie de la Garde, que previamente había apalabrado.

Descubierta la fuga y ante tan inmoral comportamiento, la reacción de las autoridades fue presta y ordenaron a Barceló la captura de los fugitivos, logrando detenerlos a treinta millas al SE de Cartagena, apenas rozando el éxito en su aventura. Trájolos de vuelta a Palma para que enfrentaran su trágico destino: el Capitán Bustillos fue sometido a Consejo de Guerra sumarísimo y condenado a muerte por decapitación; la suerte de la infortunada Isabel no fue mejor, pues quedó confinada de por vida en la clausura de su convento, en régimen de aislamiento absoluto en su celda, pudiendo ser sólo visitada por sus padres, sin que se le permitiera hablar o tratar con nadie más. Por si fuera poca la pena impuesta, también fue sometida al terrible castigo de pasar dos días a la semana a pan, agua y disciplinas (latigazos); aún así, doña Isabel sobrevivió cuarenta años a su amado Capitán, hasta que un 4 de Mayo, día en el que se cumplía el aniversario de la muerte de su amado, presa de melancolía y de desesperación se suicidó ahorcándose en su celda. Terrible final para tan romántica historia de amor.

Barceló, que como todo buen marino era un hombre muy religioso, también debió de cumplir con otras órdenes especialmente penosas para su espíritu, como fue la de transportar hasta Bonifacio (Córcega) a los Jesuitas expulsados de España por órdenes de S.M. el Rey Carlos-III, debido a su implicación en el Motín de Esquilache.

En 1748 se desató una terrible hambruna en Palma y en el resto de Mallorca, varios años de sequías y malas cosechas habían causado que la población no tuviera con qué alimentarse, motivo por el que las Autoridades racionaron el poco trigo disponible, lo que provocó una gran mortandad entre las personas débiles o enfermas y, a la vez, robos violentos y motines del pueblo hambriento. Ante la desesperada situación, don Juan de Castro, a la sazón Capitán General de Baleares, ordenó a Barceló su rauda partida a Barcelona con el fin de cargar todos los bastimentos de boca que pudiera conseguir. Barceló cumplió su misión en un tiempo récord, regresando con su jabeque cargado a su máxima capacidad, de tal modo que ni siquiera embarcó agua para el regreso, con el fin de que sus hombres efectuaran la travesía con la mayor celeridad y así poder transportar el máximo de alimentos. Puede imaginarse el contento de los habitantes de Palma y del resto de la isla, cuando gracias a este viaje de Barceló se alivió la hambruna y se levantó el racionamiento, lo que le convirtió en todo un ídolo de los mallorquines, que en parte ya lo era.

Su actividad naval continuó incansable, lo mismo que sus victorias y ascensos en el escalafón de la Armada Real, hasta el punto de ser llamado a la Corte de Madrid, para recibir a título personal la felicitación de S.M. el Rey Carlos-III y una condecoración. Al mando ya de una flotilla de jabeques, participó en numerosas operaciones: el bloqueo de Gibraltar, los ataques y toma de Orán (Argelia), sus acciones de castigo contra las flotas berberiscas . . . algo que hacía con entusiasmo cuando otros en sus circunstancias y edad, se hubieran ya retirado para disfrutar de la fortuna alcanzada con sus presas.

Pero Barceló era un extraordinario personaje, su capacidad táctica era sobresaliente y logró convencer al Rey de que el jabeque era una embarcación ideal para las operaciones navales en el Mediterráneo, por lo que se ordenó la construcción de cien unidades, de las que cincuenta de ellas logró Barceló que se construyeran en los astilleros de Palma, participando en su diseño. Cuando los fondos se agotaron por la escasez del Tesoro, se detuvo la construcción de jabeques, sin embargo, Barceló financió de su propio bolsillo 2.000 pesos de oro para que los carpinteros de ribera mantuvieran su trabajo y así poder terminarlos.

A pesar de su gran valía, el ya Capitán de Navío Barceló, por sus rudas formas de marinero y su escasa instrucción científica, era tratado con displicencia por sus pares de origen noble, dónde seguro que también habría cierta dosis de envidia por sus logros y por los honores reales conseguidos siendo plebeyo. Por contra, sus tripulaciones y conciudadanos lo adoraban.

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Sextante español del siglo XVIII

Su ingenio le llevó a inventar una nueva y poderosa arma naval con la que suplió la inferioridad artillera de la Real Armada: la lancha cañonera de remos y vela que, cuando la propuso, fue tachada de inviable por sus compañeros de armas, al creer que el peso y el retroceso del potente cañón de a 24 libras que artillaba provocaría su hundimiento. No arredrándose ante ello, pagó las dos primeras lanchas de su pecunio. Téngase en cuenta que en el siglo XVIII, los pesados cañones de a 24 libras sólo se montaban en los grandes navíos de línea de tres o más puentes y de 70 cañones para arriba. La primera vez que los oficiales de la Royal Navy vieron esas lanchas también tuvieron un ataque de risa, risa que se transformó en mueca de espanto —según reconoció el propio Capitán de Navío Sayer de la Royal Navy—, cuando comprobaron en carne propia su terrible efectividad. Estas lanchas eran pequeñas, maniobreras y muy veloces, atacaban de noche buscando las popas de las fragatas inglesas (menos protegidas que los costados), de tal forma que al recibir un cañonazo, la bala barría sus cubiertas de popa a proa, causando grandes destrozos. Tras el disparo de su única pieza, las cañoneras cambiaban de posición para recargar, lo que les permitía eludir el fuego de contrabatería del inglés, que disparaba hacia donde había visto los destellos de los cañonazos, incapaces de acertar de noche y entre el oleaje a un blanco tan móvil y diminuto.

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Lancha cañonera de Barceló, en la que no se representa su verga, ni su vela. Museo Naval de Madrid

Siguió Barceló patrullando nuestros mares en continua lucha, ora contra el inglés, ora contra los temibles berberiscos, alcanzando en 1762 otro sonado éxito, logrado a costa  de recibir una herida que pudo causarle la muerte. En dura batalla contra tres jabeques argelinos, en la que los derrotó e hizo 160 prisioneros, entre otros a su tristemente célebre Capitán Selim; Barceló, siempre dirigiendo el combate desde los puestos de mayor riesgo y fatiga, tal como establecen las Ordenanzas, recibió un disparo de mosquete desde una cofa, que le atravesó la cara por dos lugares deformándosela y cuya bala se alojó en su espalda; por escasos centímetros el proyectil no interesó órgano vital alguno, pero Barceló quedó muy malherido y aún así, no permitió que se le retirara del combate hasta que terminara.

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El Capitán Barceló dirige la acción blandiendo el sable y tocado con su bicornio naval desde su Puesto de Mando en el alcázar de su jabeque. Óleo de A. Cortellini (fragmento), Museo Naval de Madrid

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Piratas berberiscos hacen fuego desde la toldilla de su jabeque. Museo Naval de Madrid, pintura al óleo de A. Cortellini (fragmento).

Recuperado de su grave herida, prosiguió incansable su actividad, recibiendo en Enero de 1775 el ascenso a Brigadier (Contralmirante hoy en día), aunque su subida al rango de los Oficiales Generales de la Armada comenzó a acarrearle problemas de índole político. Aún así, recibió el mando de varias escuadras, participando en el socorro a la ciudad de Melilla y en las infructuosas intentonas de asalto a Argel, donde se le dio el mando de las operaciones navales, pero no de las terrestres, para las que fue designado el mediocre General O´Reilly, intervención que se saldó con un gran fracaso y numerosas bajas propias en el primer ataque; en el segundo, retirado ya O´Reilly del mando y tras ardua lucha, se logró forzar un acuerdo de paz con Argel y Túnez, que fue de corta vida.

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Todas la guerras son terribles y en este fragmento del óleo de Antonio de Brugada que representa el combate del Cabo de San Vicente entre las escuadras española e inglesa, se aprecia en toda su crudeza la lucha entre los tripulantes de dos lanchas de recogida de naúfragos, que se acometen y acuchillan con pistolas, chuzos, hachas de abordaje, remos y todo objeto contundente que hallan a mano. Museo Naval de Madrid.

Por sus acciones tras los bloqueos a Gibraltar, S.M. el Rey Carlos-III le concedió la efectividad, sueldo y honores del Grado de Teniente General de la Real Armada que ya ostentaba y, además, lo condecoró con la Orden de Carlos-III, distinción a pocos otorgada. Para aquel entonces, Barceló contaba ya con 73 años de edad. De aquellos tiempos son unas típicas coplillas gaditanas que hablan de su popularidad y que rezaban así:

Si el Rey de España tuviera / cuatro como Barceló / Gibraltar sería español / que de los ingleses no.

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Lanchas cañoneras de la Armada participan en el bloqueo y bombardeo de Gibraltar. Museo Naval de Madrid

A pesar de su avanzada edad, Barceló recibió el mando de una escuadra con instrucciones de lograr el levantamiento del cerco de Ceuta por parte de los Marroquíes, también se le ordenó el bombardeo de Tánger como represalia. A su llegada, las operaciones militares habían concluido y se anunció la llegada a Madrid de unos enviados del Sultán con el deseo de negociar la paz. Receloso Barceló de las intenciones de los musulmanes, a los que tan bien conocía, decidió quedarse en Ceuta revisando y reforzando sus defensas por si el acuerdo de paz no se formalizaba, cumpliéndose al poco su premonición.

La guerra volvió a declararse y a causa de las intrigas políticas, no recibió Barceló el mando de la Escuadra; molesto por la injusta discriminación, se quejó ante el Rey, el cual ordenó que se le retornara el mando. Aquel invierno fue muy duro con continuos temporales de Levante, que obligaron a la escuadra a mantenerse en sus puertos; aparte de ello, el Sultán de Marruecos murió en lucha fraticida contra su hermano. La falta de operaciones motivó la disolución de la escuadra, pero como el problema con Marruecos seguía sin ser resuelto, al poco volvería la guerra y de nuevo, las intrigas apartarían a Barceló de su más que ganado derecho a mandar la Escuadra del Estrecho y éste, dolorido por una injusticia más perpetrada contra su persona, decidió retirarse a su querida Palma, donde tras una vida plena, rindió su alma al Señor el 30 de Enero de 1797, a la edad de 80 años.

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Combate del navío Glorioso contra el navío inglés Dartmouth, óleo de A. Cortellini, Museo Naval de Madrid

En cumplimiento de su última voluntad y acompañado por el duelo de sus conciudadanos, Antonio Barceló fue enterrado en la Capilla de San Antonio de la Iglesia de la Santa Creu, la del antiguo barrio marinero de Palma, donde aún descansa. En su lápida se lee:

Teniente General y heroico marino. Hijo el más ilustre de Mallorca en su siglo. Luchó tenaz y victoriosamente contra los piratas africanos y demás enemigos de España. Respetado por todos, dominó con su pericia y hazañas nuestro mar. Piadoso feligrés y espléndido protector de esta parroquia, costeó el retablo del Altar Mayor y el de esta capilla donde yace sepultado.

No fue hasta el año 1971 en que el pueblo de Palma decidió ¡al fin! conmemorar al valiente Barceló con una media estatua de bronce sobre una peana de piedra, con la inscripción: Al Patrón don Antonio Barceló, Teniente General de la Real Armada, 1717-1797. El monumento se encuentra hoy en el Paseo Marítimo, frente a la entrada al Club de Mar, aunque inicialmente estuvo ubicado en el Muelle de Poniente.

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Monumento a Antonio Barceló, frente a la entrada del Club de Mar de Palma. Fuente: Wikimedia Commons.

Cuántos en nuestra Historia han sido como Barceló, que tras haberlo dado todo por su patria, se han visto relegados al olvido. Por ello, os pido que cuando paséis por el Club de Mar, miréis con agradecimiento a la efigie de este ilustre hijo de Palma, pensando que Mallorca existe como es hoy gracias a hombres generosos y nobles de corazón como nuestro Capitá Toni. El próximo 1 de Enero de 2017 se cumplirá el tricentenario de su nacimiento y, estoy tristemente convencido de que, con la salvedad de nuestra Armada, una vez más, los politiqueos y nuestra ingrata memoria, harán que el aniversario pase casi desapercibido.

Galería de imágenes (pulsad sobre cualquier foto para ver la serie):

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Si alguno deseara profundizar en el personaje, le recomiendo leer el libro Antonio Barceló, mucho más que un gran corsario, del Historiador Naval don Agustín Rodríguez González, Editorial Edaf, ISBN: 978-84-414-3701-2, ganador del XIV Premio Algaba (2016).

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Créditos: Fotografías tomadas por el autor en el Museo Naval de Madrid, salvo especificación en contrario; artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

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