“Amar es un mar alborotado de olas y vientos sin puertos, ni riberas.” Ramón Llull.

En el Otoño de 1229 las tropas del Rey Jaime I de Aragón, apodado El Conquistador, avanzaban rápidamente por el interior de Mallorca tras haber desembarcado en Sant Elm y Santa Ponça. A vanguardia, su Caballería Ligera exploraba el terreno buscando el contacto con las fuerzas musulmanas mediante rápidas y violentas escaramuzas, cuyo propósito era descubrir la organización defensiva de los mahometanos y de paso, prevenir emboscadas contra las columnas cristianas.

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En Diciembre de 1229, los invasores llegaron a unos tres kilómetros de Madinah Mayurca —nombre árabe de la actual Palma— y el Rey decidió establecer su Real —campamento— en una llanura situada al Norte de la ciudad, hoy localizada entre las carreteras de Establiments y Valldemossa. Desde allí sus mesnaderos, ayudados por moros disidentes del Wali gobernante, tendrían tiempo de aprestar sus máquinas de asedio para sitiar la villa agarena, a la vez que su tren logístico dispondría de espacio y agua para establecer sus cocinas, así como los lugares de aprovisionamiento de armamento y bagajes para hombres y bestias.

El Real de Jaime I

En aquellos lejanos tiempos parecía que Alá se hubiera olvidado de sus fieles pues, tras un breve asedio, el 31 de Diciembre de 1229 Jaime I entró victorioso en Madinah Mayurca por la puerta de Bab al Kofol, que más tarde se llamó Puerta de Santa Margarita o Puerta Pintada. Lo imagino atravesándola rodeado de sus Condes y Caballeros, a lomos de corceles enjaezados con los temibles —y llamativos— atributos de la Caballería Pesada Medieval, luciendo orgullosos pendones, gualdrapas y escudos con los colores rojigualda de la senyera aragonesa. Se puede afirmar que aquel día de fin de año de 1229, la Historia de la Isla de Mallorca cambió para siempre al cerrarse su etapa bajo la dominación de la Media Luna.

JAIME I MALLORCA

Diez años después de la Conquista Cristiana y por expreso deseo del monarca aragonés, el Abad de Poblet fundó un monasterio cisterciense en las inmediaciones del lugar donde estuvo su Real y, en 1266 ordenó la construcción de otro de mayor entidad, que es el que hoy conocemos como Santa María de la Real, donde el topónimo hace referencia al lugar en el que acamparon las tropas de Jaime I.

HUERTA REAL

Este monumento de Mallorca es menos conocido que otros y, desde luego, su visita merece la pena. Del inmueble original se conserva la iglesia de estilo cisterciense del siglo XIII, reformada en el XVII. El claustro del Monasterio, de tres alturas, data del siglo XV, con adendas posteriores del XVIII; junto al brocal de su pozo, adorna el claustro una estatua de Ramón Llull del año 1952, obra del escultor mallorquín Andreu Orell, en en la que el ilustre poeta, filósofo, teólogo, místico y misionero mallorquín, sostiene en sus manos el Llibre d´Ave Maria.

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Entre 1265 y 1269 Ramón Llull pasó temporadas en el Monasterio y, siguiendo el consejo de los frailes de la Real, leyó a San Anselmo y a San Agustín, lo que le despertó su espíritu contemplativo, su capacidad para la polémica doctrinal y el impulso de ejercer el apostolado incluso llegando al martirio. Autor prolífico, escribió casi 300 libros de los que apenas se conservan 30 ejemplares originales. En sus obras empleó el latín, el árabe y el mallorquín. En el año 1274 vieron la luz varios de sus tratados más notables: Art abreujada d’atrobar veritat, Llibre d’Ave Maria y Llibre del Gentil i dels tres savis. Ramon Llull estableció en su testamento la cesión de su biblioteca particular al Monasterio, como agradecimiento por su acogimiento y guía espiritual.

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El Monasterio llegó a tener considerable relevancia en la vida de la Isla, tanta como para que su Abad ocupara el segundo asiento del Capítulo, tras el del Obispo de Mallorca. Hoy su importancia no es menor, pues allí tiene su sede la Biblioteca Balear, fundada en 1897, tras el establecimiento en el Monasterio de los Misioneros de los Sagrados Corazones —los mismos que rigen el Monasterio de Lluc—, después de que los monjes cistercienses lo abandonaran en 1835.

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El Monasterio forma un armónico conjunto de arquitectura tradicional, con paredes de buena labra de mampostería de marés y zonas ajardinadas en su acceso exterior. En su parte trasera cuenta con una huerta —elemento habitual en los Monasterios Medievales— y que hoy día regenta la La Real Bio Granja Botiga Ecológica, que alquila parcelas de terreno a todo aquel que desee disponer de un trozo de tierra donde poder cultivar sus propios vegetales, asesorado por los dueños de la Bio Granja. También en sus dependencias se encuentra una tienda de productos ecológicos, libros sobre agricultura natural y una tranquila sala de reuniones y eventos que alquilan a quien lo solicite.

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Ni que decir tiene que pasear por el claustro o la huerta del Monasterio es alejarse del mundanal ruido, pues sus espacios invitan a la introspección y a la meditación, ya que aparte del rumor del agua de la fuente, allí tan solo se escucha el cantar de los pájaros y el susurro del viento entre los árboles, gracias a que las carreteras más próximas apenas soportan tráfico. Se trata de un espacio que infunde una singular tranquilidad.

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Una visita al Monasterio es conocer una parte importante de la Historia de Mallorca y un placer para los sentidos, siempre que seamos capaces de imaginar cómo era la vida de los que allí practicaban el ascetismo según la Regula Sancti Benedicti en busca de su perfección espiritual. Monjes que dejaron su impronta en la Historia de la isla y que, en cierto modo, conformaron una parte de lo que hoy somos.

Y ahora, queridos lectores ¿no os apetecería conocer este importante y discreto Monasterio mallorquín?

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