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Ahora entiendo que mi bienestar sólo es posible si reconozco mi unidad con todos los pueblos del mundo sin excepción“. Conde Lev Nikoláievich Tolstói (León Tolstoi), escritor ruso.

Hace un par de fines de semana paseaba a media noche por la Plaza Mayor de Palma aprovechando la agradable temperatura. Aunque la mayor parte del día había sido gris y lluvioso, caminaba contento pues desde muy temprano había estado haciendo fotografías y, a pesar de que la luz y las condiciones climáticas hubieran estado lejos de ser las ideales,  pensaba que había logrado unas cuantas tomas aceptables de los islotes que jalonan la costa Sureste de Mallorca.

Siempre llevo una cámara en la mano, me da la oportunidad de poder fotografiar lo inesperado y precisamente, eso me sucedió aquella noche. Al entrar en la Plaza Mayor escuché música sudamericana y enseguida, vi a un grupo de unos 200 ecuatorianos en procesión portando un pequeño paso con una imagen del Niño Jesús bajo palio.

Ecuatorianos_02Ecuatorianos_07La imagen iba rodeada de personas y en su frente, un grupo folclórico bailaba de forma festiva; a la cabeza del grupo un hombre con ropa talar sostenía esta pancarta:

Ecuatorianos_08Casi todos los bailarines eran chicas adolescentes que se movían con gracejo juvenil, volteando tanto sus trenzas, como las faldas de sus coloridos atuendos, a la vez que nos regalaban una gran profusión de sonrisas. Los pocos turistas que por allí deambulaban contemplaban la comitiva entre extrañados y divertidos, quizá sin llegar a entender que tan tarde pudiera permitirse una celebración con acompañamiento musical que sin ser escandaloso,  se amplificaba bastante en el interior de la plaza. En cualquier caso, el ambiente era alegre y distendido.

Ecuatorianos_01Ecuatorianos_03Ecuatorianos_05Ecuatorianos_06Varios espectadores de entre los que allí estábamos grababan con sus teléfonos a los participantes, incluyendo a sus propios paisanos, que no querían perderse el momento para poder enviarlo a sus familiares en Ecuador, país que como ellos mismos definen, se encuentra en el ombligo [geográfico] del mundo.

Ecuatorianos_04Centrado en tomar fotos no logré enterarme de la razón de la procesión, craso error por mi parte para un reportaje de cierto valor documental. El caso es que me gustó ver que entre los celebrantes, había inmigrantes ecuatorianos de dos generaciones y que todos parecían perfectamente integrados en nuestra sociedad. Si se radicaron aquí es porque fueron necesarios para cubrir los puestos que quedaban desiertos en tiempos de bonanza y también, no lo olvidemos, porque necesitaron encontrar un futuro que en su país no podían conseguir para mantenerse con dignidad.

Y apenado viendo lo que sucede estos días en Cataluña, pienso en las sabias palabras de Tolstoi que encabezan este artículo, esperando que pronto entendamos su razón.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor publicado bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

Miembro de Baleares Travel Bloggers.

BTB

 

 

 

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Cada objeto tiene su belleza, pero no todos saben apreciarla. Confucio (Kung FuTse) filósofo chino.

Hacia el final de la Baja Edad Media, tiempos en los que Europa Occidental salía de los llamados años oscuros, en el Lejano Oriente la Dinastía Ming (1368-1644) se hallaba en pleno apogeo. En este periodo, la antigua China conoció un notable esplendor fundamentado en su preeminencia militar y en su poder económico, los cuales impulsaron el desarrollo y florecimiento de su sociedad. Este ciclo tan rico para las Artes, como tan poco conocido en España, se nos presenta en Caixa Forum Palma, en la exposición  Ming, el Imperio Dorado“.  

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Tropas imperiales desplazándose por una vía fluvial y por tierra.

Da Ming significa en chino Gran Resplandor, durante 276 años dieciséis emperadores de la familia Zhu gobernaron a 175 millones de súbditos, tras lograr derrotar a los Yuan, dinastía precedente que fue fundada por los mongoles. En sus primeros tiempos, periodo Hongwu o Marcial, consolidaron las fronteras del Imperio con su capacidad militar con el fin de desarrollar el comercio y lograr vías de comunicación seguras que establecieran relaciones entre todos los rincones del territorio, lo que llevó al crecimiento de sus ciudades e incremento de su población gracias a la seguridad económica. La estabilidad imperial se fundamentó en los valores de la cultura china tradicional: la familia y la jerarquía; gracias a este salto social se creó el caldo de cultivo en el que la Filosofía, las Artes y la Economía germinaron de manera extraordinaria, lo que de forma paradójica condujo al final de los Ming, como más adelante se verá.

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Las tres perfecciones, durante Dinastía Ming los verdaderos artistas debían dominar la poesía, la caligrafía y la pintura.

Como se ha dicho, la Sociedad Ming se basaba en las clases y jerarquías, a saber Militares, Funcionarios, Comerciantes, Artesanos y Campesinos. Los gustos, aficiones e intereses de los altos funcionarios se consideraban que eran el paradigma del refinamiento chino en este periodo.

Los Ming ejercieron el gobierno de sus territorios mediante un sistema centralizado en cuya cúpula se hallaba el emperador y su familia. La administración militar se entregó a los Generales más capacitados del Ejército Imperial y la civil, fue desempeñada por un cuerpo de hábiles Administradores Regionales o Mandarines, cuya elección dependía de aprobar una suerte de difícil oposición llamada jinshi, que servía para seleccionar sólo a los mejores entre sus élites.

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Retrato de alto funcionario del periodo Wanli. Habitualmente la pintura y la caligrafía estaban al mismo nivel y eran realizadas por el mismo artista, en el presente caso, se ensalzan las virtudes del Administrador.

El papel de la mujer en la sociedad Ming se consideraba de gran importancia dentro de la familia, como pilar alrededor del cual giraba la vida doméstica, reconociéndose como virtudes tradicionales su discreción, castidad y . . . subordinación al varón. Su vida debía regirse por la regla confucionista de Las Tres Obediencias, estricta convención moral según la cual, la mujer debía vivir obedeciendo a su padre hasta el momento del matrimonio, después a su marido y por último a su hijo; además, el concubinato era también un uso corriente. Esta situación de tan difícil aceptación para una mente occidental de hoy día, es la que narró el gran director chino Zang Yimou, en su maravillosa película La Linterna Roja, disponible íntegra en You Tube, en versión original china con subtítulos en español.

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Mujeres ociosas de clase alta de una antigua dinastía. Fragmento de pintura en rollo horizontal de papel de arroz sin firmar, comienzos del periodo Quing

El lujo de la vida de las clases pudientes elevó a las Artes a cotas de excelencia en los campos de la cerámica, la pintura, el brocado, los objetos decorativos, la caligrafía, la pintura, la música, el mobiliario, la construcción, la cartografía, . . .   

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La pintura paisajista y la caligrafía alcanzaron cotas desconocidas durante el reinado de los Ming.

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Útiles de caligrafía, se consideraba de la misma importancia saber crear con la pintura el ambiente adecuado, como adornarla con poemas y descripciones que liberaran los sentidos.

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Patos mandarines con lotos (fragmento), de Zhou Zhimian, finales del periodo Ming.

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Mapa del sinfín de países del Mundo, versión dibujada a mano del mapa del jesuita italiano Matteo Ricci de 1602 que contiene el compendio de conocimientos geográficos de los europeos y chinos de la época, ordenado confeccionar por el Emperador Wanli hacia el final de la Dinastía Ming.

El Emperador era conocido con el sobrenombre de Hijo del Cielo, auténtico demiurgo intermediario entre la divinidad y los hombres, por dicha causa, su figura se hallaba sometida a numerosos rituales de reafirmación de su poder, que se celebraban en diferentes templos y estaciones del año, en los que se invocaba al Cielo, a la Tierra, al Sol, a la Luna y a los Ancestros. Los inciensarios empleados en los sahumerios asociados a estas prácticas eran de gran riqueza, pudiendo contemplarse varias piezas en la exposición.

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Inciensiario de cobre dorado y esmaltado, decorado con el carácter chino “shou”, longevidad.

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Inciensiario de cobre dorado y esmaltado en forma de Ding, comienzos de la Dinastía Ming, su posesión señalaba el alto estatus del propietario.

A pesar del celo con el que los Ming protegían las fronteras del imperio, su expansión comercial dio a conocer al mundo la riqueza de sus sedas y productos decorativos, que pronto llegaron a ser apreciados como cotizados productos de lujo en Japón y en Europa, traídos de la mano de los navegantes portugueses por la ruta del Este (o de las especias) y de sus pares españoles, por la del Oeste, gracias al descubrimiento por Magallanes del estrecho que en la Patagonia lleva su nombre y que abrió a nuestros compatriotas la ruta austral hacia el Océano Pacífico. El contacto entre culturas tan diferentes, consideradas bárbaras por los chinos, así como la avidez de sus comerciantes y funcionarios por la plata japonesa y europea, debida a las enormes riquezas que les proporcionaba y, la presión político-comercial ejercida por los Adelantados europeos, fue el desencadenante de la corrupción y declive del Imperio, pero esa es ya otra Historia . . . Si desearais profundizar en ella de forma entretenida, os recomiendo la lectura de la novela La Caja China, de Jesús Maeso de la Torre, Editorial S.A. Ediciones B, ISBN 9788466656771.

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La cerámica y su decoración alcanzó cotas de elevado refinamiento durante la Dinastía Ming.

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Jarrones y tibores de cerámica blanca decorada con dibujos azules son los que nos resultan más conocidos, pues formaban parte de las preciadas mercancías que se trasladaban a España en nuestros Galeones de Manila.

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La Ciudad de Piedra después de la Nieve, panel de seda bordada al estilo Gu que representa la antigua ciudad fortificada que originó Nankín. Final del periodo Ming.

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Ming, El Imperio Dorado, en Caixa Forum Palma, Pza. Weyler, 3, (edificio del antiguo Gran Hotel), Palma de Mallorca. Hasta el 19 de Febrero de 2017, en horario de 10 a 20 h de lunes a sábado y de 11 a 14 h domingos y festivos. Precio de la entrada general 4 €, clientes y accionistas de La Caixa acceso gratuito.

La muestra incluye más de cien objetos de las colecciones del Museo de Nanjing, China, como singulares cerámicas Ming, pinturas de algunos de los artistas más prestigiosos de la época, joyas y esmaltes, textiles y porcelanas que nunca antes han sido vistas en España. Según afirmaciones de Lumin Huang, Director Adjunto del Museo de Nanjing, “son tesoros excepcionales del Patrimonio Chino y muchos de ellos no habían salido del país antes de esta exposición“.

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Caixa Forum Palma situado en el edificio que fue del antiguo Gran Hotel de Ciutat

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A la mar me voy, mis hechos dirán quién soy”, Refrán popular.

De origen humilde, modales toscos, prácticamente analfabeto, medio sordo y poco agraciado físicamente, Antoni Barceló y Pont de la Terra llegó a ser Teniente General de la Real Armada y en el Museo Naval de Madrid se conmemora su figura en la Sala dedicada al siglo XVIII, junto a la de otros grandes marinos españoles de la Ilustración, como Blas de Lezo, Jorge Juan, el Marqués de la Ensenada, Cosme Churruca, Alcalá Galiano o Alejandro Malaspina. Con este artículo, me gustaría honrar su figura tan asombrosa, como poco conocida.

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Don Antonio Barceló y Pont de la Terra, Teniente General de la Real Armada, óleo anónimo, Museo Naval de Madrid.

Nació en la casa familiar del Carrer del Ví (calle del Vino), del Barrio del Puig de Sant Pere de Palma, casi despuntando el alba del 1 de Enero de 1717, siendo bautizado al día siguiente en la Parroquia de la Santa Creu. Su padre Onofre Barceló era ya un veterano patrón mercante de 40 años, que casó en segundas nupcias con Francisca Pont de la Terra cuando ésta tan sólo contaba con sólo quince años —algo corriente en aquella época—; con ella tuvo cinco hijos varones pues, de su anterior esposa Magdalena Capó no tuvo descendientes. Su familia era menesterosa y de lo único que podían presumir —asunto aún importante en su época—, era de ser cristianos viejos sin antecedentes de herejía, condena del Santo Oficio o sospechosos de fe, si bien, tampoco les faltaban recursos gracias al buen oficio marinero de don Onofre.

La vida en Mallorca en el siglo XVIII no era sencilla, pues su economía agrícola —principal fuente de subsistencia— se hallaba al albur de las mejores o peores cosechas según los caprichos meteorológicos. En la costa, los marineros y pescadores tampoco lo tenían fácil, pues el Mediterráneo se hallaba infestado de piratas berberiscos que depredaban buques y costas, saltando a tierra para robar y arrasar lo que podían, pero sobre todo para secuestrar mujeres jóvenes, bien para su venta en los mercados de Oriente como concubinas para los serrallos turcos, bien para cobrar elevados rescates por ellas, lo que les fuera más rentable. El destino de los hombres era más sombrío salvo que el cautivo fuera un personaje con posibles por el que cobrar una buena redención, pues con suerte, sería degollado y sin ella, pasaría el resto de su vida —nunca más de cinco años— encadenado al banco de una galeota sufriendo indecibles calamidades al remo, hasta fenecer de consunción.

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Galeota argelina navegando en empopada presta a atacar a una presa. Óleo de A. Cortellini, Museo Naval de Madrid.

Desde muy temprana edad Antoni Barceló trabajó como grumete en el jabeque de su padre, que tenía la concesión del Correo Real de Palma a Barcelona y con el que, cuando la ocasión lo requería, ejercía el corso enfrentándose a los merodeadores argelinos que, suministrándose bajo mano en la Menorca inglesa o en Gibraltar, depredaban nuestras costas mediterráneas. En el siglo XVIII el Imperio Español se desmoronaba, aunque aún éramos una potencia formidable e Inglaterra, que luchaba por obtener la supremacía naval, empleaba cualquier medio para conseguirlo, saltándose a su conveniencia todos los acuerdos de paz suscritos entre nuestras naciones.

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Captura del navío británico de tres puentes Stanhope por la fragata de don Blas de Lezo, que en el cuadro ha desarbolado los masteleros de trinquete del enemigo y se prepara para dar una pasada por popa al inglés, con el fin de descargar el fuego de su batería de estribor sobre la parte menos protegida del barco enemigo. Museo Naval, óleo sobre lienzo de Ángel Cortellini.

Debo aclarar en este punto que no es lo mismo un corsario que un pirata, los primeros eran armadores de mercantes artillados que recibían armamento, tropas y bastimentos para ejercer misiones temporales al servicio de la Corona bajo una Patente de Corso emitida por S.M. el Rey. La patente de corso pagaba el armamento, la soldada de la infantería embarcada y una pequeña renta al armador que, a su vez, redondeaba sus ingresos con las presas enemigas que conseguía. En cuanto a los piratas o Hermanos de la Costa, se trataba de simples bandoleros oportunistas que buscaban apoderarse de cualquier embarcación, de su contenido o de sus tripulantes, siempre que de ellos pudieran obtener un rendimiento económico por el pago de sus rescates.

Con sólo 18 años Barceló ya era el Patrón del jabeque correo de Barcelona heredado de su padre. El Gobierno local le encargó ejercer de correo con la Península cada quince días, así como ser el navío que realizara el relevo de las guarniciones militares de las Baleares, manteniéndose disponible para lo que se le ordenara, fijándosele a cambio una contraprestación de 100 pesos de plata pagaderos por la Real Tesorería de Mallorca. Pronto comenzó a distinguirse de manera sobresaliente por sus capacidades navales. El 15 de Julio de 1753 llegó a Palma en una lancha de remos la tripulación y el patrón de un jabeque mercante desarmado que transportaba una carga de hierro y que había sido atacado por dos bajeles argelinos a tres leguas de Palma. Las autoridades dieron la orden de salida inmediata de los patrones Barceló y Capó con sus respectivos jabeques, cada uno con 83 marineros y 33 granaderos con sus Oficiales del Regimiento de Palma, concediendo el mando de ambos barcos al joven, pero ya experto Patrón Barceló. Avistados los piratas, se les dio caza y se entabló el combate hasta llegar al abordaje, con el resultado de la captura del arráez o capitán argelino, de los tripulantes berberiscos que sobrevivieron a la lucha y de sus embarcaciones.

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El jabeque del Capitán Barceló ataca a dos jabeques berberiscos, óleo de A. Cortellini (vista parcial) Museo Naval de Madrid.

La brillante acción supuso la promoción de Barceló a Teniente de Navío Graduado, es decir, con los honores del Empleo Militar, pero sin sueldo de la Armada. La recompensa que obtuvo de las presas argelinas permitió a Barceló vender su jabeque por 4.400 pesos y comprar otro mayor, con una tripulación de ochenta marineros y veinticinco granaderos embarcados con su Oficial. Siguió desempeñando su labor de correo, combinada con otras muchas operaciones que se le encomendaban y pronto su valentía multiplicó sus victorias.

En Junio de 1736, Barceló arribó a Palma transportando la usual carga de mercancías y 128 pasajeros, llevando a remolque una galeota argelina. Resultó que a la altura de la desembocadura del Llobregat fue atacado por dos naves enemigas a las que hizo frente, logrando con su defensa hacer huir a una de las embarcaciones, para después enfrentarse a la otra con su artillería, fusilería y frascos de fuego. El combate fue largo y encarnizado, pues las galeotas eran propiedad nada menos que del Dey de Argel; al final fueron muertos 57 piratas, de los que 24 eran turcos (conocidos por su ferocidad); se hicieron 18 prisioneros, de los que sólo cinco quedaron ilesos, que pasarían a cumplir pena de trabajos forzados en las Maestranzas Navales. Por la parte española sólo hubo seis heridos, uno de ellos don Juan Nicolau, Segundo de Barceló, Oficial que encabezó el piquete de abordaje. En este combate destacó una mujer heroica, pasajera en el jabeque de Barceló que, en lugar de refugiarse bajo la cubierta, se expuso valientemente llevando a los combatientes pólvora, munición y frascos de fuego, arriesgando su vida bajo las descargas enemigas. De ella no se conoce su nombre, tan sólo se sabe que era hija de un boticario llamado Oliver y que estaba casada con un tal Juan de la Sal. También es hecho reseñable que tras el combate, Barceló decidiera regresar a Barcelona en lugar de proseguir hacia Palma, para que se atendiera a los heridos, lo que habla de su gran humanidad.

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Combate entre un galeón español y dos galeras turcas, óleo de Juan de la Corte, Museo Naval de Madrid.

Aquella nueva victoria le valió el empleo de Teniente de Navío en propiedad, ingresando de esta forma en el Cuerpo de Oficiales de la Real Armada, con derecho a sueldo y al uso del uniforme militar, gran honor para un hombre iletrado y de baja cuna, en un tiempo en el que para ser Oficial Naval, aparte de arrojo y sólida formación científica, se requería ser de familia noble.

En 1737 Barceló se casó con Francesca Bonaventura Jaume, de quien tuvo seis descendientes de los que Antoni el primogénito, seguiría los pasos de su padre llegando a Brigadier; Joan y Onofre, fueron canónigos; Francisca y Antonia, profesaron como monjas en el Convento de las Madres Agustinas del Amparo de Palma; y la menor fue Catalina, de la que no he conseguido información sobre su vida.

No todas las órdenes que recibía Barceló eran de su agrado, pues aún a su seguro pesar, por requerimiento de las autoridades Palmesanas hubo de ser parte en el trágico caso de los Romeo y Julieta Mallorquines, tan magníficamente relatado en el capítulo titulado Els Olors, un amor imposible del programa de IB3 TV Un lloc amb Història, cuyos protagonistas fueron doña Isabel Fonts dels Olors i Penyafort, hija de los propietarios de la possessió de igual nombre y don Manuel Bustillos, Capitán del Regimiento de Dragones de Orán y hombre casado. La pareja se enamoró perdidamente y fueron piedra de escándalo en la Mallorca dieciochesca. Los padres de doña Isabel hicieron lo que en aquellos tiempos se estilaba: forzar el ingreso de su hija en un Convento de Clausura y el intrépido Capitán, tomó un imprudente camino propio de novelas de capa y espada: con la ayuda de personas afectas, organizó la fuga de su amada del Convento de la Misericordia de Palma, de noche, vestida de hombre y descolgándose por una cuerda, para después huir al puerto y embarcarse al amanecer en el ganguil francés Sainte Marie de la Garde, que previamente había apalabrado.

Descubierta la fuga y ante tan inmoral comportamiento, la reacción de las autoridades fue presta y ordenaron a Barceló la captura de los fugitivos, logrando detenerlos a treinta millas al SE de Cartagena, apenas rozando el éxito en su aventura. Trájolos de vuelta a Palma para que enfrentaran su trágico destino: el Capitán Bustillos fue sometido a Consejo de Guerra sumarísimo y condenado a muerte por decapitación; la suerte de la infortunada Isabel no fue mejor, pues quedó confinada de por vida en la clausura de su convento en régimen de aislamiento absoluto en su celda, pudiendo ser sólo visitada por sus padres, sin que se le permitiera hablar o tratar con nadie más. Por si fuera poca la pena impuesta, también fue sometida al terrible castigo de pasar dos días a la semana a pan, agua y disciplinas (latigazos); aún así, doña Isabel sobrevivió cuarenta años a su amado Capitán, hasta que un 4 de Mayo, día en el que se cumplía el aniversario de la muerte de su amado, presa de melancolía y de desesperación se suicidó ahorcándose en su celda. Terrible final para tan romántica historia de amor.

Barceló, que como todo buen marino era un hombre religioso, también debió de cumplir con otras órdenes especialmente penosas para su espíritu, como fue la de transportar hasta Bonifacio (Córcega) a los Jesuitas expulsados de España por órdenes de S.M. el Rey Carlos-III, debido a su implicación en el Motín de Esquilache.

En 1748 se desató una terrible hambruna en Palma y en el resto de Mallorca, varios años de sequías y malas cosechas habían causado que la población no tuviera con qué alimentarse, motivo por el que las Autoridades racionaron el poco trigo disponible, lo que provocó una gran mortandad entre las personas débiles o enfermas y, a la vez, robos violentos y motines del pueblo hambriento. Ante la desesperada situación, don Juan de Castro, a la sazón Capitán General de Baleares, ordenó a Barceló su rauda partida a Barcelona con el fin de cargar todos los bastimentos de boca que pudiera conseguir. Barceló cumplió su misión en un tiempo récord, regresando con su jabeque cargado a su máxima capacidad, de tal modo que ni siquiera embarcó agua para el regreso, con el fin de que sus hombres efectuaran la travesía con la mayor celeridad y así poder transportar el máximo de alimentos. Puede imaginarse el contento de los habitantes de Palma y del resto de la isla, cuando gracias a este viaje de Barceló se alivió la hambruna y se levantó el racionamiento, lo que le convirtió en todo un ídolo de los mallorquines, que en parte ya lo era.

Su actividad naval continuó incansable, lo mismo que sus victorias y ascensos en el escalafón de la Armada Real, hasta el punto de ser llamado a la Corte de Madrid, para recibir a título personal la felicitación de S.M. el Rey Carlos-III y una condecoración. Al mando ya de una flotilla de jabeques, participó en numerosas operaciones: el bloqueo de Gibraltar, los ataques y toma de Orán (Argelia), sus acciones de castigo contra las flotas berberiscas . . . algo que hacía con entusiasmo cuando otros en sus circunstancias y edad, se hubieran ya retirado para disfrutar de la fortuna alcanzada con sus presas.

Pero Barceló era un extraordinario personaje, su capacidad táctica era sobresaliente y logró convencer al Rey de que el jabeque era una embarcación ideal para las operaciones navales en el Mediterráneo, por lo que ordenó la construcción de cien unidades, de las que cincuenta de ellas logró Barceló que se adjudicaran a los astilleros de Palma, participando en su diseño. Cuando por la escasez del Tesoro los fondos se agotaron y se detuvo la construcción de jabeques, Barceló aportó 2.000 pesos de oro de su propio bolsillo para que los carpinteros de ribera mantuvieran su trabajo y así terminarlos.

A pesar de la gran valía del ya Capitán de Navío Barceló, debido a sus rudas formas de marinero y a su escasa instrucción científica, sufría el trato displicente de sus pares de origen noble, dónde además seguro que habría cierta dosis de envidia por sus logros en combate y por los honores reales que recibía pese a su origen plebeyo. Por contra, sus tripulaciones y conciudadanos lo adoraban.

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Sextante español del siglo XVIII.

Su gran ingenio y capacidad táctica le llevó a idear una nueva y poderosa arma naval con la que suplió la inferioridad artillera de la Real Armada: la lancha cañonera de remos y vela que, cuando la propuso, fue tachada de inviable por sus compañeros de armas. Las lanchas artillaban una pieza de a 24 libras y todos creyeron —menos Barceló—, que el elevado peso y el retroceso del potente cañón provocaría su hundimiento. No arredrándose ante ello, otra vez pagó de su bolsa las dos primeras lanchas como prueba. Téngase en cuenta que en el siglo XVIII, los pesados cañones de a 24 libras sólo se montaban en grandes navíos de línea de tres o más puentes. La primera vez que los oficiales de la Royal Navy vieron esas lanchas también tuvieron un ataque de risa, risa que se transformó en mueca de espanto —según reconoció el propio Capitán de Navío Sayer—, cuando comprobaron en carne propia su terrible efectividad. Las lanchas eran pequeñas, maniobreras y muy veloces, atacaban de noche buscando las popas de las fragatas inglesas (menos protegidas que los costados), de tal forma que al recibir un cañonazo, la bala barría sus cubiertas de popa a proa, causando grandes destrozos. Tras el disparo de su única pieza, las cañoneras cambiaban de posición para recargar, lo que les permitía eludir el fuego de contrabatería del inglés, que disparaba a ciegas hacia donde había visto los destellos de los cañonazos, incapaces de acertar, de noche y entre el oleaje, a un blanco tan móvil y diminuto.

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Lancha cañonera de Barceló, en la que no se representa su verga, ni su vela. Museo Naval de Madrid.

Siguió Barceló patrullando nuestros mares en continua lucha, ora contra el inglés, ora contra los temibles berberiscos, alcanzando en 1762 otro sonado éxito, logrado a costa  de recibir una herida que pudo causarle la muerte. En dura batalla contra tres jabeques argelinos, a los que derrotó e hizo 160 prisioneros, entre otros a su tristemente célebre Capitán Selim; Barceló, siempre dirigiendo el combate desde los puestos de mayor riesgo y fatiga, tal como establecen las Ordenanzas, recibió un disparo de mosquete desde una cofa, que le atravesó la cara por dos lugares deformándosela y cuya bala se alojó en su espalda; por escasos centímetros el proyectil no interesó órgano vital alguno, pero Barceló quedó muy malherido y aún así, no permitió que se le retirara del combate hasta que terminara.

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El Capitán Barceló dirige la acción blandiendo el sable y tocado con su bicornio naval desde su Puesto de Mando en el alcázar de su jabeque. Óleo de A. Cortellini (fragmento), Museo Naval de Madrid.

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Piratas berberiscos hacen fuego desde la toldilla de su jabeque. Museo Naval de Madrid, pintura al óleo de A. Cortellini (fragmento).

Recuperado de su grave herida, prosiguió incansable su actividad, recibiendo en Enero de 1775 el ascenso a Brigadier (Contralmirante hoy en día), aunque su subida al rango de los Oficiales Generales de la Armada comenzó a acarrearle problemas de índole político. Aún así, recibió el mando de varias escuadras, participando en el socorro a la ciudad de Melilla y en las infructuosas intentonas de asalto a Argel, donde se le entregó el mando de las operaciones navales, pero no de las terrestres, para las que fue designado el mediocre General O´Reilly, intervención que se saldó con un gran fracaso y numerosas bajas propias en el primer ataque; en el segundo, retirado ya O´Reilly del mando y tras ardua lucha, gracias a Barceló, se logró forzar un acuerdo de paz con Argel y Túnez, que fue de corta vida.

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Todas la guerras son terribles y en este fragmento del óleo de Antonio de Brugada que representa el combate del Cabo de San Vicente entre las escuadras española e inglesa, se aprecia en toda su crudeza la lucha entre los tripulantes de dos lanchas de recogida de naúfragos, que se acometen y acuchillan con pistolas, chuzos, hachas de abordaje, remos y todo objeto contundente que hallan a mano. Museo Naval de Madrid.

Por sus acciones tras los bloqueos a Gibraltar, S.M. el Rey Carlos-III le concedió la efectividad, sueldo y honores del Grado de Teniente General de la Real Armada (Almirante) que ya ostentaba y, además, lo condecoró con la Orden de Carlos-III, la distinción militar más elevada de la época, a muy pocos otorgada. Para aquel entonces, Barceló contaba ya con 73 años de edad. De aquellos tiempos son unas típicas coplillas gaditanas que hablan de su popularidad y que rezaban así:

Si el Rey de España tuviera / cuatro como Barceló / Gibraltar sería español / que de los ingleses no.

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Lanchas cañoneras de la Armada participan en el bloqueo y bombardeo de Gibraltar. Museo Naval de Madrid.

A pesar de su avanzada edad, Barceló recibió el mando de una escuadra con instrucciones de lograr el levantamiento del cerco de Ceuta por parte de los Marroquíes, también se le ordenó el bombardeo de Tánger como represalia. A su llegada, las operaciones militares habían concluido y se anunció la llegada a Madrid de unos enviados del Sultán con el deseo de negociar la paz. Receloso Barceló de las intenciones de los musulmanes, a los que tan bien conocía, decidió quedarse en Ceuta revisando y reforzando sus defensas por si el acuerdo de paz no se formalizaba, cumpliéndose al poco su premonición.

La guerra volvió a declararse y a causa de las intrigas políticas, no recibió Barceló el mando de la Escuadra y éste, molesto por la injusta discriminación que una vez más se le hacía, se quejó ante el Rey, que ordenó que se le retornara el mando. Aquel invierno fue muy duro, con continuos temporales de Levante que obligaron a la escuadra a mantenerse en sus puertos y aparte de ello, el Sultán de Marruecos murió en lucha fraticida contra su hermano. La falta de operaciones motivó la disolución de la escuadra, pero como el problema con Marruecos seguía sin ser resuelto, al poco volvería la guerra y otra vez más, las intrigas en el seno de la Real Armada apartarían a Barceló de su más que ganado derecho a mandar la Escuadra del Estrecho. Esta vez Barceló, profundamente dolorido por esta última injusticia, decidió retirarse a su querida Palma donde, tras una vida plena en el servicio a España, rindió su alma al Señor el 30 de Enero de 1797, a la edad de 80 años.

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Combate del navío Glorioso contra el navío inglés Dartmouth, óleo de A. Cortellini, Museo Naval de Madrid.

En cumplimiento de su última voluntad y acompañado por el duelo de sus conciudadanos, Antonio Barceló fue enterrado en la Capilla de San Antonio de la Iglesia de la Santa Creu, la del antiguo barrio marinero de Palma, donde aún descansa. En su lápida se lee:

Teniente General y heroico marino. Hijo el más ilustre de Mallorca en su siglo. Luchó tenaz y victoriosamente contra los piratas africanos y demás enemigos de España. Respetado por todos, dominó con su pericia y hazañas nuestro mar. Piadoso feligrés y espléndido protector de esta parroquia, costeó el retablo del Altar Mayor y el de esta capilla donde yace sepultado.

No fue hasta el año 1971 en que el pueblo de Palma decidió ¡al fin! conmemorar al valiente Barceló con una media estatua de bronce sobre una peana de piedra, con la inscripción: Al Patrón don Antonio Barceló, Teniente General de la Real Armada, 1717-1797. El monumento se encuentra hoy en el Paseo Marítimo, frente a la entrada al Club de Mar, aunque inicialmente estuvo ubicado en el Muelle de Poniente.

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Monumento a Antonio Barceló, frente a la entrada del Club de Mar de Palma. Fuente: Wikimedia Commons.

Cuántos en nuestra Historia han sido como Barceló, que tras haberlo dado todo por su patria, se han visto relegados al olvido. Por ello, os pido que cuando paséis por el Club de Mar, miréis con agradecimiento a la efigie de este ilustre hijo de Palma, pensando que Mallorca existe como es hoy gracias a hombres generosos y nobles de corazón como nuestro Capitá Toni. El próximo 1 de Enero de 2017 se cumplirá el tricentenario de su nacimiento y, estoy tristemente convencido de que, con la salvedad de nuestra Armada, pocos homenajes recibirá y una vez más, los politiqueos y nuestra ingrata memoria, harán que el aniversario pase casi desapercibido.

Actualización de Septiembre de 2017: El 18 de este mes se inauguró una exposición en la Iglesia de la Santa Creu de Palma como homenaje a la figura del Capitá Toni, miembro de la Parroquia desde su bautismo hasta su muerte, pues está enterrado bajo el altar de la Capilla del Sagrado Corazón y San Antoni Abad de dicha Iglesia. La exposición recoge algunos efectos personales donados por los descendientes de don Antonio Barceló y glosa en paneles parte de su vida como parroquiano y benefactor de la Iglesia del barrio en el que nació. Esta exposición estará abierta hasta el 30 de Septiembre. En el mes de Octubre de 2017, el Museo de Mallorca abrirá otra exposición temporal dedicada a tan insigne mallorquín.

Galería de imágenes (pulsad sobre cualquier foto para ver la serie):

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Si alguno deseara profundizar en el personaje, le recomiendo leer el libro Antonio Barceló, mucho más que un gran corsario, del Historiador Naval don Agustín Rodríguez González, Editorial Edaf, ISBN: 978-84-414-3701-2, ganador del XIV Premio Algaba (2016).

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Créditos: Fotografías tomadas por el autor en el Museo Naval de Madrid, salvo especificación en contrario; artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

La educación es el movimiento de la oscuridad a la luz”. Allan Bloom, Filósofo.

Hace unos días me acerqué —una vez más— a la Seo, edificio potente donde los haya, tanto en su arquitectura, como en en su riqueza artística. Al igual que en otras ocasiones, cámara en mano pensaba tomar imágenes de los singulares juegos de luces, colores y sombras que se proyectan en el interior de la nave catedralicia, cuando el sol atraviesa sus amplios vitrales. Quería también fotografiar las reacciones de los visitantes ante su grandeza, pues cualquiera que siga este blog se habrá dado cuenta de que hacer fotos costumbristas me atrae sobremanera.

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Me acercaba distraído a la Capilla del Santísimo, la que fue reformada en 2006 por Miquel Barceló, cuando comencé a escuchar el canto de unos niños en las proximidades del Altar Mayor. Eran alemanes, de un colegio que visitaba la Catedral y que, de manera espontánea, formaron un semicírculo frente al profesor cara a la nave principal y, dirigidos por su maestro, entonaron la maravillosa cantata 147 de Johan Sebastian Bach.

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El coro de niños cantaba como los propios ángeles y siendo consciente de lo excepcional del momento, tomé la fotografía que veis arriba, apagué la cámara, me senté en un banco próximo, cerré los ojos y, transportado por la música de Bach, durante unos minutos vi la luz.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

 

 

“Lasciare ogni speranza voi ch´entrate”. (Abandonen toda esperanza aquellos que entraren). La Divina Comedia, Dante Alighieri, inscripción sobre la puerta del Infierno.

Ropa de algodón, protección ocular y auricular, la cabeza cubierta y prudencia, eran las recomendaciones que el Ayuntamiento de Palma daba a aquellos que quisieran mezclarse con los dimonis de los Correfocs de Sant Sebastià.

Los correfocs son una adaptación moderna de los ancestrales Bailes de Diablos medievales, al parecer, el primer documento escrito en el que se cita uno de estos bailes data de 1.150 y reseña el que tuvo lugar durante la celebración de la boda entre la Reina de Aragón y Condesa de Barcelona Petronila-I y Ramón Berenguer-IV, Conde de Barcelona. Con dicho acto se quiso simbolizar la eterna lucha entre el bien —el Arcángel San Miguel— y el mal, —el Arcángel rebelde a Dios Luzbel o Lucifer—.

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El fuego desde tiempo inmemorial ha sido parte indisoluble de nuestra cultura, proyección de mitos y creencias antiguas que ha tenido muchos significados, unas veces aparejados a acciones benéficas: —restos del primitivo culto al sol, quema de rastrojos, purificación— y otras, unido a terribles castigos: —infierno, purgatorio, quema de herejes, destrucción en las guerras—. Pero también, con frecuencia es la piedra angular de muchas fiestas: —celebración de los solsticios de invierno y verano o las hogueras de San Juan—.

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El fuego en el Mediterráneo español cobra una especial relevancia en las fiestas populares: Fallas en Valencia, Fogueres en Alicante, Toros de Fuego en Castilla, Correfocs y Foguerons en Cataluña e Islas Baleares y hoy día, unidos a la pirotecnia, es también protagonista principal en las celebraciones.

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Las collas de correfocs son muy populares en las fiestas de Sant Sebastià, Patrón de Palma. Sus miembros se colocan máscaras demoníacas de aspecto terrible, con cuernos de carnero y van vestidos con ropajes inquietantes de apariencia medieval de colores rojo, negro o morado.

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Los dimonis portan bastones en los que colocan dispositivos pirotécnicos que producen lluvias de fuego con gran profusión de chispas y petardos; su marcha se acompaña de bandas de percusión, parecidas a las batucadas brasileñas, que tocan ritmos enervantes que provocan la danza alocada bajo el fuego de los que contemplan su paso, con un efecto espectacular, ya que se apagan las calles por donde pasan, que solo se iluminan con las grandes llamaradas que producen los dimonis con sus fogonazos.

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En la oscuridad, se ve danzar, saltar y contonearse a personajes con cuernos entre los asistentes encapuchados, en medio de un diluvio de fuego entre los sordos rugidos que profieren los dimonis, explosiones, humo y olor a pólvora. Es una oportunidad única para tomar fotografías impactantes, multiplicándose las ocasiones de hacerlas bajo una luz que cambia sin parar, con resultados notablemente dramáticos.

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Las fiestas de San Sebastián son también la última ocasión de poder contemplar la elegante iluminación nocturna con la que Palma se engalana cada Navidad. Tenemos que reconocer que la del presente año ha sido particularmente bella y por ello, debemos felicitar al Ayuntamiento y a aquellos que la concibieron.

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Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike, salvo la del cuadro de la Reina Petronila I de Aragón y Condesa de Barcelona y de Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, óleo de 1.634 (Museo del Prado), copia de un original de Filippo Ariosto de 1586, de Wikimedia Commons. Para ver las fotos a mayor tamaño, pulsad sobre cada una.

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En Navidad, todos los caminos llevan a casa“. Marjorie Holmes, periodista y escritora.

Con las Navidades a la vuelta de la esquina, es buen momento para hablar del extraordinario Belén Napolitano del siglo XVIII que tenemos en Mallorca, perteneciente a la Fundación Bartolomé March y que se compone de más de un millar de piezas hechas a mano.

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El Reino de Nápoles fue entre 1700 y 1800 uno de los más notables del Imperio Español, pues bajo el gobierno de los Borbones conoció una época de esplendor sin parangón debida al florecimiento de sus finanzas y a su estratégica situación en el centro del Mediterráneo, de la que se supieron obtener buenas ventajas comerciales. Además de potencia económica, también lo fue política, llegando a ser considerada la ciudad de Nápoles como la auténtica Capital de la Europa del XVIII, compitiendo en esplendor con París, Londres, Viena y San Petesburgo.

Donde hay poder suelen florecer las Bellas Artes, pues no se olvide que los Borbones eran hijos de la Ilustración y por dicha razón, la Pintura, la Escultura, la Música y la Arquitectura alcanzaron en el Reino grandes cotas de excelencia, surgiendo a su sombra una notable tradición belenística como arte menor.

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El origen de los Belenes nos lleva a San Francisco de Asís, cuando en el año 1223 montó la reproducción en vivo del Misterio del Nacimiento de Jesús en Grecco (Italia), hecho que al haber contado con la autorización papal, se extendió rápidamente a otros dominios de la Cristiandad.

El primer Belén Napolitano con figuras de barro data del siglo XV y en sus comienzos, las imágenes eran de gran tamaño y tan solo se colocaban en iglesias o residencias de personas principales. Hasta el siglo XIX los Nacimientos con figuras no se popularizaron, adoptándose entonces la costumbre de montarlos en el lugar preeminente de las casas familiares, pasando a convertirse en el centro de las celebraciones navideñas y el sitio en el que se cantaban villancicos acompañados de panderetas, zambombas, guitarras y otros instrumentos populares.

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Fue precisamente el Rey Carlos-III, que vino de Nápoles para ser Rey de España a instancias de doña Isabel de Farnesio, Reina Viuda de S.M. Felipe V, quien dio un impulso definitivo en nuestro país a esta tradición, al implantarla tras su llegada de Italia.

Los Belenes Napolitanos poseen un simbolismo que precisa de una breve explicación para disfrutarlos. En ellos suelen verse las ruinas de antiguos templos romanos, cuyo significado es el final del paganismo y el advenimiento del Cristianismo. Con la excepción de la Virgen, San José, el Niño y los Ángeles, las demás figuras se denominan genéricamente “pastores”, aunque en realidad representan a todos los pueblos y todas la profesiones. Su presencia significa la redención de las demás religiones por el Cristianismo y su adoración a Jesús, así como su universalidad, por eso es muy frecuente la representación de tipos exóticos entre los pastores, tal como se puede apreciar en las imágenes de la colección que describo.

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Las figuras son realistas y hechas a mano, representan tipos napolitanos dieciochescos en su indumentaria y también, otros personajes de regiones alejadas que acuden a adorar al Niño. Se construían y aún se sigue haciendo así, con la cara, los brazos y las piernas de arcilla cocida casi vitrificada, bellamente policromadas y con los ojos de cristal. El cuerpo se hace con estopa y alambre para que admita movimiento y que se le pueda cambiar de postura a voluntad. La vestimenta de las figuras es muy elaborada, siendo la de la Madonna (la Virgen) y los Ángeles de rico tafetán de seda y, la de los pastores de lana o algodón. El tipismo napolitano está presente en todas las representaciones y, aún hoy día, sigue manteniéndose inalterada esta tradición que no cambia con las modas.

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Con respecto al edificio donde se conserva este maravilloso Belén Napolitano, decir que se trata del casal de la familia March. Fue construido entre 1939 y 1945 a instancias de don Juan March Ordinas, en el solar del antiguo Convento de Santo Domingo según el proyecto del Arquitecto madrileño don Luis Gutiérrez Soto. Se encuentra situado en la calle Palau Reial, 18, de Palma, un lugar de privilegio, muy cerca de la Seo, del Palacio de la Almudaina y junto al edificio del que fue antiguo Casino de Palma, hoy día sede del Gobierno Balear. Construido en estilo historicista, se aprecian en él las influencias de las grandes casas señoriales mallorquinas del periodo Barroco y también, ciertos toques italianizantes; su entrada está rodeada por una bella galería porticada que forma un patio o pequeña plazoleta por el que se accede a la casa, desde el que se aprecia bien la refinada fachada principal, presidida por un gran arco carpanel, sobre el que se alza una galería de inspiración veneciana, componiendo un conjunto de puro carácter mediterráneo.

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Los horarios de apertura y cierre, así como el precio de las entradas figuran en la página web de la Institución para todo aquel que desee conocer esta pequeña parte de nuestra tradición y legado cultural.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

Los buenos proyectos hacen preguntas. Los buenos proyectos no están nunca acabados”. Alejandro Zahera, Arquitecto.

La semana pasada me alegré al leer en un diario de tirada nacional que ese gran edificio inacabado que se encuentra a la entrada de Palma, va a retomar sus obras de construcción. Me refiero al futuro Palau de Congressos, cuyas estructuras se encuentran en privilegiada posición frente al mar, cerca del emergente barrio de Portitxol.

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Fachada al mar con apantallamiento a base de “brise soleils” de espuma de aluminio reciclada para evitar la insolación directa.

 

Desde su inicio, las razones de su construcción estuvieron rodeadas de polémica y no es de extrañar, se trata de un proyecto de gran volumen, con unos costes de ejecución acordes a su tamaño y cuyo destino aún no ha calado entre los palmesanos.

Las obras han estado paradas cerca de 20 meses —una víctima más de la crisis— por causa de los retrasos en el pago a la Constructora por parte de la Administración, cuya deuda se saldó recientemente gracias al Plan de Pago a Proveedores.

Las grandes obras de infraestructura, aparte de convertirse en nuevos puntos de referencia en la trama urbana de las ciudades, tienen un indudable interés social y el caso del Palau no es diferente. Se trata de un edificio singular que, una vez concluido, mejorará su entorno, colaborando al ordenamiento y a la prosperidad de un barrio, el Polígono de Llevant, que actualmente, se halla en plena transición desde el punto de vista urbanístico.

Vistas de la obra. Pulsar las imágenes para ampliarlas.

 

Quizá ahora sea difícil imaginar cómo se va a lograr esa transformación pues, la vista de sus estructuras inacabadas no ayuda a ello, pero no me cabe duda alguna de que así será. Si dijera que uno de los principales objetivos del Palau es ayudar a reducir el impacto de la ralentización económica que anualmente se produce entre los meses de Octubre a Mayo, quizá haga que la obra parezca más atractiva.

Los inviernos cortos y suaves de Mallorca, en comparación con los del resto de la Europa Continental, la situación del edificio junto al mar y a diez minutos andando del centro histórico de Palma, el indudable tirón y atractivo que tiene la isla entre nuestros vecinos comunitarios y, una buena gestión —no lo olvidemos—, logrará que cuando la instalación se encuentre en pleno funcionamiento, se incorporará al circuito de los principales Palacios de Congresos españoles, como los de Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia, cuya desventaja es hallarse muy alejados del centro de su ciudad o, los de Hamburgo, Múnich, Liverpool, Amsterdam, París o Milán, localizados fuera de la almendra central de sus capitales y sujetos a largas y oscuras temporadas invernales.

Vistas desde el Palau. Pulsar las imágenes para ampliarlas.

 

Ahora pensemos en los 1.500 ó 2.000 congresistas que se desplazarán a Palma cada vez que se convoque un Congreso Médico, Gastronómico, de Viajes o de cualquier otro sector activo en la organización de dichos eventos. Congresistas que han de ser alojados en Hoteles y, que en un momento u otro, saldrán a probar la cocina local, a visitar la ciudad y sus numerosos rincones de interés y que también, se llevarán recuerdos a sus lugares de origen. No hay duda de que esta clase de visitantes supondrá un incremento de la actividad económica en meses donde tradicionalmente baja y dicho aumento, generará nuevas oportunidades de trabajo y de negocio alrededor del trasiego de asistentes a las convenciones.

Atraer la celebración de Congresos no es tarea fácil. Se requiere una organización potente que sepa vender no sólo las cualidades antes mencionadas, sino también, fijar un precio competivo y rentable; se precisa también agilidad y dinamismo para ser capaces de cambiar la configuración interior del Palau cada semana —lo que supone más trabajo para diseñadores, carpinteros, tramoyistas, electricistas, catering—, con el fin de adaptarla a las necesidades de cada encuentro.

Si se lograran cumplir las condiciones anteriores y se obtuviera una buena redundancia en la celebración de convenciones —bajo número de días sin eventos—, el Palau de Congressos de Palma será uno de los servicios más productivos que pueda proveer nuestra ciudad y quizá, ahora se entienda mejor la razón por la que, como asegura el famoso Arquitecto Alejandro Zahera, los buenos proyectos hacen preguntas [o más bien, consiguen que nosotros nos las hagamos] y nunca llegan a estar terminados.

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Pude ver las obras del Palau de Congressos poco antes de su paralización, gracias a las visitas que preparaba su Departamento Comercial, con el propósito de darlo a conocer entre diversos grupos profesionales nacionales e internacionales con intereses en la Organización de Congresos y también, entre grupos de simples ciudadanos de a pié que, como yo, desearan conocer las interioridades del proyecto, detalle que es muy de agradecer.

Visita de un grupo de la Escuela de Turismo

Visita de la Escuela de Turismo a las obras del Palau.

 

La organización de estas visitas en grupo no estaba exenta de dificultades pues, como todo el mundo conoce, una obra de construcción es un lugar de riesgo permanente y requería coordinar con la Constructora la creación de itinerarios seguros que no estorbaran al desarrollo de los trabajos. Pero quien enseña lo que hace y cómo lo hace, es porque no tiene nada que ocultar y quien nada oculta, es alguien en quien se puede confiar.

Durante las visitas se mostraban los grandes espacios interiores y de servicios que conformarán el Palau y también, se explicaban los motivos de su construcción. Para entender mejor el Proyecto, se nos ilustraba sobre los criterios que Francisco (Pachi) Mangado, el Arquitecto Proyectista natural de Navarra y experto en el diseño de otros Palacios de Congresos, había considerado a la hora de concebir el de Palma. Baste tan solo decir que su forma quiere representar la de un gran pez varado en la arena, lo que nos ayudará a entender mejor el porqué de sus volúmenes y su esquema de funcionamiento.

Fachada interior de "escamas" de piedra de marés

Fachada interior de “escamas” de piedra de marés simulando las de ese enorme pez varado que representa el Palau

 

Antes de terminar, quisiera dedicar mi recuerdo a aquellas personas del equipo técnico, comercial, administrativo y de comunicación que trabajaron con ilusión en el proyecto y obras del Palau y que, como tantos otros, perdieron su empleo con la paralización de las actividades.

Cierro mi entrada con este video de cómo quedará el nuevo edificio una vez terminado, pues sus imágenes nos transmiten una notable diferencia estética con respecto al estado que hoy presenta y al que deberemos acostumbrarnos, pues su presencia será durante años una estampa familiar a la entrada de Palma.

 

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