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La belleza es la otra forma de la verdad. Alejandro Casona, escritor y autor teatral de la Generación del 27.

Fornalutx fue en su origen una alquería musulmana del siglo XII, enclavada en un valle que nace en las alturas del Puig Mayor y llega hasta Sóller; tiene agua abundante y laderas pobladas de fincas de naranjos, limoneros, olivos, almendros, cipreses y otros cultivos. Hoy día Fornalutx forma un conjunto urbano alargado, que se desarrolla en la margen derecha del barranco que discurre por el fondo del valle, así como a ambos lados de sus vaguadas tributarias. Tras la conquista de Mallorca por Don Jaime-I el Conquistador, Rey de Aragón, formó parte de Sóller y así se mantuvo hasta 1837, año en el que recibió el estatus de municipio independiente.

Su urbanismo es armónico, de estrechas calles empedradas y cuidada Arquitectura del tipo conocido como rústico mallorquín, con predominio de residencias construidas con fábricas de mampostería irregular de piedra caliza y cubiertas de teja árabe, que le aportan el característico aspecto montañés tan propio de las localidades de la Sierra de Tramontana. Gracias a su buena conservación y al cuidado con que sus habitantes preservan su esencia, Fornalutx ha recibido numerosos premios y es citado con frecuencia entre los pueblos más bonitos de España. La tranquilidad que respiran sus calles y la belleza de su entorno,  atrajo a numerosos residentes extranjeros que en la actualidad son ya el 25% del censo total de población.

Los edificios más notables que posee son la Iglesia de la Nativitat de la Mare de Déu, situada sobre la actual Plaza de España, cuyas obras se iniciaron en 1230, justo después de la conquista cristiana de Mallorca, para  concluir en 1639 con la configuración que hoy día conserva, de estilo gótico un tanto tardío. También es reseñable la Torre almenada de Can Arbona, que data del siglo XVII y hoy forma parte de las dependencias del Ayuntamiento; fue construida como bastión defensivo frente a los ataques de los piratas de Berbería, que con recurrencia asolaban las costas mallorquinas en busca de botín y de mujeres jóvenes, con el fin de ser vendidas en los serrallos de Oriente al mejor postor.

La visita a Fornalutx es sin duda recomendable, así como a Biniaraix, encantador llogaret* que se encuentra muy cerca del anterior, si bien deseo advertir a los potenciales viajeros que los limitados accesos y las estrechas calles de ambas localidades, condicionan la visita en plena temporada turística. Madrugar mucho es lo que aconsejo a los interesados, sobre todos a aquellos que procedan de localidades alejadas.

(*) Llogaret: Pequeña agrupación de casas de carácter rústico que no son municipio independiente. También podría traducirse por pedanía o aldea.

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Campos de olivos en la Serra de Tramuntana en las proximidades de Fornalutx.

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Olivera (olivo) en la Serra de Tramuntana, cerca de Fornalutx, al fondo de la imagen se aprecia de forma parcial el pueblo de Sóller.

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Marges o bancales destinados a la plantación de frutales en una de las laderas de acceso.

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Vista parcial de Fornalutx y su valle.

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Vista parcial de Fornalutx, a la izquierda se encuentra la Torre almenada de Can Arbona.

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Detalle de las almenas terminadas en punta de diamante en la coronación de la Torre de Can Arbona (actual Ayuntamiento).

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Vista parcial de Fornalutx.

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Entre finales de Enero y Febrero florecen los almendros del valle de Fornalutx regalándonos vistas de gran belleza.

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Sa Font Des Pujol, fuente pública de la que pende el cacillo para refrescarse.

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Bonitas aldabas con forma de manos femeninas fundidas en bronce.

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Calle típica de Fornalutx con acceso a una vivienda y su establo.

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Galería cubierta con arcos carpaneles sobre columnas de fuste liso abombado y patio de acceso a una vivienda.

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Zaguán de acceso a una vivienda con vistas hacia el barranco.

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Terraza de una residencia particular con su buen emparrado para sombra y estupendas vistas al valle.

Créditos: Fotografías y artículo del autor publicado bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

Para ver las imágenes como galería haced click sobre cualquiera de ellas.

 

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Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría”. Proverbio árabe.

El próximo día 23 de Abril se celebra el Día del Llibre coincidiendo con la festividad de Sant Jordi y no se me ocurre mejor momento que sus vísperas para emitir mi reseña sobre Els darreres de l´illa. Literatura de viatges i les Illes Balears, de Sebastià Perelló.

Recibí este libro de la Librería Agapea, como parte de la Campaña de Fomento de la Lectura que el Gremi de Llibreters de Mallorca ha organizado este año 2.015 en colaboración con Mallorcablogs, la Asociación de blogueros de Mallorca a la que pertenezco. Nuestra participación es desinteresada y voluntaria: las librerías asociadas a la campaña nos ceden un libro para que, tras leerlo, hagamos una reseña y la publiquemos en nuestros blogs.

Sebastià Perelló, el autor, filósofo de formación, ha publicado varios volúmenes de narraciones y también se dedica a la crítica literaria. El subtítulo de su relato escrito en mallorquín Literatura de viatges i les Illes Balears, define bien el contenido que desgrana en algo más de cien páginas. Se trata, en realidad, de la unión de dos extensos artículos que en el año 2.006 publicó en la revista Lluc, a los que añadió una introducción.  Los buenos libros, como las buenas casas, nunca muestran desde el principio su mérito y éste no es una excepción, aunque enseguida engancha.

Tras una completa reseña histórica, entra de lleno en las diferentes visiones que sobre las Islas Baleares han venido dando los escritores de viajes, desde Al-Maqqari a Robert Graves, pasando por George Sand, El Archiduque Luis Salvador de Habsburgo-Lorena, Jovellanos, Josep Plá, Santiago Rusiñol y muchos otros que nombra con profusión de detalles.

A las Baleares en la antigüedad se las veía como lugar mágico, habitadas por extraños seres de prodigioso primitivismo, tierra alejada, de hábiles honderos —foners— que se integraron en los ejércitos púnicos en su resistencia contra Roma y en tiempos, refugio de peligrosos piratas. Lugar también de exilio de personajes incómodos, la relegatio in insulam de los romanos, siendo en el imaginario popular lugar de paso y de llegada, fin del viaje y punto de partida a la vez.

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La conquista de Mallorca por las tropas aragonesas del Rey don Jaime-I, El Conquistador, supone una inflexión cultural que marcará en adelante la Historia de las Baleares, que nunca más serán refugio de corsarios sarracenos y se transformarán en una sociedad cristiana occidental, a la par de lo que sucedía en el resto de Europa.

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En el siglo XVIII, edad de oro de la literatura geográfica, apareció el viajero ilustrado que se trasladaba por el placer intelectual de conocer el mundo y ensanchar el horizonte de las Ciencias, mediante la investigación científica amparada por la luz de la Razón. Y aunque las Baleares quedaron un poco al margen de los grandes viajes de los ilustrados, bajo sus ojos representaban una suerte de paraísos perdidos que solo el pensamiento podía recuperar. Su situación apartada de las grandes rutas, las convirtieron en una suerte de reserva imaginaria en las que aún se conservaban cualidades míticas que se habían perdido en el continente.

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El XIX trajo el romanticismo y con él, el gusto por el Orientalismo y el exotismo de Sur. Las Baleares, en su singularidad, vinieron a ocupar el lugar, cercano pero remoto a la vez, en el que encontrar, merced a su salvaje Naturaleza, el refugio y la evasión buscada por los espíritus sensibles: un mundo original y aún incontaminado. El viajero romántico, en contra de la visión científica de los ilustrados, ponía el énfasis en la aventura y en la Naturaleza, en los paisajes primigenios y en las ruinas, como imagen de la fugacidad del tiempo. Aunque en muchas ocasiones, caso de la escritora —Georges Sand—, lo que encontraban era una sociedad cerrada y conservadora que en nada se parecía a la idea imaginada de exotismo oriental que se habían pintado. Pero la magia, el misticismo y la fuerte atracción del idílico aislamiento insular a punto de desaparecer, dejaron su impronta en los viajeros.

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Los inicios del XX trajeron la revolución del transporte y la cada vez mayor facilidad de acceso, comenzó a fraguarse lo que es el turismo tal como lo conocemos hoy y la tan denostada balearización,  desastre turístico de nuestras costas. En este punto del libro, el autor destila una suerte de melancolía por todo lo que dicho fenómeno se ha llevado consigo; este sentimiento está más que justificado —hay que decirlo—, aunque según mi parecer, habría que circunscribirlo más a las zonas costeras de turismo masivo, que al interior de Mallorca y del resto de islas donde, en general, se mantienen o recuperan —cada vez mejor— estructuras urbanas y tradiciones que evolucionan inevitablemente con los tiempos que nos toca vivir.

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En definitiva una visión muy interesante, apasionada y algo dolida —sentimiento y pasión van unidos— de la evolución de las Baleares y de cómo las islas fueron y son vistas por los viajeros que recibimos, los de verdad, los que van más allá de las meras fachadas de los iconos turísticos. Aquellos que, como Rubén Darío, tras conocer Mallorca, escribe “Hay en mi un griego antiguo que aquí descansó un día, después de que le dejaran loco de melodía las sirenas rosadas que atrajeron su barca.

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Els darrers de l´illa. Literatura de viatges i les illes Balears.

Sebastià Perelló 2.014

Lleonard Muntaner, Editor

ISBN: 978-84-16116-09-06

Librería colaboradora: Agapea, C/ Marqués de Fontsanta, 6, Palma de Mallorca.

Nota del autor: Reseña escrita por www.perdidoenmallorca.com bajo las premisas del Código de Confianza C3C.

C3C

Créditos: Fotografías del autor o de Wikimedia Commons, salvo otra autoría especificada en la imagen.

“Tiene una belleza discreta, una paz lenta, cae sobre la tierra, es mágica . . . La amo porque creo que no cambiará nunca y aquí me siento como en casa”. Sybilla Sorondo, diseñadora de moda

Fotos: Espectaculares los almendros mallorquines en plena floración. Pulsar para ampliar.

Cuando me dijeron que el sobrenombre de Mallorca era Isla de la Calma, pensé que me tomaban el pelo. Cualquiera que haya pasado por el Aeropuerto de Son San Joan entre Junio y Septiembre, habrá comprobado que aquello es un preludio de todo menos de calma. Después, lo comprueba en los abarrotados centros turísticos, en las calas con exceso de cemento sobre la costa y de barcos en la mar.

Más un viajero nunca se conforma con la primera impresión, entiende que nadie desvela sus secretos sin antes conocerse un poco, sin que medie un interés sincero capaz de abrir los sentidos y el espíritu.

Es entonces cuando surge esa otra isla de tradiciones antiguas preservadas con celo en sus pueblos del interior, con sus viviendas de sobria arquitectura y sus empinadas calles revestidas de piedra de marés. Pueblos de gente amable que en sus jardines planta buganvillas, viñas, olivos, almendros, algarrobos, cipreses y palmeras, bajo cielos de profundo azul que se pierden en una mar siempre cambiante.

Recorrer Mallorca fuera de temporada es un privilegio y el sueño cumplido del viajero que, sin que sin haberse dado cuenta, ya se halla irremisiblemente perdido por la Isla de la Calma.

¿Vamos?

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