“Los colores hablan de ti”. Philippe Starck, Arquitecto.

Las regiones situadas a orillas del Mediterráneo están sujetas a una luz violenta que crea fuertes contrastes entre las áreas soleadas y aquellas en sombra. Esta nítida luz resalta las texturas de las fachadas marcando sus volúmenes y haciéndolas destacar contra los intensos azules del cielo y del mar.

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La casa mediterránea se construye para mantener frescos los interiores durante el estío en aquellas zonas situadas a nivel del mar y a la vez, permitir el paso del aire y de la luz por sus huecos, función que se logra mediante los patios, las terrazas cubiertas con toldos y los jardines. El empleo del blanco es común en ciertas áreas, pues dicho color refleja la luz solar en lugar de absorberla. En los pueblos de montaña, lo que se busca es evitar la pérdida de calor de las dependencias habitables en las estaciones más frías, por lo que sus edificios suelen tener un tipo constructivo más compacto y ventanas de menor tamaño.

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Desde antiguo, el habitante del mediterráneo ha sabido aprovechar la luz, empleando la paleta de colores a su alcance para matizarla en los exteriores o intensificarla en interiores, logrando ambientes de aspecto natural, que transmiten una especial energía. Es el color el que ayuda a resaltar la personalidad de los edificios y por ende, la de sus propietarios.

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Nada mejor para ilustrar lo dicho que fijarnos en las diversas construcciones de nuestros pueblos y ciudades, comenzando por los levantados con perdurable piedra de marés finamente labrada, propia de los edificios religiosos, militares y de las grandes casas mallorquinas.

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También en la montaña se utiliza ampliamente el marés, pero sus fábricas son de piedra de ripio (sin labra) que si bien es más modesta, no es menos durable; además, nunca faltan plantas que añaden un elegante contraste a la uniformidad de estas fachadas.

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El blanco puro no se empleaba tanto como se cree en la arquitectura tradicional, pues la cal obtenida del tueste en hornos y posterior molienda de las piedras de marés, contenía impurezas y además, se coloreaba con ocres para lograr tonos térreos que recordaran las playas, o con cochinilla, que le aportaba el tono rosado, o con con añil para los azules marineros.

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Como curiosidad, conviene saber que en muchas ocasiones se encuentran en las viviendas antiguas de nuestros pueblos trazas de azul añil que decoraban los recercados de puertas y ventanas, ya que tradicionalmente se creía que este color espantaba a los demonios e impedía su entrada por los huecos. Otra peculiaridad es que no hace tantos años, la lechada de cal solía mezclarse con clara de huevo para lograr una mejor fijación del encalado gracias a la albúmina que contiene.

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La dureza de la vida en la mar obligaba a que se empleara hasta el último recurso disponible, por ello los pueblos pesqueros suelen ser coloristas en la decoración de sus puertas y ventanas, ya que el excedente de pintura de las barcas, se aprovechaba para proteger la carpintería de las viviendas.

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En las ciudades baleares de mayor tamaño, la actividad económica permite un mayor desarrollo económico y en general, el urbanita tiene mayores ingresos, por este motivo los colores pierden su sentido tradicional primando el aspecto decorativo, de ahí su alegre variedad en la que dominan los tonos pastel, acompañados a veces por plantas de flor, que ofrecen desde los balcones un alegre contrapunto a los tonos lisos predominantes en las fachadas.

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Y ahora querido lector, te invito a que cuando camines por nuestras villas, lo hagas de manera activa, que alces la vista de vez en cuando y que prestes atención a los edificios que te rodean, a sus formas, a sus proporciones y a sus colores; algunos serán bellísimos y otros más que mejorables. Es también un buen ejercicio imaginar cuál fue la historia tras el inmueble, cómo son sus actuales habitantes y qué nos transmiten. ¿Son alegres, poderosos, refinados, pretenciosos, vitales, hedonistas, luchadores, menesterosos, sencillos? y, como reflexión, pensar en lo que nuestra propia vivienda enseña de nosotros mismos a aquellos que nos visitan.

No te olvides de que, como afirmó el famoso Arquitecto Philippe Starck, sus colores hablarán de ti.

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Créditos: Fotografías del autor, para verlas en grande pulsar sobre ellas.

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