Ah, summer, what power you have to make us suffer and like it!”. ¡Ah, verano, qué poder tienes para hacernos sufrir y que nos guste! Rusell Baker.

Hay quien afirma que tengo manía a las playas, ya que apenas las menciono en mis escritos. Nada más lejos de la realidad, si bien no es menos cierta mi inclinación a huir de las aglomeraciones y buscar lugares en los que disfrutar con calma de la espectacular naturaleza mallorquina.

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Y en el sureste de la isla, con acceso un tanto enrevesado, se encuentra el Parque Natural de Cala Mondragó, una de las partes más bellas de Mallorca: una costa recortada de calas escondidas con angostas entradas, en las que los pinos llegan al borde de la mar. No es extraño pues que, en tiempos no tan lejanos, estas aguas fueran lugar donde medraban los contrabandistas, sobre todo de tabaco.

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785 Hectáreas de esta zona de Mallorca fueron protegidas mediante su declaración como Parque Natural en 1.992. En 1.995, mereció recibir de la UE la calificación de Área de Especial Interés para las Aves (ANEI) y que también forme parte de la Red Natura 2000, como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y como Lugar de Interés Comunitario (LIC).

Gracias a tanto título, el humedal de la Cala de sa Font d’en Alís o Cala Mondragó, con sus tierras pantanosas, su rica vegetación mediterránea, sus calas de blanquísima arena y de agua color azul turquesa se preservó del desarrollo urbanístico que tan excesivo ha sido en otras partes de nuestras costas.

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La espectacular belleza de la comarca hace que esté muy concurrida en verano; además, la existencia de un restaurante en Cala Mondragó y el pequeño tamaño de la playa, a veces dejan poco lugar para disfrutar de la arena; por eso, muchos de los visitantes prefieren madrugar o bien acudir a la vecina playa de S´Amarador, casi de la misma belleza, pero de mayor tamaño y sin servicios disponibles. En las cercanías tenemos otros lugares especiales de Mallorca que bien merecen una visita, como Cala Figuera o Es Pontàs, así que preparad vuestra jornada sin olvidaros de ellas.

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Recorrer los numerosos senderos que se dibujan en la zona es un placer que nos puede llevar a descubrir alguno de esos rincones secretos donde, en noches de Luna nueva, los traficantes entregaban sus alijos. En verano es mejor caminar al amanecer o cerca del ocaso, para disfrutar del relativo frescor de esas horas; pero si lo que te gusta es observar las aves, mejor será que hagas tu visita en Primavera u Otoño, cuando éstas se muestran más activas. ¡Ah! y los caminantes no os olvidéis del agua y del repelente de mosquitos, aquellos que transiten los parajes más próximos a la marisma, lo agradecerán.

Esta visita es altamente recomendable, como también lo es el acordarse de que se trata de un área natural de especial protección, sometida a mucha presión humana y que merece el mayor de nuestros respetos para que podamos seguir disfrutándola durante largo tiempo.

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