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A la mar me voy, mis hechos dirán quién soy”, Refrán popular.

De origen humilde, modales toscos, prácticamente analfabeto, medio sordo y poco agraciado físicamente, Antoni Barceló y Pont de la Terra llegó a ser Teniente General de la Real Armada y en el Museo Naval de Madrid se conmemora su figura en la Sala dedicada al siglo XVIII, junto a la de otros grandes marinos españoles de la Ilustración, como Blas de Lezo, Jorge Juan, el Marqués de la Ensenada, Cosme Churruca, Alcalá Galiano o Alejandro Malaspina. Con este artículo, me gustaría honrar su figura tan asombrosa, como poco conocida.

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Don Antonio Barceló y Pont de la Terra, Teniente General de la Real Armada, óleo anónimo, Museo Naval de Madrid.

Nació en la casa familiar del Carrer del Ví (calle del Vino), del Barrio del Puig de Sant Pere de Palma, casi despuntando el alba del 1 de Enero de 1717, siendo bautizado al día siguiente en la Parroquia de la Santa Creu. Su padre Onofre Barceló era ya un veterano patrón mercante de 40 años, que casó en segundas nupcias con Francisca Pont de la Terra cuando ésta tan sólo contaba con sólo quince años —algo corriente en aquella época—; con ella tuvo cinco hijos varones pues, de su anterior esposa Magdalena Capó no tuvo descendientes. Su familia era menesterosa y de lo único que podían presumir —asunto aún importante en su época—, era de ser cristianos viejos sin antecedentes de herejía, condena del Santo Oficio o sospechosos de fe, si bien, tampoco les faltaban recursos gracias al buen oficio marinero de don Onofre.

La vida en Mallorca en el siglo XVIII no era sencilla, pues su economía agrícola —principal fuente de subsistencia— se hallaba al albur de las mejores o peores cosechas según los caprichos meteorológicos. En la costa, los marineros y pescadores tampoco lo tenían fácil, pues el Mediterráneo se hallaba infestado de piratas berberiscos que depredaban buques y costas, saltando a tierra para robar y arrasar lo que podían, pero sobre todo para secuestrar mujeres jóvenes, bien para su venta en los mercados de Oriente como concubinas para los serrallos turcos, bien para cobrar elevados rescates por ellas, lo que les fuera más rentable. El destino de los hombres era más sombrío salvo que el cautivo fuera un personaje con posibles por el que cobrar una buena redención, pues con suerte, sería degollado y sin ella, pasaría el resto de su vida —nunca más de cinco años— encadenado al banco de una galeota sufriendo indecibles calamidades al remo, hasta fenecer de consunción.

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Galeota argelina navegando en empopada presta a atacar a una presa. Óleo de A. Cortellini, Museo Naval de Madrid.

Desde muy temprana edad Antoni Barceló trabajó como grumete en el jabeque de su padre, que tenía la concesión del Correo Real de Palma a Barcelona y con el que, cuando la ocasión lo requería, ejercía el corso enfrentándose a los merodeadores argelinos que, suministrándose bajo mano en la Menorca inglesa o en Gibraltar, depredaban nuestras costas mediterráneas. En el siglo XVIII el Imperio Español se desmoronaba, aunque aún éramos una potencia formidable e Inglaterra, que luchaba por obtener la supremacía naval, empleaba cualquier medio para conseguirlo, saltándose a su conveniencia todos los acuerdos de paz suscritos entre nuestras naciones.

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Captura del navío británico de tres puentes Stanhope por la fragata de don Blas de Lezo, que en el cuadro ha desarbolado los masteleros de trinquete del enemigo y se prepara para dar una pasada por popa al inglés, con el fin de descargar el fuego de su batería de estribor sobre la parte menos protegida del barco enemigo. Museo Naval, óleo sobre lienzo de Ángel Cortellini.

Debo aclarar en este punto que no es lo mismo un corsario que un pirata, los primeros eran armadores de mercantes artillados que recibían armamento, tropas y bastimentos para ejercer misiones temporales al servicio de la Corona bajo una Patente de Corso emitida por S.M. el Rey. La patente de corso pagaba el armamento, la soldada de la infantería embarcada y una pequeña renta al armador que, a su vez, redondeaba sus ingresos con las presas enemigas que conseguía. En cuanto a los piratas o Hermanos de la Costa, se trataba de simples bandoleros oportunistas que buscaban apoderarse de cualquier embarcación, de su contenido o de sus tripulantes, siempre que de ellos pudieran obtener un rendimiento económico por el pago de sus rescates.

Con sólo 18 años Barceló ya era el Patrón del jabeque correo de Barcelona heredado de su padre. El Gobierno local le encargó ejercer de correo con la Península cada quince días, así como ser el navío que realizara el relevo de las guarniciones militares de las Baleares, manteniéndose disponible para lo que se le ordenara, fijándosele a cambio una contraprestación de 100 pesos de plata pagaderos por la Real Tesorería de Mallorca. Pronto comenzó a distinguirse de manera sobresaliente por sus capacidades navales. El 15 de Julio de 1753 llegó a Palma en una lancha de remos la tripulación y el patrón de un jabeque mercante desarmado que transportaba una carga de hierro y que había sido atacado por dos bajeles argelinos a tres leguas de Palma. Las autoridades dieron la orden de salida inmediata de los patrones Barceló y Capó con sus respectivos jabeques, cada uno con 83 marineros y 33 granaderos con sus Oficiales del Regimiento de Palma, concediendo el mando de ambos barcos al joven, pero ya experto Patrón Barceló. Avistados los piratas, se les dio caza y se entabló el combate hasta llegar al abordaje, con el resultado de la captura del arráez o capitán argelino, de los tripulantes berberiscos que sobrevivieron a la lucha y de sus embarcaciones.

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El jabeque del Capitán Barceló ataca a dos jabeques berberiscos, óleo de A. Cortellini (vista parcial) Museo Naval de Madrid.

La brillante acción supuso la promoción de Barceló a Teniente de Navío Graduado, es decir, con los honores del Empleo Militar, pero sin sueldo de la Armada. La recompensa que obtuvo de las presas argelinas permitió a Barceló vender su jabeque por 4.400 pesos y comprar otro mayor, con una tripulación de ochenta marineros y veinticinco granaderos embarcados con su Oficial. Siguió desempeñando su labor de correo, combinada con otras muchas operaciones que se le encomendaban y pronto su valentía multiplicó sus victorias.

En Junio de 1736, Barceló arribó a Palma transportando la usual carga de mercancías y 128 pasajeros, llevando a remolque una galeota argelina. Resultó que a la altura de la desembocadura del Llobregat fue atacado por dos naves enemigas a las que hizo frente, logrando con su defensa hacer huir a una de las embarcaciones, para después enfrentarse a la otra con su artillería, fusilería y frascos de fuego. El combate fue largo y encarnizado, pues las galeotas eran propiedad nada menos que del Dey de Argel; al final fueron muertos 57 piratas, de los que 24 eran turcos (conocidos por su ferocidad); se hicieron 18 prisioneros, de los que sólo cinco quedaron ilesos, que pasarían a cumplir pena de trabajos forzados en las Maestranzas Navales. Por la parte española sólo hubo seis heridos, uno de ellos don Juan Nicolau, Segundo de Barceló, Oficial que encabezó el piquete de abordaje. En este combate destacó una mujer heroica, pasajera en el jabeque de Barceló que, en lugar de refugiarse bajo la cubierta, se expuso valientemente llevando a los combatientes pólvora, munición y frascos de fuego, arriesgando su vida bajo las descargas enemigas. De ella no se conoce su nombre, tan sólo se sabe que era hija de un boticario llamado Oliver y que estaba casada con un tal Juan de la Sal. También es hecho reseñable que tras el combate, Barceló decidiera regresar a Barcelona en lugar de proseguir hacia Palma, para que se atendiera a los heridos, lo que habla de su gran humanidad.

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Combate entre un galeón español y dos galeras turcas, óleo de Juan de la Corte, Museo Naval de Madrid.

Aquella nueva victoria le valió el empleo de Teniente de Navío en propiedad, ingresando de esta forma en el Cuerpo de Oficiales de la Real Armada, con derecho a sueldo y al uso del uniforme militar, gran honor para un hombre iletrado y de baja cuna, en un tiempo en el que para ser Oficial Naval, aparte de arrojo y sólida formación científica, se requería ser de familia noble.

En 1737 Barceló se casó con Francesca Bonaventura Jaume, de quien tuvo seis descendientes de los que Antoni el primogénito, seguiría los pasos de su padre llegando a Brigadier; Joan y Onofre, fueron canónigos; Francisca y Antonia, profesaron como monjas en el Convento de las Madres Agustinas del Amparo de Palma; y la menor fue Catalina, de la que no he conseguido información sobre su vida.

No todas las órdenes que recibía Barceló eran de su agrado, pues aún a su seguro pesar, por requerimiento de las autoridades Palmesanas hubo de ser parte en el trágico caso de los Romeo y Julieta Mallorquines, tan magníficamente relatado en el capítulo titulado Els Olors, un amor imposible del programa de IB3 TV Un lloc amb Història, cuyos protagonistas fueron doña Isabel Fonts dels Olors i Penyafort, hija de los propietarios de la possessió de igual nombre y don Manuel Bustillos, Capitán del Regimiento de Dragones de Orán y hombre casado. La pareja se enamoró perdidamente y fueron piedra de escándalo en la Mallorca dieciochesca. Los padres de doña Isabel hicieron lo que en aquellos tiempos se estilaba: forzar el ingreso de su hija en un Convento de Clausura y el intrépido Capitán, tomó un imprudente camino propio de novelas de capa y espada: con la ayuda de personas afectas, organizó la fuga de su amada del Convento de la Misericordia de Palma, de noche, vestida de hombre y descolgándose por una cuerda, para después huir al puerto y embarcarse al amanecer en el ganguil francés Sainte Marie de la Garde, que previamente había apalabrado.

Descubierta la fuga y ante tan inmoral comportamiento, la reacción de las autoridades fue presta y ordenaron a Barceló la captura de los fugitivos, logrando detenerlos a treinta millas al SE de Cartagena, apenas rozando el éxito en su aventura. Trájolos de vuelta a Palma para que enfrentaran su trágico destino: el Capitán Bustillos fue sometido a Consejo de Guerra sumarísimo y condenado a muerte por decapitación; la suerte de la infortunada Isabel no fue mejor, pues quedó confinada de por vida en la clausura de su convento en régimen de aislamiento absoluto en su celda, pudiendo ser sólo visitada por sus padres, sin que se le permitiera hablar o tratar con nadie más. Por si fuera poca la pena impuesta, también fue sometida al terrible castigo de pasar dos días a la semana a pan, agua y disciplinas (latigazos); aún así, doña Isabel sobrevivió cuarenta años a su amado Capitán, hasta que un 4 de Mayo, día en el que se cumplía el aniversario de la muerte de su amado, presa de melancolía y de desesperación se suicidó ahorcándose en su celda. Terrible final para tan romántica historia de amor.

Barceló, que como todo buen marino era un hombre religioso, también debió de cumplir con otras órdenes especialmente penosas para su espíritu, como fue la de transportar hasta Bonifacio (Córcega) a los Jesuitas expulsados de España por órdenes de S.M. el Rey Carlos-III, debido a su implicación en el Motín de Esquilache.

En 1748 se desató una terrible hambruna en Palma y en el resto de Mallorca, varios años de sequías y malas cosechas habían causado que la población no tuviera con qué alimentarse, motivo por el que las Autoridades racionaron el poco trigo disponible, lo que provocó una gran mortandad entre las personas débiles o enfermas y, a la vez, robos violentos y motines del pueblo hambriento. Ante la desesperada situación, don Juan de Castro, a la sazón Capitán General de Baleares, ordenó a Barceló su rauda partida a Barcelona con el fin de cargar todos los bastimentos de boca que pudiera conseguir. Barceló cumplió su misión en un tiempo récord, regresando con su jabeque cargado a su máxima capacidad, de tal modo que ni siquiera embarcó agua para el regreso, con el fin de que sus hombres efectuaran la travesía con la mayor celeridad y así poder transportar el máximo de alimentos. Puede imaginarse el contento de los habitantes de Palma y del resto de la isla, cuando gracias a este viaje de Barceló se alivió la hambruna y se levantó el racionamiento, lo que le convirtió en todo un ídolo de los mallorquines, que en parte ya lo era.

Su actividad naval continuó incansable, lo mismo que sus victorias y ascensos en el escalafón de la Armada Real, hasta el punto de ser llamado a la Corte de Madrid, para recibir a título personal la felicitación de S.M. el Rey Carlos-III y una condecoración. Al mando ya de una flotilla de jabeques, participó en numerosas operaciones: el bloqueo de Gibraltar, los ataques y toma de Orán (Argelia), sus acciones de castigo contra las flotas berberiscas . . . algo que hacía con entusiasmo cuando otros en sus circunstancias y edad, se hubieran ya retirado para disfrutar de la fortuna alcanzada con sus presas.

Pero Barceló era un extraordinario personaje, su capacidad táctica era sobresaliente y logró convencer al Rey de que el jabeque era una embarcación ideal para las operaciones navales en el Mediterráneo, por lo que ordenó la construcción de cien unidades, de las que cincuenta de ellas logró Barceló que se adjudicaran a los astilleros de Palma, participando en su diseño. Cuando por la escasez del Tesoro los fondos se agotaron y se detuvo la construcción de jabeques, Barceló aportó 2.000 pesos de oro de su propio bolsillo para que los carpinteros de ribera mantuvieran su trabajo y así terminarlos.

A pesar de la gran valía del ya Capitán de Navío Barceló, debido a sus rudas formas de marinero y a su escasa instrucción científica, sufría el trato displicente de sus pares de origen noble, dónde además seguro que habría cierta dosis de envidia por sus logros en combate y por los honores reales que recibía pese a su origen plebeyo. Por contra, sus tripulaciones y conciudadanos lo adoraban.

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Sextante español del siglo XVIII.

Su gran ingenio y capacidad táctica le llevó a idear una nueva y poderosa arma naval con la que suplió la inferioridad artillera de la Real Armada: la lancha cañonera de remos y vela que, cuando la propuso, fue tachada de inviable por sus compañeros de armas. Las lanchas artillaban una pieza de a 24 libras y todos creyeron —menos Barceló—, que el elevado peso y el retroceso del potente cañón provocaría su hundimiento. No arredrándose ante ello, otra vez pagó de su bolsa las dos primeras lanchas como prueba. Téngase en cuenta que en el siglo XVIII, los pesados cañones de a 24 libras sólo se montaban en grandes navíos de línea de tres o más puentes. La primera vez que los oficiales de la Royal Navy vieron esas lanchas también tuvieron un ataque de risa, risa que se transformó en mueca de espanto —según reconoció el propio Capitán de Navío Sayer—, cuando comprobaron en carne propia su terrible efectividad. Las lanchas eran pequeñas, maniobreras y muy veloces, atacaban de noche buscando las popas de las fragatas inglesas (menos protegidas que los costados), de tal forma que al recibir un cañonazo, la bala barría sus cubiertas de popa a proa, causando grandes destrozos. Tras el disparo de su única pieza, las cañoneras cambiaban de posición para recargar, lo que les permitía eludir el fuego de contrabatería del inglés, que disparaba a ciegas hacia donde había visto los destellos de los cañonazos, incapaces de acertar, de noche y entre el oleaje, a un blanco tan móvil y diminuto.

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Lancha cañonera de Barceló, en la que no se representa su verga, ni su vela. Museo Naval de Madrid.

Siguió Barceló patrullando nuestros mares en continua lucha, ora contra el inglés, ora contra los temibles berberiscos, alcanzando en 1762 otro sonado éxito, logrado a costa  de recibir una herida que pudo causarle la muerte. En dura batalla contra tres jabeques argelinos, a los que derrotó e hizo 160 prisioneros, entre otros a su tristemente célebre Capitán Selim; Barceló, siempre dirigiendo el combate desde los puestos de mayor riesgo y fatiga, tal como establecen las Ordenanzas, recibió un disparo de mosquete desde una cofa, que le atravesó la cara por dos lugares deformándosela y cuya bala se alojó en su espalda; por escasos centímetros el proyectil no interesó órgano vital alguno, pero Barceló quedó muy malherido y aún así, no permitió que se le retirara del combate hasta que terminara.

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El Capitán Barceló dirige la acción blandiendo el sable y tocado con su bicornio naval desde su Puesto de Mando en el alcázar de su jabeque. Óleo de A. Cortellini (fragmento), Museo Naval de Madrid.

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Piratas berberiscos hacen fuego desde la toldilla de su jabeque. Museo Naval de Madrid, pintura al óleo de A. Cortellini (fragmento).

Recuperado de su grave herida, prosiguió incansable su actividad, recibiendo en Enero de 1775 el ascenso a Brigadier (Contralmirante hoy en día), aunque su subida al rango de los Oficiales Generales de la Armada comenzó a acarrearle problemas de índole político. Aún así, recibió el mando de varias escuadras, participando en el socorro a la ciudad de Melilla y en las infructuosas intentonas de asalto a Argel, donde se le entregó el mando de las operaciones navales, pero no de las terrestres, para las que fue designado el mediocre General O´Reilly, intervención que se saldó con un gran fracaso y numerosas bajas propias en el primer ataque; en el segundo, retirado ya O´Reilly del mando y tras ardua lucha, gracias a Barceló, se logró forzar un acuerdo de paz con Argel y Túnez, que fue de corta vida.

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Todas la guerras son terribles y en este fragmento del óleo de Antonio de Brugada que representa el combate del Cabo de San Vicente entre las escuadras española e inglesa, se aprecia en toda su crudeza la lucha entre los tripulantes de dos lanchas de recogida de naúfragos, que se acometen y acuchillan con pistolas, chuzos, hachas de abordaje, remos y todo objeto contundente que hallan a mano. Museo Naval de Madrid.

Por sus acciones tras los bloqueos a Gibraltar, S.M. el Rey Carlos-III le concedió la efectividad, sueldo y honores del Grado de Teniente General de la Real Armada (Almirante) que ya ostentaba y, además, lo condecoró con la Orden de Carlos-III, la distinción militar más elevada de la época, a muy pocos otorgada. Para aquel entonces, Barceló contaba ya con 73 años de edad. De aquellos tiempos son unas típicas coplillas gaditanas que hablan de su popularidad y que rezaban así:

Si el Rey de España tuviera / cuatro como Barceló / Gibraltar sería español / que de los ingleses no.

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Lanchas cañoneras de la Armada participan en el bloqueo y bombardeo de Gibraltar. Museo Naval de Madrid.

A pesar de su avanzada edad, Barceló recibió el mando de una escuadra con instrucciones de lograr el levantamiento del cerco de Ceuta por parte de los Marroquíes, también se le ordenó el bombardeo de Tánger como represalia. A su llegada, las operaciones militares habían concluido y se anunció la llegada a Madrid de unos enviados del Sultán con el deseo de negociar la paz. Receloso Barceló de las intenciones de los musulmanes, a los que tan bien conocía, decidió quedarse en Ceuta revisando y reforzando sus defensas por si el acuerdo de paz no se formalizaba, cumpliéndose al poco su premonición.

La guerra volvió a declararse y a causa de las intrigas políticas, no recibió Barceló el mando de la Escuadra y éste, molesto por la injusta discriminación que una vez más se le hacía, se quejó ante el Rey, que ordenó que se le retornara el mando. Aquel invierno fue muy duro, con continuos temporales de Levante que obligaron a la escuadra a mantenerse en sus puertos y aparte de ello, el Sultán de Marruecos murió en lucha fraticida contra su hermano. La falta de operaciones motivó la disolución de la escuadra, pero como el problema con Marruecos seguía sin ser resuelto, al poco volvería la guerra y otra vez más, las intrigas en el seno de la Real Armada apartarían a Barceló de su más que ganado derecho a mandar la Escuadra del Estrecho. Esta vez Barceló, profundamente dolorido por esta última injusticia, decidió retirarse a su querida Palma donde, tras una vida plena en el servicio a España, rindió su alma al Señor el 30 de Enero de 1797, a la edad de 80 años.

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Combate del navío Glorioso contra el navío inglés Dartmouth, óleo de A. Cortellini, Museo Naval de Madrid.

En cumplimiento de su última voluntad y acompañado por el duelo de sus conciudadanos, Antonio Barceló fue enterrado en la Capilla de San Antonio de la Iglesia de la Santa Creu, la del antiguo barrio marinero de Palma, donde aún descansa. En su lápida se lee:

Teniente General y heroico marino. Hijo el más ilustre de Mallorca en su siglo. Luchó tenaz y victoriosamente contra los piratas africanos y demás enemigos de España. Respetado por todos, dominó con su pericia y hazañas nuestro mar. Piadoso feligrés y espléndido protector de esta parroquia, costeó el retablo del Altar Mayor y el de esta capilla donde yace sepultado.

No fue hasta el año 1971 en que el pueblo de Palma decidió ¡al fin! conmemorar al valiente Barceló con una media estatua de bronce sobre una peana de piedra, con la inscripción: Al Patrón don Antonio Barceló, Teniente General de la Real Armada, 1717-1797. El monumento se encuentra hoy en el Paseo Marítimo, frente a la entrada al Club de Mar, aunque inicialmente estuvo ubicado en el Muelle de Poniente.

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Monumento a Antonio Barceló, frente a la entrada del Club de Mar de Palma. Fuente: Wikimedia Commons.

Cuántos en nuestra Historia han sido como Barceló, que tras haberlo dado todo por su patria, se han visto relegados al olvido. Por ello, os pido que cuando paséis por el Club de Mar, miréis con agradecimiento a la efigie de este ilustre hijo de Palma, pensando que Mallorca existe como es hoy gracias a hombres generosos y nobles de corazón como nuestro Capitá Toni. El próximo 1 de Enero de 2017 se cumplirá el tricentenario de su nacimiento y, estoy tristemente convencido de que, con la salvedad de nuestra Armada, pocos homenajes recibirá y una vez más, los politiqueos y nuestra ingrata memoria, harán que el aniversario pase casi desapercibido.

Actualización de Septiembre de 2017: El 18 de este mes se inauguró una exposición en la Iglesia de la Santa Creu de Palma como homenaje a la figura del Capitá Toni, miembro de la Parroquia desde su bautismo hasta su muerte, pues está enterrado bajo el altar de la Capilla del Sagrado Corazón y San Antoni Abad de dicha Iglesia. La exposición recoge algunos efectos personales donados por los descendientes de don Antonio Barceló y glosa en paneles parte de su vida como parroquiano y benefactor de la Iglesia del barrio en el que nació. Esta exposición estará abierta hasta el 30 de Septiembre. En el mes de Octubre de 2017, el Museo de Mallorca abrirá otra exposición temporal dedicada a tan insigne mallorquín.

Galería de imágenes (pulsad sobre cualquier foto para ver la serie):

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Si alguno deseara profundizar en el personaje, le recomiendo leer el libro Antonio Barceló, mucho más que un gran corsario, del Historiador Naval don Agustín Rodríguez González, Editorial Edaf, ISBN: 978-84-414-3701-2, ganador del XIV Premio Algaba (2016).

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Créditos: Fotografías tomadas por el autor en el Museo Naval de Madrid, salvo especificación en contrario; artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

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En la entrada anterior traté sobre encinas, olivos y pinos, tres especies omnipresentes en las tierras que baña el Mediterráneo. Nos quedan aún otras siete más cuya presencia en nuestra verde isla mallorquina merece la pena ser mencionada.

4.- El almendro, primus dulcis, en mallorquín ametller, especie cultivada muy común en los campos mallorquines, culpable de que entre finales de Enero y principios de Marzo estos campos se tiñan de un bellísimo blanco que les da un un toque poético que preludia la Primavera. La almendra mallorquina —de más que justificada fama—, es un fruto seco delicioso con un importante papel en la gastronomía local, pues es rica en aceites, vitaminas, minerales y fibras; producto esencial en la respostería isleña, gracias a ellas, entre otras delicias podemos degustar el exquisito helado de ametller de Can Joan de S´Aigo, que no hay otro igual en el mundo. El halo romántico de los almendros en flor siempre ha inspirado a los poetas y en todas las sociedades que lo cultivan, se le tiene por símbolo del primer amor.

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

—recordé—, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

Hoy, en mitad de la vida

me he parado a meditar . . .

¡Juventud nunca vivida,

quién te volviera a soñar!

Antonio Machado

En las imágenes muestro campos de almendros en las inmediaciones de la Finca Pública Raixa.

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5.- La palmera datilera y los palmitos, phoenix dactylifera y chamareops humilis. A pesar del tamaño que algunos ejemplares alcanzan, se trata de plantas herbáceas de tronco recto y rugosa corteza. Los puristas consideran a las palmeras como una especie intrusiva y así es, puesto que fueron introducidas por los árabes en el siglo X, sin embargo, forman parte del paisaje mallorquín y no me imagino a la isla sin ellas. Los palmitos —casi nadie lo sabe—, son las únicas palmeras originarias de Europa y como consecuencia, habituales en los paisajes alrededor del Mare Nostrum. Ambas especies son muy resistentes a la carencia de humedad y a los suelos de escasos nutrientes, dándose bien en las proximidades del mar. Su empleo principal es ornamental, decorando calles, jardines y fincas campestres. Una terrible plaga está afectando a las palmeras datileras del levante y sur español, incluyendo a las baleáricas; se trata del ataque del picudo rojo, morrut roig —se le llama en la Región Valenciana—, feo escarabajo invasivo precedente de Asia, cuyas gruesas larvas devoran los corazones de las palmeras que, una vez infestadas, tienen pocas posibilidades de sobrevivir. La erradicación de estos coleópteros es muy difícil y se basa en métodos fitosanitarios de compleja y costosa aplicación. En las imágenes vemos diversas especies de palmeras, en los Jardines de Alfabia, en la Plaza de Cavallería de Palma, en Son Antem, en Portitxol y un grupo de palmitos en Balitx d´Avall.

PALMERAS ALFABIA PALMERA 1 PALMERAS GOLF 2 PALMERAS PORTITXOLPALMITOS

6.- El algarrobo, ceratonia siliqua, en mallorquín garrover, especie que de antiguo formaba parte de las maquias litorales de Mallorca junto al acebuche, pero que en el siglo XIX comenzó a cultivarse para sustituir a los viñedos que habían sido devastados por la plaga de filoxera y ahora forman bellas agrupaciones en los campos de la isla. Su fruto, la algarroba, se emplea como forraje del ganado por su elevado contenido en proteínas vegetales de alta calidad y así de rica sabe luego la sobrasada de porc negre. En algunas firas de los pueblos mallorquines se venden galletas hechas con harina de algarroba, están ricas, pero creedme que son de consistencia más que sólida. En la imagen vemos un hermoso algarrobo en una finca rural mallorquina.

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7.- El ciprés, cupressus, en mallorquín xiprer, árbol elegante de elevada talla y copa cónica que también es una estampa típica del Mediterráneo. En España se asocian a los cementerios, pues no hay pueblo sin cipreses en sus camposantos; sin embargo, es también un bello árbol de estilizada figura y cualidades arquitectónicas, pues decoran bien las márgenes de los caminos o los linderos de propiedades. Son de hoja perenne y muy longevos, llegando a vivir más de 300 años; su madera tiene escaso interés industrial y antes se empleaba para construir embalajes, aunque también a veces tiene usos más dignos, como componente de las cajas de resonancia de las guitarras. Los cipreses que aparecen en las imágenes son de la Finca Pública Raixa y del claustro del Convento de Santo Domingo, en Inca.

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8.- El plátano de sombra, platanus hispanica o acerifolia, en mallorquín platero. Se trata de una especie foránea, de origen americano y asiático, aunque la que se ve en nuestras calles es un híbrido de ambos. Su empleo principal es en jardinería urbana, para dar protección a nuestras calles de la fuerte insolación estival; son de hoja caduca, duros, longevos y poco exigentes con los suelos, soportando bien las podas y la polución urbana. La imagen que aporto es del espectacular y antiguo ejemplar que puede admirarse en el patio —clastra— situado tras el zaguán de entrada a la Casa de Alfabia, cuyas proporciones son muy superiores a las que habitualmente se ven en las calles de las ciudades isleñas.

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9.- El ficus, ficus rubiginosa, del que desconozco su nombre mallorquín, es un árbol de procedencia australiana existente en zonas subtropicales de dicho continente, aunque se adapta bien a climas templados. Alcanza también proporciones grandiosas y es tan ávido de humedad, que la toma del aire mediante raíces aéreas que proyecta desde sus ramas hacia el suelo, hasta que llegan a penetrar en él, lo que crea bases adicionales que forman con el tiempo nuevos apoyos para el tronco. En la imagen muestro parte del ejemplar que crece en el jardín de la Casa de la Misericordia, que fue plantado hacia 1.827 cuando se creó el Jardín Botánico del antiguo Hospital General; con sus más de 30 m de altura, es sin duda, el árbol de mayor tamaño de los existentes en Palma.

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10.- La vid, vitis vinifera, en mallorquín vinya, no se trata de un árbol —pensaréis—, pero no me resisto a incluirla en esta relación debido a su neta personalidad mediterránea. Su cultivo puede trazarse hasta el Neolítico en Asia Menor, considerándose una de las actividades agrícolas más antiguas de la humanidad. Los caldos mallorquines ya eran famosos en tiempo de los romanos y en la isla hay evidencias del consumo y comercio de vino que datan, al menos, del siglo VII (A.C.) y que el historiador romano Cayo Plinio el Viejo, escribió en su tratado Naturalis Historia que “los vinos baleáricos se comparan con los mejores de Italia” y es que a los romanos les gustaron tanto las variedades mallorquinas que, al poco de la conquista de la isla por Quinto Cecilio Metelo en el año 123 (A.C.), ya organizaron rutas comerciales de transporte de nuestros caldos al corazón del Imperio y afirmaban sin empacho Beati hispani, qvibvs vivere bibere estDichosos los hispanos, para los que vivir es beber, en fin, que pronto nos conocieron . . . En la imagen, hilera de viñas de las llamadas de pie americano resistentes a la filoxera, en una típica estampa de los campos que rodean Binissalem.

VIÑAS

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No puedo ni debo extenderme más, no soy botánico y en el tintero me dejo especies maravillosas que crecen y medran en los campos y montes mallorquines, entre ellas araucarias, acebuches, madroños, lentiscos, robles, tamariscos, eucaliptos, naranjos, limoneros y un largo etcétera que otros deberán describir. Como representantes de estos árboles, adjunto una imagen de una zona boscosa próxima a Valldemossa, otra de unos coloristas madroños hecha en las montañas de Son Vida y una última de una dulce naranja de Sóller lista para ser recolectada.

BOSQUE MADROÑOS NARANJOS

Y para ti querido lector ¿cuáles son tus árboles favoritos de Mallorca?

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Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike, salvo las que tienen otra indicación de autoría en su pie de página. Agradezco a Emilia Villar la aportación de las imágenes del ficus de la Casa de la Misericordia. Para ver las fotos a mayor tamaño, pulsad sobre ellas.

Árboles y amores mientras tengan raíces darán flores”. Refrán popular.

Están ahí. Forman nuestros bosques y embellecen nuestras ciudades, pero pocas veces pensamos en ellos como elementos singulares. Con frecuencia contemplamos los paisajes de la Serra de Tramuntana sin verlos —tan sólo los miramos— y, sin embargo, son parte esencial en nuestras vidas, como lo fueron de las generaciones que nos precedieron.

Sagrados en algunas civilizaciones como el baobab para los africanos, el sicomoro para los hindúes, el cerezo para los japoneses, el acebo para los druídas francos, el roble de Thor para los nórdicos, el tilo para los germanos, el abeto navideño para los cristianos, la palmera datilera para los antiguos egipcios, el garoé para los herreños y ya en nuestra cultura mediterránea, los manzanos para los antiguos griegos —símbolo del mítico Jardín de las Hespérides—, la encina símbolo de la longevidad—  y el olivo, —símbolo de la inmortalidad— y árbol con el que Hércules construyó su cachiporra, señal de su fuerza inmensa y por ello, en su iconografía es representado con una en la mano y cubierto con la piel del León de Nemea, al que mató en el primero de sus imposibles trabajos, tal como vemos en la estatua que se exhibe en el el Castillo de Bellver.

HÉRCULES

No existe en Mallorca un árbol que tenga importancia mítica como sucede en otras culturas, sin embargo, su flora se compone de maravillosas especies de las que quizá deberíamos saber algo más, por aquello de que sólo se ama de verdad aquello que se conoce.

1.- La encina, quercus ilex, en mallorquín alzina, uno de los árboles más queridos por los isleños, muy longeva, de hoja perenne, crecimiento lento y madera densa y dura; los encinares ocupan un 14% de la superficie forestal mallorquina, encontrándose a lo largo de la Sierra de Tramontana. En tiempos pretéritos ocupaban un espacio mayor, pero cuando no había otras clases de combustibles, los encinares se explotaban como productores de carbón vegetal. Hoy día las manchas de encinas crecen en tamaño, si bien de forma lenta, pues se precisan largos lapsos para su consolidación. Como representante de la especie incluyo este magnífico ejemplar que fotografié en Orient y dos encinas secas —porque son bonitas hasta malogradas—, una colonizada por musgos y líquenes en el Pla des Pouet (Alturas de Valldemossa) y la otra, decorando el bar de Es Baluard

ENCINA ORIENT

ENCINA SECA 1

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2.- El olivo, olea europea, en mallorquín olivera, otro árbol favorito de Mallorca y del Mediterráneo, especie sagrada para los antiguos griegos que afirmaban que el propio Zeus fue coronado con una corona hecha con sus ramas. Su cultivo se inició hace más de 6.000 años en el Oriente del Mare Nostrum y llegó a las Baleares hace “sólo” 3.000 años. Especie también longeva, de hoja perenne, troncos retorcidos de crecimiento lento, madera densa y durísima que admite un buen pulimento y por ello se puede emplear para construir artefactos y utensilios duraderos. Es buen acompañante de la encinas y de los acebuches y resistente a las sequías, la salinidad y el fuego. Al ser menos exigentes para su arraigo que las encinas, se emplea con frecuencia para repoblar zonas afectadas por incendios forestales en la Sierra de Tramontana. En las fotografías se aprecia un extraordinario ejemplar de olivera —que se asemeja a un minotauro embistiendo— que fotografié en Balitx d´Avall, una rama de olivera que decora la puerta de una casa al modo en que se hace en Caimari durante la Fira de S´Oliva y un participante en #MallorcaFeelings 2.014 plantando un olivo para repoblar Sa Gramola, cerca de Andratx, zona afectada por el incendio que en 2.013 asoló esa parte de la Serra. 

OLIVO MINOTAURO-1

OLIVO EN PTA

OLIVO 2

3.- El pino, pinus halepensis, en mallorquín pi, también conocido como pino carrasco o mediterráneo. Constituye el 80% de la población vegetal en las montañas y costas isleñas. De las muchas especies existentes en Mallorca es quizá la menos querida, por la errónea creencia de que no es autóctona, cuando la realidad es que desde hace miles de años, los pinos están presentes en todas las costas alrededor del Mediterráneo. Es un árbol poco exigente con el terreno y medra bien en cualquier lugar, sobre todo en aquellos abandonados por la agricultura y en los pedregales. De troncos rectos —en Mallorca se empleaban para obtener vigas de almazara—, crecimiento rápido, corteza gruesa e irregular, hojas perennes con forma de aguja, rico en resina y otras sustancias inflamables, es sensible a los incendios y su extinción complicada, sobre todo cuando soplan los vientos de Tramontana. Las fotos nos enseñan los increíbles lugares donde llegan a crecer los pinos mediterráneos y la belleza de aquellas playas mallorquinas en las que éstos casi llegan a tocar el agua del mar.

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Hasta aquí la primera parte de esta entrada. En la segunda, trataré sobre otros árboles que crecen en la isla en forma de cultivos, así como alguno de aquellos que se emplean en la ornamentación de fincas y calles.

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Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike. Para ver las fotos a mayor tamaño, pulsad sobre ellas.

“Lasciare ogni speranza voi ch´entrate”. (Abandonen toda esperanza aquellos que entraren). La Divina Comedia, Dante Alighieri, inscripción sobre la puerta del Infierno.

Ropa de algodón, protección ocular y auricular, la cabeza cubierta y prudencia, eran las recomendaciones que el Ayuntamiento de Palma daba a aquellos que quisieran mezclarse con los dimonis de los Correfocs de Sant Sebastià.

Los correfocs son una adaptación moderna de los ancestrales Bailes de Diablos medievales, al parecer, el primer documento escrito en el que se cita uno de estos bailes data de 1.150 y reseña el que tuvo lugar durante la celebración de la boda entre la Reina de Aragón y Condesa de Barcelona Petronila-I y Ramón Berenguer-IV, Conde de Barcelona. Con dicho acto se quiso simbolizar la eterna lucha entre el bien —el Arcángel San Miguel— y el mal, —el Arcángel rebelde a Dios Luzbel o Lucifer—.

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El fuego desde tiempo inmemorial ha sido parte indisoluble de nuestra cultura, proyección de mitos y creencias antiguas que ha tenido muchos significados, unas veces aparejados a acciones benéficas: —restos del primitivo culto al sol, quema de rastrojos, purificación— y otras, unido a terribles castigos: —infierno, purgatorio, quema de herejes, destrucción en las guerras—. Pero también, con frecuencia es la piedra angular de muchas fiestas: —celebración de los solsticios de invierno y verano o las hogueras de San Juan—.

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El fuego en el Mediterráneo español cobra una especial relevancia en las fiestas populares: Fallas en Valencia, Fogueres en Alicante, Toros de Fuego en Castilla, Correfocs y Foguerons en Cataluña e Islas Baleares y hoy día, unidos a la pirotecnia, es también protagonista principal en las celebraciones.

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Las collas de correfocs son muy populares en las fiestas de Sant Sebastià, Patrón de Palma. Sus miembros se colocan máscaras demoníacas de aspecto terrible, con cuernos de carnero y van vestidos con ropajes inquietantes de apariencia medieval de colores rojo, negro o morado.

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Los dimonis portan bastones en los que colocan dispositivos pirotécnicos que producen lluvias de fuego con gran profusión de chispas y petardos; su marcha se acompaña de bandas de percusión, parecidas a las batucadas brasileñas, que tocan ritmos enervantes que provocan la danza alocada bajo el fuego de los que contemplan su paso, con un efecto espectacular, ya que se apagan las calles por donde pasan, que solo se iluminan con las grandes llamaradas que producen los dimonis con sus fogonazos.

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En la oscuridad, se ve danzar, saltar y contonearse a personajes con cuernos entre los asistentes encapuchados, en medio de un diluvio de fuego entre los sordos rugidos que profieren los dimonis, explosiones, humo y olor a pólvora. Es una oportunidad única para tomar fotografías impactantes, multiplicándose las ocasiones de hacerlas bajo una luz que cambia sin parar, con resultados notablemente dramáticos.

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Las fiestas de San Sebastián son también la última ocasión de poder contemplar la elegante iluminación nocturna con la que Palma se engalana cada Navidad. Tenemos que reconocer que la del presente año ha sido particularmente bella y por ello, debemos felicitar al Ayuntamiento y a aquellos que la concibieron.

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Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike, salvo la del cuadro de la Reina Petronila I de Aragón y Condesa de Barcelona y de Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, óleo de 1.634 (Museo del Prado), copia de un original de Filippo Ariosto de 1586, de Wikimedia Commons. Para ver las fotos a mayor tamaño, pulsad sobre cada una.

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En calma de la mar no creas, por serena que la veas”. Refrán marinero.

Abogado, promotor y gran viajero, Juan Zaforteza, fallecido hace un año, soñó un día en transformar lo que era uno más de los muchos puertos deportivos de la isla, para convertirlo en un referente entre el resto de puertos mediterráneos. Presentó esta idea a su familia y al resto de sus socios de Ocíbar, consorcio formado por conocidos empresarios mallorquines relacionados con el turismo, que tomaron la decisión de impulsar su plan.

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La reforma del antiguo puerto de el El Toro —sudoeste de Mallorca, municipio de Calviá— , con fallos relevantes en su construcción, como su falta de abrigo frente a los temporales de Sur, o la baja calidad y discutible arquitectura de sus viviendas, fue lo que movió a sus promotores a crear algo diferente, un puerto que añadiera un valor adicional a lo ofrecido por los demás y que pudiera competir con los más elegantes del Mediterráneo, como Cannes, Mónaco o Puerto Cervo.

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Una vez terminada, esta instalación debería destacar sobre el resto y por ello se eligió para desarrollar su proyecto a Phillipe Stark, moderno homo universalis de ilimitada creatividad, genial Arquitecto y prolífico creador de nacionalidad francesa que, además de concebir bellos edificios, es capaz de diseñar toda suerte de objetos y mobiliario desde bicicletas a muebles, e incluso yates, como por ejemplo el Venus, de Steve Jobs, el malogrado Presidente e impulsor de Apple.

El arquitecto define poéticamente su proyecto como un una historia de amor que se desarrolla entre Mallorca, la mar y los barcos en un puerto ideal, modelo de cómo todos los puertos deportivos deberían ser.

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La singularidad de la obra requirió en su desarrollo la presencia de un equipo multidisciplinar de Ingenieros Navales, de Caminos y de Construcción que prestara atención a las altas exigencias medioambientales y de calidad final que los promotores deseaban alcanzar. Los trabajos se desarrollaron entre los años 2.009 y 2.012 con el fin de conseguir 492 puntos de amarre para barcos deportivos de entre 6 y 80 m de eslora —86 de ellos para yates de entre 20 y 80 m de eslora—, con sus correspondientes servicios y con una zona de ocio que aportara vida y entretenimiento al puerto, más allá de la puramente relacionada con la náutica. Otra premisa fundamental en su diseño fue la de ocultar los coches, para obtener zonas peatonales de gran calidad, que permitieran un pleno disfrute de las vistas del paisaje circundante, de las instalaciones del puerto y de los yates.

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Todos los edificios se dotaron de tecnología punta en el diseño de sus sistemas de climatización y de tratamiento de las aguas residuales que generaran; los primeros, mediante el aprovechamiento de la temperatura casi constante del agua del mar y, los segundos, eliminando los contaminantes antes de su vertido a los emisarios submarinos mediante sofisticados sistemas de reciclaje. También se dotó a los puntos de atraque con redes de comunicaciones rápidas por fibra óptica.

Centrado entre los pantalanes, Philippe Stark dispuso un bloque de dos plantas con amplias zonas de circulación abiertas dotadas de suelos de madera, múltiples accesos por escaleras, columnas de hormigón visto y espacios destinados a tiendas de corte más bien selecto y a restaurantes y bares de copas para todos los presupuestos. Allí se ofrecen cartas de especialidades mallorquinas e internacionales que convierten el almorzar o cenar entre los grandes veleros oceánicos, en un lujo al alcance de cualquiera que desee acercarse a probarlo. Así encontramos que el puerto presenta dos escenarios cambiantes: tranquilidad durante el día y sofisticación nocturna realzada por una cuidada iluminación, con un toque de exclusividad presente en llamativas tiendas como Nautiparts, especializada en gadgets inusuales.

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El buen diseño alcanza todos los detalles, como los llamativos norays que asemejan taburetes, las farolas que proveen de una cálida iluminación nocturna, las barandillas de vidrio transparente y la decoración con raros ficus enanos.

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Puerto Adriano aloja a la Silver Bollard Regatta, una de las imprescindibles del circuito estival y todo un espectáculo para los amantes de los barcos que quieran ser testigos cercanos de la frenética actividad que se da alrededor de una prueba náutica de alto nivel. Si lo que te gusta es el buceo, los centros allí radicados te llevarán a practicarlo en el entorno único de las Islas Malgrats, con sus áreas de alto valor ecológico por la diversidad y riqueza de sus hábitats marinos.

Durante la alargada temporada estival se desarrollan en la marina otras actividades lúdicas que le añaden valor, como conciertos al aire libre con artistas tan reconocidos como la cantante canadiense de jazz Madeleine Peiroux y grupos clásicos como Cool & the Gang o Earth, Wind & Fire. Todas las noches de verano, salvo los lunes, en trece lugares diferentes del puerto tiene lugar el divertido Fun parade, espectáculo teatralizado concebido por Joan Gracia, del grupo El Tricicle.

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No puede ocultarse que Puerto Adriano ha logrado situarse como un icono en el Mediterráneo y así, sus costes de atraque y estancia en temporada alta van en concordancia con su categoría, siendo de 400 a 60.000 €/mes para barcos de entre 6 y 80 m de eslora, lo que no evita que sus amarres siempre estén ocupados, con la ventaja de que dan empleo directo a 285 trabajadores, además de producir innumerables empleos indirectos, necesarios para cubrir los altos requerimientos de la marina y de los propietarios de los yates que allí atracan.

Y así ¿a quién no le apetece largar anclas en Port Adriano aunque solo sea para pasear y soñar un rato entre barcos espectaculares, contemplar una bonita puesta de sol o pasar una agradable velada cenando en sus terrazas?

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Si desearas conocer más sobre este interesante proyecto, te recomiendo esta presentación de Antonio Zaforteza, actual Presidente de Port Adriano y cofundador en su desarrollo, que tuvo lugar en el Marketing Strategy Forum de Madrid.

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 Créditos: Fotografías del autor con licencia Creative Commons 4.0 Attribution-Share Alike

En Navidad, todos los caminos llevan a casa“. Marjorie Holmes, periodista y escritora.

Con las Navidades a la vuelta de la esquina, es buen momento para hablar del extraordinario Belén Napolitano del siglo XVIII que tenemos en Mallorca, perteneciente a la Fundación Bartolomé March y que se compone de más de un millar de piezas hechas a mano.

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El Reino de Nápoles fue entre 1700 y 1800 uno de los más notables del Imperio Español, pues bajo el gobierno de los Borbones conoció una época de esplendor sin parangón debida al florecimiento de sus finanzas y a su estratégica situación en el centro del Mediterráneo, de la que se supieron obtener buenas ventajas comerciales. Además de potencia económica, también lo fue política, llegando a ser considerada la ciudad de Nápoles como la auténtica Capital de la Europa del XVIII, compitiendo en esplendor con París, Londres, Viena y San Petesburgo.

Donde hay poder suelen florecer las Bellas Artes, pues no se olvide que los Borbones eran hijos de la Ilustración y por dicha razón, la Pintura, la Escultura, la Música y la Arquitectura alcanzaron en el Reino grandes cotas de excelencia, surgiendo a su sombra una notable tradición belenística como arte menor.

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El origen de los Belenes nos lleva a San Francisco de Asís, cuando en el año 1223 montó la reproducción en vivo del Misterio del Nacimiento de Jesús en Grecco (Italia), hecho que al haber contado con la autorización papal, se extendió rápidamente a otros dominios de la Cristiandad.

El primer Belén Napolitano con figuras de barro data del siglo XV y en sus comienzos, las imágenes eran de gran tamaño y tan solo se colocaban en iglesias o residencias de personas principales. Hasta el siglo XIX los Nacimientos con figuras no se popularizaron, adoptándose entonces la costumbre de montarlos en el lugar preeminente de las casas familiares, pasando a convertirse en el centro de las celebraciones navideñas y el sitio en el que se cantaban villancicos acompañados de panderetas, zambombas, guitarras y otros instrumentos populares.

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Fue precisamente el Rey Carlos-III, que vino de Nápoles para ser Rey de España a instancias de doña Isabel de Farnesio, Reina Viuda de S.M. Felipe V, quien dio un impulso definitivo en nuestro país a esta tradición, al implantarla tras su llegada de Italia.

Los Belenes Napolitanos poseen un simbolismo que precisa de una breve explicación para disfrutarlos. En ellos suelen verse las ruinas de antiguos templos romanos, cuyo significado es el final del paganismo y el advenimiento del Cristianismo. Con la excepción de la Virgen, San José, el Niño y los Ángeles, las demás figuras se denominan genéricamente “pastores”, aunque en realidad representan a todos los pueblos y todas la profesiones. Su presencia significa la redención de las demás religiones por el Cristianismo y su adoración a Jesús, así como su universalidad, por eso es muy frecuente la representación de tipos exóticos entre los pastores, tal como se puede apreciar en las imágenes de la colección que describo.

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Las figuras son realistas y hechas a mano, representan tipos napolitanos dieciochescos en su indumentaria y también, otros personajes de regiones alejadas que acuden a adorar al Niño. Se construían y aún se sigue haciendo así, con la cara, los brazos y las piernas de arcilla cocida casi vitrificada, bellamente policromadas y con los ojos de cristal. El cuerpo se hace con estopa y alambre para que admita movimiento y que se le pueda cambiar de postura a voluntad. La vestimenta de las figuras es muy elaborada, siendo la de la Madonna (la Virgen) y los Ángeles de rico tafetán de seda y, la de los pastores de lana o algodón. El tipismo napolitano está presente en todas las representaciones y, aún hoy día, sigue manteniéndose inalterada esta tradición que no cambia con las modas.

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Con respecto al edificio donde se conserva este maravilloso Belén Napolitano, decir que se trata del casal de la familia March. Fue construido entre 1939 y 1945 a instancias de don Juan March Ordinas, en el solar del antiguo Convento de Santo Domingo según el proyecto del Arquitecto madrileño don Luis Gutiérrez Soto. Se encuentra situado en la calle Palau Reial, 18, de Palma, un lugar de privilegio, muy cerca de la Seo, del Palacio de la Almudaina y junto al edificio del que fue antiguo Casino de Palma, hoy día sede del Gobierno Balear. Construido en estilo historicista, se aprecian en él las influencias de las grandes casas señoriales mallorquinas del periodo Barroco y también, ciertos toques italianizantes; su entrada está rodeada por una bella galería porticada que forma un patio o pequeña plazoleta por el que se accede a la casa, desde el que se aprecia bien la refinada fachada principal, presidida por un gran arco carpanel, sobre el que se alza una galería de inspiración veneciana, componiendo un conjunto de puro carácter mediterráneo.

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Los horarios de apertura y cierre, así como el precio de las entradas figuran en la página web de la Institución para todo aquel que desee conocer esta pequeña parte de nuestra tradición y legado cultural.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor con Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

“Los colores hablan de ti”. Philippe Starck, Arquitecto.

Las regiones situadas a orillas del Mediterráneo están sujetas a una luz violenta que crea fuertes contrastes entre las áreas soleadas y aquellas en sombra. Esta nítida luz resalta las texturas de las fachadas marcando sus volúmenes y haciéndolas destacar contra los intensos azules del cielo y del mar.

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La casa mediterránea se construye para mantener frescos los interiores durante el estío en aquellas zonas situadas a nivel del mar y a la vez, permitir el paso del aire y de la luz por sus huecos, función que se logra mediante los patios, las terrazas cubiertas con toldos y los jardines. El empleo del blanco es común en ciertas áreas, pues dicho color refleja la luz solar en lugar de absorberla. En los pueblos de montaña, lo que se busca es evitar la pérdida de calor de las dependencias habitables en las estaciones más frías, por lo que sus edificios suelen tener un tipo constructivo más compacto y ventanas de menor tamaño.

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Desde antiguo, el habitante del mediterráneo ha sabido aprovechar la luz, empleando la paleta de colores a su alcance para matizarla en los exteriores o intensificarla en interiores, logrando ambientes de aspecto natural, que transmiten una especial energía. Es el color el que ayuda a resaltar la personalidad de los edificios y por ende, la de sus propietarios.

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Nada mejor para ilustrar lo dicho que fijarnos en las diversas construcciones de nuestros pueblos y ciudades, comenzando por los levantados con perdurable piedra de marés finamente labrada, propia de los edificios religiosos, militares y de las grandes casas mallorquinas.

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También en la montaña se utiliza ampliamente el marés, pero sus fábricas son de piedra de ripio (sin labra) que si bien es más modesta, no es menos durable; además, nunca faltan plantas que añaden un elegante contraste a la uniformidad de estas fachadas.

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El blanco puro no se empleaba tanto como se cree en la arquitectura tradicional, pues la cal obtenida del tueste en hornos y posterior molienda de las piedras de marés, contenía impurezas y además, se coloreaba con ocres para lograr tonos térreos que recordaran las playas, o con cochinilla, que le aportaba el tono rosado, o con con añil para los azules marineros.

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Como curiosidad, conviene saber que en muchas ocasiones se encuentran en las viviendas antiguas de nuestros pueblos trazas de azul añil que decoraban los recercados de puertas y ventanas, ya que tradicionalmente se creía que este color espantaba a los demonios e impedía su entrada por los huecos. Otra peculiaridad es que no hace tantos años, la lechada de cal solía mezclarse con clara de huevo para lograr una mejor fijación del encalado gracias a la albúmina que contiene.

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La dureza de la vida en la mar obligaba a que se empleara hasta el último recurso disponible, por ello los pueblos pesqueros suelen ser coloristas en la decoración de sus puertas y ventanas, ya que el excedente de pintura de las barcas, se aprovechaba para proteger la carpintería de las viviendas.

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En las ciudades baleares de mayor tamaño, la actividad económica permite un mayor desarrollo económico y en general, el urbanita tiene mayores ingresos, por este motivo los colores pierden su sentido tradicional primando el aspecto decorativo, de ahí su alegre variedad en la que dominan los tonos pastel, acompañados a veces por plantas de flor, que ofrecen desde los balcones un alegre contrapunto a los tonos lisos predominantes en las fachadas.

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Y ahora querido lector, te invito a que cuando camines por nuestras villas, lo hagas de manera activa, que alces la vista de vez en cuando y que prestes atención a los edificios que te rodean, a sus formas, a sus proporciones y a sus colores; algunos serán bellísimos y otros más que mejorables. Es también un buen ejercicio imaginar cuál fue la historia tras el inmueble, cómo son sus actuales habitantes y qué nos transmiten. ¿Son alegres, poderosos, refinados, pretenciosos, vitales, hedonistas, luchadores, menesterosos, sencillos? y, como reflexión, pensar en lo que nuestra propia vivienda enseña de nosotros mismos a aquellos que nos visitan.

No te olvides de que, como afirmó el famoso Arquitecto Philippe Starck, sus colores hablarán de ti.

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Créditos: Fotografías del autor, para verlas en grande pulsar sobre ellas.

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