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Navega velero mío sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor“. José de Espronceda, Canción del Pirata.

Toda la jornada había sido muy fresca, con el cielo gris plomizo encapotado de nubes bajas y chubascos frecuentes que iban y venían. Eolo contribuía impulsando fuertes rachas de tramontana.

Primavera, uno de esos pocos días que salen desagradables, en los que lo único que apetece es quedarse a cubierto y esperar a que escampe, o a que la siguiente jornada sea más tranquila. Mas sin saber muy bien por qué, me encaminé hacia el Suroeste de la isla bajo fuertes rociones de lluvia.

Llegando a Port Adriano una leve claridad comenzó a dibujarse en el horizonte, al poco, cesó el aguacero y el cielo se abrió. Bajo una atmósfera asombrosamente clara y transparente, Mallorca —una vez más— nos regaló una bellísima puesta de sol a aquellos afortunados testigos que estábamos allí y pudimos admirarla.

Con vosotros la comparto.

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Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike (se pueden compartir sin modificarlas indicando el autor). Para ver las fotos en mayor tamaño, pulsad sobre ellas.

“Tiene una belleza discreta, una paz lenta, cae sobre la tierra, es mágica . . . La amo porque creo que no cambiará nunca y aquí me siento como en casa”. Sybilla Sorondo, diseñadora de moda

Fotos: Espectaculares los almendros mallorquines en plena floración. Pulsar para ampliar.

Cuando me dijeron que el sobrenombre de Mallorca era Isla de la Calma, pensé que me tomaban el pelo. Cualquiera que haya pasado por el Aeropuerto de Son San Joan entre Junio y Septiembre, habrá comprobado que aquello es un preludio de todo menos de calma. Después, lo comprueba en los abarrotados centros turísticos, en las calas con exceso de cemento sobre la costa y de barcos en la mar.

Más un viajero nunca se conforma con la primera impresión, entiende que nadie desvela sus secretos sin antes conocerse un poco, sin que medie un interés sincero capaz de abrir los sentidos y el espíritu.

Es entonces cuando surge esa otra isla de tradiciones antiguas preservadas con celo en sus pueblos del interior, con sus viviendas de sobria arquitectura y sus empinadas calles revestidas de piedra de marés. Pueblos de gente amable que en sus jardines planta buganvillas, viñas, olivos, almendros, algarrobos, cipreses y palmeras, bajo cielos de profundo azul que se pierden en una mar siempre cambiante.

Recorrer Mallorca fuera de temporada es un privilegio y el sueño cumplido del viajero que, sin que sin haberse dado cuenta, ya se halla irremisiblemente perdido por la Isla de la Calma.

¿Vamos?

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