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“Si pudiera contarlo con palabras, no me sería necesario cargar con una cámara” Lewis Hine.

Entre los contenidos de este blog se encuentran las fotografías y referencias continuas a la Sierra de Tramontana. La toma de imágenes y echarse al monte, siempre fueron dos de las aficiones —casi pasiones— del autor de estas líneas.

Y hoy quisiera presentaos a Marcos Molina, un sobresaliente fotógrafo mallorquín cuyo trabajo sobre paisajes de la isla encontré por casualidad, navegando de noche por internet. En cuanto vi sus imágenes, de un atractivo estético impactante, me di cuenta de que tras ellas había largas horas de esfuerzos y dedicación.

Pero dejemos que sus imágenes hablen por él.

Sin duda, Marcos domina la técnica fotográfica y la posproducción, pero como todo buen fotógrafo, sabe además manejar la luz, que es su auténtica materia prima. Lo demuestra enseñándonos cómo los elementos naturales transforman la visión de los paisajes, tal como se ve en las siguientes fotografías, debido a las variables circunstancias ambientales de cada toma.

Fotografía y Naturaleza, a priori un buen trabajo al que dedicarse ¿verdad?, aunque como habréis podido comprobar, registrar el instante en el que la luz es propicia, es una labor de duros horarios y de soledad. Pero estoy seguro de que Marcos encuentra su recompensa disfrutando en privado de las más grandiosas vistas y de ese plus que las imágenes no pueden transmitirnos, como es sentir la brisa en el rostro, escuchar los sonidos del despertar del día, los olores a bosque y a sal y la quietud espiritual de los ocasos . . .

Desde estas líneas, tan solo me queda felicitar a este gran fotógrafo de paisajes mallorquines, por su pasión y por permitir que los demás podamos deleitarnos con su creatividad 😀

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Créditos:

Agradezco a Marcos Molina la autorización para publicar esta entrada y el material que contiene.

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Lewis Hine (1.874-1.940), fue  un sociólogo y fotógrafo norteamericano que si bien se consideraba más artista que científico, tomaba fotografías de claro corte sociológico que sirvieron, entre otros objetivos, para denunciar el trabajo infantil y las miserables condiciones de vida de los inmigrantes que llegaban a la Isla de Ellis en Nueva York, pues entendía que sus imágenes poseían una gran potencial crítico. Trabajó como fotógrafo del National Child Labor Committee, logrando con sus esfuerzos que se introdujeran cambios en la legislación laboral infantil. Son muy conocidas también las fotos que tomó durante la construcción del Empire State Building y sobre la labor de la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial.

“Muchas cosas atraen mi mirada, pero pocas mi corazón”. Tim Redmon.

¡Hola! pasa y tómate un café. Acababa de llegar y me sorprendió la amable propuesta, casi ni me había dado tiempo a saludar. Tras una larga jornada por la Sierra de Tramontana, recorriendo las crestas que dominan Valldemossa, llegaba con ganas de soltar la mochila y darme una buena ducha, pero el café me revivió, como también lo hizo la conversación que mantuve con Michael y María, propietarios de Agroturismo Son Viscós. Parecía que estuvieran recibiendo a un pariente lejano y querido al que hace tiempo que no ven, en lugar de a un huésped más.

S TRAMONTANA

Encontré este alojamiento por pura casualidad, mientras surfeaba la web. Cuando viajo busco opciones a escala humana, aquellas que ofrecen más encanto que el que pueden dar los hoteles convencionales. Y en Mallorca fuera de temporada, no es difícil hallarlas a precios razonables.

Del exterior de Son Viscós llamó mi atención la ventana geminada, con su esbelto parteluz sobre la puerta de acceso, indicio de que el edificio podría ser muy antiguo, del siglo XIII o XIV. El resto de la fachada en piedra de marés, la convertía en una más de las que se ven en las zonas rurales de la isla y su situación, junto a la antigua carretera a Valldemossa, no la hacía destacar en exceso.

VENTANA GEMINADA Y ENREDADERA

Sin embargo, al traspasar el zaguán di con un interior cálido, decorado de forma acogedora con una mezcla ecléctica de muebles antiguos y piezas rústicas mallorquinas —¡Vaya! pensé, la belleza real está en el interior, como en las casas árabes— Michael me confirmó la antigüedad del inmueble, que fue Casa de Postas desde el año mil trescientos y pico, cuando la Cartuja Real de Valldemossa era residencia de Sancho-I El Pacífico, Rey de Mallorca y de ahí, su ubicación junto al hoy poco transitado camino.

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Mi habitación estaba en la planta baja, en lo que antaño fueron los establos. Suelo, techos y paredes pintados en blanco, con una enorme piedra incrustada en la pared, que le daba un toque original. Ya sabes, si no puedes demolerla, déjala y consigue de paso un efecto sorprendente. Con una noche negrísima de Luna Nueva y sin más ruido que un lejano rumor de agua, dormí como un bebé.

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Por la mañana conocí a Isabel, que me tenía preparado un delicioso desayuno en la terraza. No llevábamos hablando más de dos minutos y parecía que nos conociéramos de toda la vida ¡qué mujer encantadora! Se unió Michael a la tertulia y al preguntarle de nuevo sobre la casa, me contó que la estaban rehabilitando poco a poco, con esfuerzo, pero sin prisas, querían hacerlo bien.

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Como quien no quiere la cosa, Michael me preguntó si conocía los jardines y señalaba hacia lo que parecían ser unas huertas al otro lado de la carretera. Me dijo que dentro estaban las ruinas de dos molinos árabes, un bosquecillo de bambú, algún salto de agua y yo confieso que miraba escéptico hacia donde indicaba, pues creía que fantaseaba un tanto. Pero Isabel me dijo —vamos, que te acompaño un poco— y traspasamos la cancela hacia una zona abancalada de antiguos cultivos comunicados por trochas. Aquello era salvaje, un jardín natural que se extendía a ambos lados de la finca partida en dos por una torrentera con gran cantidad de agua —la que en tiempos movió los molinos— agua que descendía con fuerza desde la vecina Sierra de Tramontana, todo un lujo en Mallorca.

Isabel regresó a sus ocupaciones y me quedé solo visitando los molinos árabes, uno de cereal, el otro de papel; bajé al inusual bosquecillo de bambú y pasé al otro lado del barranco, donde encontré más vegetación en forma de bosque de pinos, saladinas, acebuches y sabinas, con un sotobosque lujuriante lleno de flores raras que no conocía. Las estribaciones de la Sierra de Tramontana ponían fondo al espectacular decorado.

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Tras deambular sin prisa por los rincones de aquel vergel escondido, me senté un rato a meditar. Caí en la cuenta de que existe gente que sueña y se queda quieta, y gente que sueña y trabaja cada día para hacer realidad lo que sueña. Pensaba también sobre cuál es el factor que marca la diferencia entre una estancia placentera y otra inolvidable. ¿El lugar?, puede; ¿la decoración?, quizá; ¿las personas?, sin duda y me vinieron a la cabeza palabras como amor, cariño, dedicación, ilusión, optimismo, sencillez, atención . . . en definitiva, aquellas que siempre han regido las antiguas leyes de la hospitalidad, aquellas que forman la vía que va directa al corazón.

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Nota del autor: Esta entrada la he escrito motu proprio, de acuerdo con el Código de Confianza C0C, nadie me la pidió y si lo he hecho así, ha sido en justo agradecimiento a la estupenda experiencia que viví en Son Viscós. Son las personas como Isabel, María y Michael, las que hacen que el mundo sea un poquito mejor cada día y fue un verdadero placer compartir su compañía y sus conversaciones.

C0C Básico

Actualización de Abril de 2015: El prestigioso periódico New York Times, recomienda a Son Viscós como alojamiento al final de este artículo sobre la pujante cocina mallorquina.

(Fotografías del autor excepto las denominadas Terraza, Puente, Estudio, Piedra, Romero, Jardín-1 y Jardín-2, cedidas por Agroturismo Son Viscós).

Y si te ha gustado este post querido lector, te agradecería mucho que lo compartieras con tus amigos de Facebook y Twitter 😉

Era un precioso día de finales de Septiembre, entrado ya de lleno en las calmas que preceden al Otoño. Había recorrido las alturas de Sóller por las sendas de la Sierra de Tramontana, con la suerte de haber gozado de una jornada de atmósfera estable, buena  temperatura y excelente visibilidad. Cerrarla contemplando la puesta de sol sobre la mar y de paso, intentar cazar al elusivo rayo verde, no parecía tan mala idea.

El rayo verde

Al igual que  muchos otros que contemplan con deleite los atardeceres mallorquines, nunca he podido verlo. Se trata un fenómeno infrecuente que solo se da en determinadas condiciones atmosféricas, en el preciso instante en que el disco solar desaparece tras el horizonte. Hay que estar muy atento para poder verlo, pues su destello dura menos de dos segundos.

Hace mucho leí una novela de Julio Verne titulada precisamente así, “El rayo verde”. Relataba una historia de amor alrededor de una antigua leyenda en la cual se aseguraba que aquellas parejas que contemplaran juntas el rayo verde, quedarían irremisiblemente enamoradas gracias a que en ese preciso momento mágico surge el amor.

Esperando al rayo verde

El que quiera disfrutar de espectaculares puestas de sol, puede buscarlas en el Faro de Cap Gros, tras recorrer kilómetro y medio por una empinada carretera que nace en el Puerto de Sóller. A mitad de trayecto, encontrarán una cruz erigida por suscripción popular, en memoria del Teniente de Caballería don Francisco Javier Lizasoain y Muguiro, hijo de Sóller, asesinado durante la guerra fraticida que nos enfrentó a los españoles en los años 30 del siglo pasado ¡Nunca más nos suceda algo semejante!

Actualización del 15 de Agosto de 2016: La cruz mostrada en la imagen ya no existe, fue demolida por aquellos que intentan negar y reescribir la Historia, olvidando que los pueblos que la ignoran están condenados a repetirla.

Tte. de Caballeria don Fco. Javier Lizasoain

Continuando el ascenso a pié, quince minutos después, se encontrará el faro sobre un morro acantilado localizado al Oeste de la bocana de la rada natural del Puerto de Sóller, un lugar de privilegiados panoramas.

Faro de Cap Gros

Casi pegada al faro hay una pequeña explanada que sirve de estacionamiento y junto a ella, se encuentra el Refugio de Muleta. La amplia terraza del refugio está orientada a Poniente y si en Mallorca el crepúsculo suele vestir cielo y mar de una asombrosa gama de azules, violetas y anaranjados, el poder apreciarlos desde esta elevada atalaya lo convierte en un espectáculo incomparable.

Pulsar sobre las fotografías para ampliarlas.

La quietud que precede a los largos ocasos parece predisponer a la meditación, o a la elevación de nuestro espíritu en sintonía con la Naturaleza, cada cual siéntalo a su manera. Paré de hacer fotos para recrearme en el momento y casi sin pensarlo, seleccioné en mi iPod a Farinelli cantando la desgarradora Lascia ch´io pianga, aria que pareciera dedicada a los desventurados huérfanos de amor, sin mitad con la que compartir la seductora visión del rayo verde . . .

Y tú querido lector, ¿has sido de los afortunados que ha podido disfrutadar del rayo verde junto a la persona adecuada? ¿Te atreverías a contarlo? 😉

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El Refugio de Muleta es uno de los situados a lo largo del Sendero de Gran Recorrido GR-211, o Ruta de la Piedra en Seco, llamada así por la manera en que están construidas las vallas de piedra —al método tradicional, sin argamasa— que se encuentran en muchos tramos de su recorrido a través de la Sierra de Tramontana.

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El aria que canta Carlo Broschi “Farinelli”, uno de los más famosos castrati italianos del periodo Barroco, pertenece al Acto Segundo de la Ópera Rinaldo, de Georg Friedrich Haendel. El fragmento mostrado es un corte especialmente trágico de la película Farinelli, aquel en el que, mientras canta el aria recuerda su traumática emasculación. El film es de 1.994, lo dirigió el belga Gérard Corbian y contó con la gran interpretación de Stefano Dionisi en el papel del castratoFarinelli vivió 25 años en España al servicio del Quinto Felipe, el primero de nuestros Reyes Borbones, al que cantaba como terapia contra su melancolía por petición expresa de S.M. la Reina doña Isabel de Farnesio, nacida en Italia como Farinelli. La fama del cantante le procuró un gran predicamento, llegando a alcanzar el título de Primer Ministro en la corte madrileña.

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Créditos: Fotografías y artículo del autor, salvo la que encabeza la entrada obtenida en internet y sin asignación de autoría. Este blog cuenta con Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional, libre copia y circulación citando autoría, sin modificación de textos o imágenes, para usos no comerciales.

Tras años trabajando en una gran Consultora —lo más parecido a una moderna esclavitud— lo había conseguido: empezaba una nueva etapa en una compañía del IBEX, además era de las del lado del capital, no del de los servicios. La diferencia es sustancial: el que paga manda y solo conoce de soslayo la agonía de la lucha por cada nuevo contrato.

Fue citado por el Director General para su primera asignación: Mallorca. ¡Bien! pensó. Más su gozo fue efímero: su mandato consistía en organizar el cierre gradual de la Delegación local. Shit happens! Todo el mundo  prefiere crear, no destruir. Incluso los ejecutivos.

Jornadas interminables incluyendo fines de semana y mucho estrés. Morituri te salutant era el recibimiento que cada mañana le brindaban aquellos que iban a perder su trabajo. Y encima, no conocía a nadie con quien poderse tomar una cerveza y charlar de algo agradable.

Por la noche corría por el Paseo Marítimo, se despejaba con el frescor de las brisas vespertinas y la vista de los yates, como el espectacular Nabila. Pensaba en cuanto mejor le iría si se dedicara al tráfico de armas, tal como hacía el propietario de aquel “chinchorro”, en fin, tonterías que solo se le ocurrían a esas horas.

PASEO MARITIMO PALMAPuerto deportivo junto al Paseo Marítimo.

 

NABILANabila

 

Tras dos meses sin parar y con un punto de desesperanza, llegó la Caballería al rescate en forma de cliente agradecido, o quizá apiadado por su estado anímico. En una conversación no tan intrascendente, le preguntó si conocía la Cartuja Real de Valldemossa y, ante su negativa, le sugirió la posibilidad de visitarla y pasear por sus jardines, —total solo se encuentra a 14 km de Palma— le dijo.

Esa tarde adelantó su salida y llegó a Valldemossa con el sol cayendo. Apenas quedaban ya visitantes, la temperatura era agradable y aún pudo disfrutar de los jardines de la Cartuja antes del cierre. Se quedó solo, entre cipreses y arrayanes, escuchando el correr del agua y los cantos de mil jilgueros. Desde su arribada a Mallorca fue la primera vez que entró en sintonía con la Naturaleza isleña, entonces cayó en la cuenta de que su estrés había desaparecido y se sintió libre . . .

Fotos de Valldemossa, pulsar para ampliar las imágenes.

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El pueblo de Valldemossa se encuentra en la cara Sur de la Sierra de Tramontana, precioso conjunto de edificios de piedra con cubiertas de teja árabe y estrechas callejuelas. La Cartuja Real fue alojamiento del Wali musulmán y, tras la conquista, el Rey Jaime II de Mallorca ordenó su reforma en 1.309, con el fin de que su asmático hijo Sancho I, conocido más tarde como “el Pacífico”, tuviera un lugar donde pudiera respirar mejor.

Jaime II de Mallorca

Jaime II, Rey de Mallorca

 

En 1.399 tras la desaparición de la dinastía mallorquina, Martín I El Humano Rey de Aragón, cedió el Palacio a la Orden Cartuja para que fundara un monasterio que sus monjes ocuparían y transformarían durante los siguientes cuatro siglos. En 1.835 la Desamortización de Mendizábal expulsó a los frailes y la Cartuja pasó a manos privadas. En pleno Romanticismo, hacia 1.838, el compositor Frederic Chopin y la escritora George Sand alquilaron una de las celdas para invernar. Su vida “en pecado” fue piedra de escándalo para la tradicional sociedad valdemosina y, mientras George Sand les agradecía la deferencia escribiendo “un Invierno en Mallorca”, feroz diatriba contra los usos isleños, Frederic Chopin compuso los introspectivos Preludios opus 28. Hoy día, aún es posible pernoctar en la Cartuja Real, pues cuenta con varios apartamentos  decorados con señorial estilo mallorquín en un entorno de espectaculares vistas, sobre todo para los afortunados que se alojen en su torre.

Pero nuestro estresado ejecutivo prefería Son Viscós para sus estancias, una antigua casa de postas que por mérito propio, será objeto de una entrada dedicada en este blog. A la hora de comer tenía que ser rápido y acudía a la sucursal local de Cappuccino Grand Cafe, donde sirven eclécticos menús a cualquier hora, siendo su favorito el pollo al curry con langostinos y la deliciosa tarta de zanahoria que allí preparan.

Créditos: Fotografías en blanco y negro del autor, resto con licencia Wikimedia Commons.
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